lunes, 2 de noviembre de 2009

Por no atender nuestras recomendaciones

"I don't see why we need to stand by and watch a country go
communist due to the irresponsibility of its people. The issues are much too important for the Chilean voters to be left to decide for themselves."
- Henry A. Kissinger



Tanto la Alianza como la Concertación hicieron caso omiso de los consejos de Chile Liberal

En este sitio hemos sostenido desde siempre que un mecanismo de primarias es el método más saludable para elegir a los candidatos presidenciales. Una primaria permite a los conglomerados lavar sus ropas sucias en la plaza, lo que no deja de ser atractivo de presenciar. Casi siempre queda la cagada, como por ejemplo en la primaria entre Clinton y Obama. Pero al final son los simpatizantes y votantes los que eligen, así que el final feliz está garantizado.

La derecha chilena nomnbró con métodos soviéticos al billonario chileno Sebastián Piñera como su ungido. Nadie sabe cómo ni por qué, ni exactamente quiénes lo eligieron. Unas encuestas por aquí y otras por allá, añadan unos cálcuos al ojímetro, más varidas conversaciones de pasillo, llamadas turbias y reuniones-alumerzo entre los actores políticos, y ya está. ¿El resultado? Piñera necesita algunos votos progresistas, ante lo cual responde correctamente a la necesidad de regular las uniones civiles, incluidas las parejas homosexuales. Pero la derecha muestra anacronías escalofriantes y surgieron las rencillas internas en un pacto político que debe ofrecer calma ante la incertidumbre del cambio. ¿Por qué no pudieron discutir este tema en un debate civilizado? ¿No habría sido mejor una primaria para debatir este importante tema?

Así todo, lo más penoso es el estado catastrófico de la Concertación. La presidenta Michelle Bachelet, encumbrada en un insólito 80% de respaldo popular, debiese entregarle la banda presidencial a uno(a) de su propia coalición. Esta persona fue identificada por nuestro sitio: Andrés Velasco, actual ministro de Hacienda. El caudillo de las finanzas es un tipo que transmite seguridad y confianza, bienes inconmensurables en la arena política, por servir de muro de contensión contra la incertidumbre. Velasco goza de prestigio ante la prensa especializada, exuda temple presidencial, y permitiría darle continuidad a la gestión del gobierno de Bachelet (objetivo de la coalición gobernante). Pero la Concertación falló en promoverlo, o quizás incluso él no se entusiasmó (a pesar de nuestro llamado). Es posible que ante el prospecto de ocupar una presidencia cada vez más devaluada, donde ser jefe de Estado no reporta gran recompensa económica, el hombre que lleva las cuentas de Chile prefirió asegurarse una pensión y un trabajo estable retomando su cátedra en Harvard, de donde se encuentra con permiso administrativo (consejo de Chile Liberal: súbanle el sueldo al presidente y sus ministros).

La Concerta, a regañadientes, y desgastada, y sin savia nueva, continuó con su tradición de primarias, pero éstas fueron un bochorno. Escalona terminó sacándole la madre a José Antonio Gómez, y al final, el ganador fue Eduardo Frei, un ex presidente. La candidatura del antiguo mandatario no ha cobrado fuerzas, y por inverosímil que parezca, la Concertación puede perder los próximos comicios a pesar de disfrutar de una popularidad inédita. El culpable de esta crisis concertacionista se llama Marco Enríquez-Ominami, un hombre con legítimas aspiraciones presidenciales, a quien la Concertación marginó estúpidamente del proceso de primarias.

Nuestro sitio le pidió a la Concertación que bajaran a Frei, y subieran a MEO. Mientras MEO ha logrado igualar, o incluso superar marginalmente a Frei, aún sigue con tendencia al alza, mientras Frei ya está estancado. Craso error no alinearse con MEO, para rectificar el error de la primaria redomadamente charcha.

