domingo, 16 de mayo de 2010

Alemania es el problema, no la solución

Alemania exacerba la crisis de la moneda común europea

El dedo en la llaga lo puso l'anglo-saxonne ministra francesa Christine Lagarde, probablemente la más lúcida secretaria de Estado del mundo, cuando declaró al Financial Times de Londres que el superávit de Alemania era uno de los principales problemas que enfrenta el euro, y llamó a aquel país a "hacer algo" al respecto. "El modelo alemán no es sostenible en el tiempo", remató.

En este último tiempo sólo se han proferido reprimendas contra los países mediterráneos por su tóxico mélange de derroches presupuestarios, incontinencias fiscales e indisciplina generalizada. En absoluto contraste, Alemania se alza como el paradigma de austeridad y frugalidad. Ciertamente, el milagro alemán se debe en gran parte a la extraordinaria capacidad de ahorro de los germanos que, combinado con su natural disciplina, les ha permitido forjar durante la post-guerra un modelo económico basado en las exportaciones, que llevó a la gran derrotada del conflicto mundial a ser la tercera potencia del mundo, sólo superada por Japón (el otro perdedor, e igualmente frugal y rígido) y desde luego EEUU. Es éste el punto que muchos analistas no han percibido, lo que además demuestra una preocupante ignorancia financiera, especialmente en los países hispanos. Alemania quiere continuar exportando, pero se olvidan que también necesita importadores, o sea, que alguien le compre todos sus productos. Desde hace ya demasiado tiempo este país ha acumulado un inquietante superávit, que lejos de ser una virtud, es un factor no sólo de desequilibrio, sino que un agravante de la ya crítica crisis actual. Si los griegos, españoles, portugueses, italianos (ver gráfico a la izquierda), e incluso irlandeses, no pueden seguir comprando desde BMW hasta Volkswagen Golf, ¿cómo va a prosperar Alemania? ¿No han pensado los alemanes que su superávit no es otra cosa sino el fiel reflejo del déficit del resto? ¿No estaría Europa en una posición más sólida si Alemania consumiese más?

Mucho ayudaría, como apuntó Ms Lagarde, que Alemania hiciese algo. Lamentablemente, Alemania ve su superávit como una virtud y no como un vicio, lo que evidentemente es un error. Alemania debe estimular su propio consumo y su mercado interno. Esta es una forma eficaz y concreta de paliar la crisis, ya que una Alemaina gastando su superávit mitigaría los desequilibrios en Europa. Visto de esta perspectiva, queda claro que Alemania es parte del problema, si es que no el principal causante de la crisis.

Más aún, el paquete de ayuda a Grecia ha sido insuficiente y tardío. ¿Qué esperaba Alemania para soltar la chequera? ¿Acaso el momento de actuar era después del colapso total del país helénico (sus bonos ya han sido clasificados como "basura")? ¿Qué peso tiene ahora la UE cuando el FMI debe venir al rescate de uno de sus miembros? ¿Es éste el momento de empezar a sermonear o de sentar precedentes para evitar riesgo moral? No, ya es demasiado tarde. Una crisis, como sabe cualquiera, no es el momento de disipar el peligro de riesgo moral.

Si el objetivo inmediato era apaciguar a los mercados internacionales y alejar a los ataques especulativos contra el euro, entonces el restace de Grecia ha sido un fracaso del cual la Canciller Merkel, solita, se lleva todo el crédito. No por nada, Sarkozy ha pegado el puñetazo sobre la mesa y ha amenazado con volver al franco. Las dificultades del euro van de mal en peor.

La idea del euro era forzar a los países miembros a ordenar sus finanzas, y al unir el destino de todos los invoucrados en una misma moneda, fomentar la paz y la integración en el continente que alcanzó el pináculo con Mozart, pero también el nadir con Hitler. Comprobamos, no obstante, que los resquemores entre Francia y Alemania, otrora enemigos irreconciliabes, resurgen. Las burlas del norte industrioso y protestante contra el sur flojo y católico siguen más vivas que nunca. Las marejadas que azotan la frágil embarcación del euro sólo reafirman los resquemores euro-escépticos del Reino Unido, el gran ausente en la moneda única.

Así todo, hay una salida a los aprietos actuales. La unión monetaria aún no se afianza por las serias disparidades en políticas fiscales, que no guardan relación con la unidad política de la UE. Es decir, los países tienen una misma moneda, las reglas las fija un el Banco Central Europeo, el poder político se desplaza hacia una sola ciudad, Bruselas, pero las economías siguen administradas en cada capital nacional. El próximo paso lógico es crear una Europa federal con una política fiscal única, tal como ya existen unas políticas gubernamentales, defensivas y monetarias unificadas. Estamos ad portas del advenimiento de un Súper-Estado Europeo. Prepárense.

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