sábado, 29 de mayo de 2010

Impuesto a la comida chatarra: Un problema gordo

Una polémica ley impulsada por el gobierno de Piñera que no obstante puede significar más beneficios que costos

Cuando el ciudadano a cargo de dirigir un país es un hombre de negocios y de derecha, no se esperan alzas de impuestos. En Chile, el billonario presidente conservador Sebastián Piñera ha propuesto exactamente esto. Si las alzas son pasajeras, son justificables ante un evento como el 27-F. No obstante, la iniciativa que busca encarecer la "comida chatarra" (junk food) tiene varias aristas que desafían a la ortodoxia libremercadista.

En principio, Chile Liberal se opone a que un gobierno, aunque sea con la mejor intención (como suele ocurrir), busque modificar el comportamiento de los gobernados, protegiendo a los individuos de ellos mismos. Sentamos un mal precedente si le entregamos poder al gobierno para decidir qué es bueno y qué es malo: cada cual sabe mejor qué le conviene. Y si alguien no lo sabe, no es asunto del gobierno el entrometerse. Si fumo demasiado tabaco y me da cáncer, ¿debe el sistema público costear mi tratamiento de cáncer al pulmón? No. Es una cuestión de elección personal y el fumador debe asumir los costos ¿Debe el sistema público costear el tratamiento de leucemia a un niño que no elige comportamiento alguno que le genera dicha enfermedad? Quizás, aunque preferiríamos un sistema de seguros privados que cubra el tratamiento. ¿Debe prohibirse el consumo de alcohol para que no me de cirrosis, o para que no me despidan por ausentismo laboral y para que no me abandone mi mujer y mis hijos no me odien? No, porque yo puedo perfectamente beberme una copa de vino y me importa un pico si alguien se bebe una garrafa entera y se emborracha: son dos cosas distintas.

Por lo mismo, si consumo comida chatarra al extremo de caerme para ambos lados, es asunto mío. ¿Qué tiene que meterse Tatán y los parlamentarios en la elecciones de los individuos? La respuesta es: nada tienen que ver.

Pero, alas, no todo es tan simple. Si el humo de mi cigarillo molesta al que está al lado mío y le obliga a inhalar mi nicotina, entonces es legítima la imposición de reglas. Si Perico se bebe un whiskey y conduce su vehículo, arriesga no sólo su vida, sino que el peligro es inminente de que cause un accidente que afecte a terceros. Es legítimo castigar ese comportamiento. La cosa se complica aún más si consideramos por ejemplo que forzar a todos los conductores a usar el cinturón de seguridad disminuye drásticamente la mortalidad en accidentes de tránsito, tal como el uso del casco en los motociclistas. Alguien puede alegar "no quiero que el gobierno me obligue a usar cinturón de seguridad ni casco, soy libre y es cosa mía". Pero considerando que se evita un daño físico evidente al individuo, y la interferencia en la libertad personal es muy menor, en casos en que los beneficios ampliamente superen los costos y las molestias, el principio del daño de John Stuart Mill también puede doblegarse ("el gobierno puede legítimamente actuar contra la voluntad de un individuo es para que no cause daños a otros"). Lo fundamental es que se evita un daño imponiendo el cinturón de seguridad o el casco, no se impone una conducta moral porque el andar sin cinturón o con el pelo suelto es inherentemente bueno o malo.

En el caso de la comida chatarra, ¿se justifica cobrar un impuesto para encarecerla? En este artículo, Chile Liberal sostiene que sí, aunque las razones que expondremos probablemente difieran de la lógica del gobierno y los parlamentarios, si es que éstos han considerado lógica alguna (lo dudo).

Seamos clínicos
Tim Harford, economista y comentarista en el Financial Times de Londres, arguye que las ideas políticas deben testearse aplicando "pruebas controladas aleatorias" (PCA), una forma de prueba clínica. Este es justamente la aproximación política que propone el blog Chile Liberal a nuestros honorables parlamentarios, y también a Su Excelencia el presidente Tatán. Si usamos PCA para determinar la procedencia o no de un impuesto a la comida chatarra, ¿qué pasará?