¿Por qué los políticos le tienen miedo a las primarias? ¿Aún no confiamos en la democracia? Todos vimos por YouTube las primarias de los republicanos, con figuras tan disímiles como Ron Paul (libertario) Mike Huckabee (derechista religioso) o McCain (centrista) debatiendo entre ellos para ser nominados. Gran diversidad en un mismo partido. ¿No podríamos ver a un centrista Piñera contra un ultra-conservador como Kast y un tony como Lavín, por ejemplo? Y no hablar de las primarias Demócratas gringas, donde dos monstruos, la colosal Hillary Clinton versus el imbatible Barack Obama, casi rajaron al partido, pero así todo un abrazo y un apretón de manos selló el destino del ticket Demócrata luego que los votantes emitiesen su veredicto. ¿No pudo la Concerta replicar esta idea? Porque fue tan rasca la primaria de la coalición de gobierno.

Nuestro candidato era Andrés Velasco. No se pudo. Nos gustaba Sebastián Piñera, pero se vendió a los Conservadores, y su candidatura al final guateó. ¿Frei? Ni cagando. En esta elección realmente queremos cambio. A pesar de ahora manifestarse a favor del aborto terapéutico, el renegar ahora de las privatizaciones es populismo, tal como lo fue el llamar a farrearse los excedentes del cobre.

Ahora nos encontramos con que la votación de diciembre será una "primaria conjunta" para la Alianza y la Concertación. Como no pudieron hacer un trabajo político profesional, no organizaron la necesaria primarias internas. La hora de la verdad llegará en enero, cuando la gente quiere darse su merecido descanso estival. Nuestros políticos no sólo son huevones, sino además desorganizados, insustanciales, e hincha-pelotas. Tener que interrumpir las vacaciones por ir a votar es el colmo.

Nuestro sitio pronto emitirá su political endorsement, donde endosaremos al candidato favorecido por Chile Liberal en la elección de diciembre. Como decíamos antes, queremos cambio. El economista Paul Klemperer acuñó el término switching costs, vale decir, el costo que implica el llevar a cabo un cambio. Creemos que la Concertación ya no tiene raison d'être y es hora de correr el riesgo y optar por el cambio. Al señor Arrate lo descartamos ipso facto. Frei es continuismo, por lo que también queda fuera. La cosa está entre Sebastián Piñera y Marco Enríquez-Ominami.

3 comentarios:

Max dijo...

1.Creo que Velasco quiere quedarse en Chile y no volver a Harvard (lo están tentando en la Facultad de Economía de la Chile para Decano)

2. ¿Por qué descartas tan rápidamente a Arrate? Después de todo es el único con convicciones realmente liberales en temas "valóricos".

Jose Miguel dijo...

estimado. he tratado de pensar por qué le tienen miedo a las primarias.

no he podido encontrar respuesta.

¿qué piensas tu?

a la espera de su "endorsment", el que secundaremos en gorilablog.

Chile Liberal dijo...

@José Miguel: creo que somos un país vertical donde se reverencia la obediencia, por eso nos parece tan alienígeno el debatir ideas (somos un país profundamente conservador).

Para los gringos es natural que el candidato se elija en una "pelea", donde desde el senador primerizo hasta la elegida de la elite deben enfrentarse en igualdad de condiciones, y dejar que el resto decida. Curiosamente, el más desaventajado puede terminar ganando.

Por eso las primarias no van con nuestra cultura. Nosotros no somos así. Nosotros somos del arreglín y de las apariencias de unidad.

Les tienen miedo a las primarias porque capaz que gane el que la gente elige, y eso no está bien en nuestra idiosincrasia. No se ajusta al molde que debemos seguir: obedecerle al que sabe.

Un saludo, y seguiré leyendo tu interesante GorilaBlog.

@Max: Puede ser que Velasco simplemente no se veía a sí mismo dándole besos a la guaga y sacándose fotos con la Señora Juanita. Velasco sabe explicar el problema de la estagflación a los estudiantes de Harvard, pero incapaz de hablarle en fácil sobre el mismo problema a la Señora Juanita, que además vive el problema en el almacén de abarrotes de su barrio.

Pero sospecho que al igual que Insulza, quisieron asegurarse el sustento y el trabajo inmediato. Piensa tú: la presidencia no se abandona millonario, y ya no hay carrea política posterior, y la posibilidad de vivir en el desprestigio es alta.

Descarto a Arrate porque él sí quiere subir a 30% el impuesto a las utilidades. No creo en el papel redistribuidor del Estado.