Nos llevaremos varias sorpresas. Para empezar, aclaro que todos los datos que Chile Liberal entrega son fidedignos y obtenidos de este dossier en el sitio web de The Economist, donde se recopilan diversos estudios sobre la materia. Aquí vemos que los impuestos aplicados según la cantidad de calorías que contiene un alimento sí surten efecto en la reducción de la obesidad. Con índices de precio-comida distorsionados para reflejar mejor los alimentos altos en calorías, de modo que un cambio en el precio de la mantequilla tenga más impacto que en las lechugas, en un período de 2 años un aumento de precio de un 10% en la comida chatarra reduce el índice de masa corpotal (IMC) un 0,22. (En Chile el diputado Girardi sí, el del inaceptable incidente con Carabineros propuso un 20%.) Sin embargo, en un período de 20 a 30 años, la reducción de IMC es de 1 a 2 puntos, lo que es bastante. Si consideramos que la obesidad en EEUU desde 1980 ha aumentado un 15%, si se hubiese gravado un 10% la comida chatarra en EEUU en 1980, hoy no sufrirían la epidemia de obesidad que les aflige. Desde esta perspectiva, el subir los impuestos a la comida chatarra tiene perfecto sentido.

El infaltable Arthur Pigou
Los economistas clásicos siempre han advertido sobre la necesidad de aplicar ciertos impuestos que corrijan las externalidades generadas por ciertos comportamientos, como por ejemplo, el daño que produce el consumo de tabaco o el impacto ambiental de emitir CO2 a la atmósfera. Este concepto lo elaboró Arthur Pigou, un economista inglés, de ahí que se les llame "impuestos pigouvianos".

La comida chatarra, como sabemos, es nociva para la salud. En un sistema de sanidad socializada, como el NHS británico, el argumento a favor del impuesto es tan lamentable como necesario, considerando que en los últimos 3 años han gastado 7 veces más en tratar problemas derivados de la obesidad. Pero aunque la salud sea completamente privada, por la naturaleza escasa de los servicios sanitarios, es inevitable ponerle atajo a los kilos demás para combatir las externalidades. Una defensa de un impuesto pigouviano pareciera deseable (no crean que el senador Girardi sabe qué es un impuesto pigouvuano; a todo esto, ¿cómo chucha es que reeligieron a ese huevón?)

O sea, si seguimos el método que nos propone Tim Harford, y si evaluamos los estudios realizados, y si consideramos la lógica pigouviana, concluímos que parece adecuada la idea de aplicar este impuesto.

Las objeciones
Pero no obstante, debe ser una medida transitoria hasta que podamos testear sus efectos con datos concretos. Especialmente, para sopesar los inconvenientes. Y el primero es que no está claro qué se debe gravar. ¿Las calorías y el contenido de azúcar? Si es así, podría producirse el efecto contrario, como aduce el Journal of Public Economics. Si la gente prefiere comprar alimentos sanos y bajos en azúcar y calorías, como pretenden los políticos, entonces se necesita más tiempo haciendo las compras y cocinando, en desmedro del tiempo dedicado al deporte y la actividad física en general, o sea, se aumentará de peso igual. Podríamos además preguntarnos qué pasa con aquellos que comen comida chatarra en moderación y practican deporte. Como es improbable que suban de peso, ¿por qué habría que castigarlos?

Algunos astutos propondrán cobrar impuesto a la cantidad de grasas saturadas, más que las calorías. Esta idea es resistida por Vuestro Humilde Servidor. Ya he explicado qué es la paradoja francesa: los galos comen más grasas (piensen en los quesos o el foie gras), alcohol (vinos, cognac, champagne), y embelecos varios (pain au chocolat, macarron, you name it), atiborrados de grasas, pero los franceses no sufren del problema de obesidad del mundo anglosajón. En lo personal, Vuesto Humilde Servidor es un huevón sibarita, porque conozco perfectamente la diferencia entre comer rico y comer como las weas, y lo último que aceptaría es, aparte de las estúpidas restricciones a la importación de quesos, embutidos y otros por parte de esa mierda llamada SAG, más encima, es tener que pagar hasta las ganas por comer un queso camembert de verdad, ya que a un iluminado del gobierno se le ocurrió que el queso tiene mucha grasa y tengo que pagar tributos por ello. Ya vivimos la anomalía de estar sometidos a las restricciones de gobierno y no comer "quesos no pasteurizados" (oxímoron), como para que nos vean la cara de giles con más impuestos.

Si la gente es gorda porque come mucho: chucha, hagan deporte poh weon. Yo voy al gimnasio dos o tres veces a la semana, jugué principalmente Fútbol 5 y a veces tenis, ahora por un tiempo hockey, y he corrido como amateur la maratón de Londres una vez, y 3 veces la Course des Volcans: 25 km en las montañas del massif central de Francia, entre muchas otras de 10 km y media-maratones. Así que no me vengan a joder. Reconozco que el sedentarismo se ha apoderado de Chile, y los hot dogs del Doggis junto a la irrupción de McMierda y la infaltable grosería del chileno para comer, están generando una epidemia de proporciones norteamericanas en Chile. Es inevitable que veamos luego, tal como visto en EEUU con mis propios ojos, la hamburguesa de una libra. Ya luego veremos que hay gente que necesita sillas especiales ya que tienen el poto del porte de Brasil.


Mi aversión contra la comida chatarra es visceral. Odio McMierda, Burger Mierda, y todo lo que se le parezca. Veo un Pizza Hut y me revuelve el estómago, igual que Domino's. Sólo un palurdo inconsciente puede poner pie en uno de esos locales. El que lo haga, se merece pagar hasta las ganas. De hecho, un padre que lleve a su hijo a comerse un Ataque Cardíaco Feliz en McMierda merece que los servicios sociales le quiten la custodia de su hijo, tal como si le diese heroína. Sólo un bucéfalo sería capaz, más encima, de decirle a su pequeño "ya Pablito, si se porta el bien el domingo lo llevo al mall y le compro un McDonald's". Para empezar, como cresta no tienen otra cosa que hacer que ir a un mall. Segundo, cómo es posible premiar a un niño dándole un infarto frito con una gaseosa repleta de azúcar. Me parece inaceptable, en lo personal no lo hago ni tampoco voy mucho a asados, donde se come de manera angustiante. Gracias al amigo Peter Singer es que al menos tengo respeto por la carne, si bien no me da para ser vegetariano, pero el aumento del poder adquisitivo del chileno ha llevado convertir los asados en bacanales pantagruélicas que atentan contra mi ética de la moderación. Además, me sentiría menos ofendido si alguien me dijiese que vio a mi madre prostituyéndose en la esquina para comprarse pasta base que me insinúen siquiera contemplar remotamente la idea de poner pie en un McMierda o pedir un TelePizza.

El último punto que debemos tener en cuenta es que rara vez las modificaciones de precio se traducen en cambios de conducta en los sectores menos educados, incidentemente, los que más consumen comidas densas en calorías. Por ello, un aumento de impuesto a la comida chatarra sería altamente regresivo. En vez de ayudar a los pobres a que se alimenten bien, los perjudicarán. Algunos son tan obtusos que preferirán joderse de hambre que cambiar de hábitos nutricionales.

Nuestro veredicto
No obstante, sopesando los argumentos a favor y en contra aquí expuestos, Chile Liberal invita al gobierno a aplicar el impuesto, siguiendo el razonamiento pigouviano. Pero con una objeción: que sean ciertas comidas las afectadas, y que, siguiendo el método que propone Tim Harford, una prueba controlada aleatoria se lleve a cabo luego de un período determinado (unos 10 años, digamos) y si la medida ha sido contraproducente, deroguémosla. Es la propuesta de Chile Liberal.

Añoramos además que los productores de alimentos, siendo Chile país líder mundial en la materia, comiencen a mejorar la calidad, ya que la buena comida por lo general no afecta la salud. En lo personal, me agrada la iniciativa de la Association Fromages de Terroirs, de Francia, que creó un calendario para promover sus quesos. La buena comida es parte del arte de vivre, y algunos alimentos que en apariencia son calóricos y grasos, como el queso, consumidos inteligentemente, y no como bestia, no tienen nada de malo. Bueno, después de ver el calendario me pregunto si no será necesaria simplemente la única medida que con toda seguridad surtirá efecto: aplicar un impuesto a los gordos.

20 comentarios:

zoidzilla dijo...

¿No decía yo?

El Gran Hermano socialista ahora regulando la dieta de los individuos por su bien...

Omar Audicio dijo...

Gravar a los gordos sería probablemente una medida inútil para aquellos que comen de forma angustiosa: al ser cara la comida, sentirían mucha más angustia y muchas más ganas de comer.

Hay gente que tiene graves problemas para hacer ejercicio, por ejemplo personas asmáticas. Hay gente que engorda con demasiada facilidad, por ejemplo los que toman antidepresivos. Hay gente que tiene trabajos opresivos que les hacen imposible ejercitarse.

Yo creo que ese tema debería tocarse a través de la educación. Si desde pequeños nos acostumbráramos a no ser sedentarios, todo sería más fácil a los 30.

Por otro lado, sólo un palurdo inconsciente pensaría que no poner nunca un pie en un burger king o no llevar jamás a tu hijo a uno de ellos no sería una pérdida inaceptable de libertad.

Felipe Soza A. dijo...

Un comentario aparte: he llegado a la conclusión que la comida chatarra es barroco viviente.

Herr Löbel dijo...

somos mayores de edad para elegir que comemos!!! Lo que debe haber es información clara de los contenidos de los alimentos y sus consecuencias. El que quiera meterse 10 Burger King, cosa de él...

Chile Liberal dijo...

@Omar: estoy de acuerdo en cuanto a la educación, sin embargo, es una solución a largo plazo. ¿Qué solución a corto plazo existe?

@Felipe: no te capté el comentario

@Herr: estoy de acuerdo que quien quiera comerse veinte hamburguesas, lo haga. No obsstante, cuando ese sujeto sufra de diabetes, ¿habrá que destinar los pocos recursos médicos para ese sujeto, y no para quien sufre diabetes no por elección personal? Ese es el asunto: yo puedo elegir hacer lo que se me venga en gana, pero hasta qué punto mis elecciones personales afectan a otros.

zoidzilla dijo...

Excusas van, excusas vienen, lo cierto es que este sitio derechamente propugna restringir qué es lo que los individuos se echan al cuerpo, todo lo contrario que propugna el liberalismo (principio de no-agresión y derecho de propiedad), ergo...

Que no les pasen gato por liebre, eh.

Mario Abbagliati dijo...

Otra muestra más de liberalismo siútico a cargo del administrador del blog, bien cargada de demagogia al equiparar McDonalds con la heroína. ¡Que nivel!

Aparentemente, somos incapaces de tomar una decisión correcta, nuestro sesgo cognitivo distorsiona el mecanismo de elección racional, al no mesurar correctamente las consecuencias de nuestras acciones. Ergo: impuesto a la comida chatarra. ¿Cuál es el sesgo cognitivo de las personas que diseñan las políticas estatales?

Esta medida paternalista del gobierno de Piñera me empelota sobremanera. Si éste es el panorama, prefiero a la Concertación, al menos con su manifiesta incompetencia conseguiré que el aparato estatal se entrometa menos en mi vida.

Flo dijo...

Supongo que sería error de tipeo pero la expresión es "pAntagruélico", recordando a los gigantes "Gargantúa y Pantagruel" de quienes supongo habrás oido hablar por allá por Francia.
Saludos.

Anónimo dijo...

¿No se supone que el Estado no debe promover cuestiones subjetivas como el bien o mal?

¿O acaso defiendes la idea de que el gobierno tiene derecho a sancionar nuestros vicios a priori?

Chile Liberal dijo...

Disculpen la tardanza en la respuesta, pero anoche estuve instalando Windows 7 en el MacBook y la verdad es que no fue nada de fácil. Recomendación: si van a instalar un sistema operativo, por favor NO lo hagan después de un largo día de trabajo con varias copas de vino en el cuerpo. Cuando me salió la "white screen of death" y ni el Force Quit no responde en un Mac, ya saben que meterse bajo la influencia no es muy buena idea.

No obstante, hecha la re-hecha la partición, acá vuelvo en línea, y vamos por parte:

@Florencia: Idea mía o borraste el comentario que habías dejado. Avísame, si quieres lo pongo de nuevo. Un tema interesantísimo habías tocado: en el fondo, si la gente engorda, son los aseguradores de salud, en ausencia de un sistema socializado, los que cubren los gastos?

El tema lo abordé en el artículo, aunque muy de pasada. Digamos que si más gente sufre de afecciones cardíacas por exceso de colesterol, no es cosa de formar más cardiólogos como quien prepara profesionales de otras disciplinas. Menos aún los medios técnicos estarán disponibles. Lo que significa que subirán las primas por cobertura de salud, lo que nivel macro es extraordinariamente ineficiente, si es que una mayor tajada del PGB simplemente se usa en mantener a la población viva. O sea, aunque no se haga cargo el Estado de la salud, la obesidad es una epidemia.

La analogía que hago es entre la obesidad y la gripe aviar o porcina. Imagínate que la porcina atacase al país de manera bestial. ¿Puede quedarse el gobierno muy de brazos cruzados mientra, como diría Mario Abagliatti, el mercado espontáneamente se hace cargo de la emergencia sanitaria? No, sería absurdo. El país podría de hecho colapsar si es que una enfermedad tipo epidemia ataca a gran escala. Lo mismo con la obesidad. Es por ello que considero legítimo, como expliqué en el artículo, el impuesto siguiendo la lógica pigouviana.

@Anónimo: con ello contesto tu pregunta. No, no es que al Estado no le gusten los gordos, o considere inmoral tener rollos. La obesidad no es sólo un vicio. Es una enfermedad que genera externalidades.

No propongo gravar la comida chatarra porque no le guste al Estado, sino para corregir su precio real. La primera sería una cuestión moral, la segunda es una materia netamente técnica. No te confundas

Chile Liberal dijo...

@Mario: "somos incapaces de tomar una decisión correcta, nuestro sesgo cognitivo distorsiona el mecanismo de elección racional, al no mesurar correctamente las consecuencias de nuestras acciones." Ni siquiera el más nuevo de los neófitos es capaz de seguir repitiendo una ortodoxia cuando la evidencia indica que sí, la gente es incapaz de tomar decisiones al no mesurar sus acciones. ¿O cómo explicas la incidencia de obesidad?

¿Se puede seguir de brazos cruzados esperando que la espontaneidad del mercado, como cree a pie juntilla Mario, corrija la epidemia de obesidad infantil que sacude a los niños chilenos? Ya sé: la gente tomando medidas racionales jamás permitiría que esto ocurra.

En la ortodoxia de Mario, la gente no le provoca diabetes a sus hijos ya que somos perfectamente racionales y ningún padre permite esto y Chile no sufre de uno de los peores índices de obesidad infantil del mundo. Quizás los niños toman decisiones irracionales por sí mismos y necesitan más responsabilidad individual al elegir a sus padres, o eligen racionalmente sufrir de diabetes ya que es tan choriflay como ser austríaco. Ah no, ya sé: eestas cosas no existen ya que los fallos de mercado son un "invento progre".

Comportamiento típico del delirante: cuando una doctrina no logra explicar un fenómeno, sea el aumento de precios después del terremoto, la colusión de farmacias, la epidemia de obesidad o la obesidad infantil, o la burbuja inmobiliaria, éstos no existen.

Esto se denomina delirio, cuya definición es:
3. m. Psicol. Confusión mental caracterizada por alucinaciones, reiteración de pensamientos absurdos e incoherencia

Anónimo dijo...

Entiendo tu punto, no obstante creo que estiras demasiado el elástico en cuanto a las externalidades que provoca la obesidad.

En base a tu argumento, debería aplicarse un impuesto a la venta de audífonos porque hay estudios que demuestran que los adolescentes tienen altos riesgos de quedar sordos por escuchar música a volúmenes exagerados. O un impuesto a los moteles por dar espacio al sexo irresponsable y los contagios de enfermedades venéreas. Incluso al reggeaton por fomentar lo mismo.

“No propongo gravar la comida chatarra porque no le guste al Estado, sino para corregir su precio real”.

¿El estado corrigiendo precios? ¿Y por qué acá es legítimo que el Estado corrija precios y en otros casos no?

Spooner

Mario Abbagliati dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Mario Abbagliati dijo...

@Carlos,

El punto está en que el legislador también es humano y tiene su sesgo cognitivo, de ahí que el camino al infierno esté empedrado de buenas intenciones.

En cuanto a la racionalidad o irracionalidad de nuestras acciones, ¿conoces a alguién que conscientemente use unos medios que acarreen más costes que los beneficios del fin para que se emplean? ¿Recuerdas algún comentario mío en el que hablara de información perfecta?

Parece que confundes algunos postulados neoclásicos, como el del homo oeconomicus, con los de la Escuela Austríaca. Quizás este paper de Huerta de Soto te aclare las dudas.
http://www.hacer.org/pdf/deSoto01.pdf

En clave irónica, aunque seguro que Chile Liberal la apoyaría, creo que la respuesta a la obesidad se encuentra en el aborto libre. Con certeza nuestro moderador encontrará alguna relación causal. Quizás niños no deseados han nacido fruto de la presión del papismo y los padres se desentienden del cuidado de los mismos. Ya me veo venir que la solución a todo ello es el matrimonio gay, con Depeche Mode de banda sonora...

Javier Bazán dijo...

Soy contrario ese impuesto.

Por otra parte, aún te has dado cuenta que Piñera es un oportunistas. Siempre en zig-zag. Un día dice una cosa, aparentemente convencido, y luego se echa para atrás, no por convicciones, sino porque lo que favorece a él. Piñera sería capaz de expulsar al Diablo y Dios de sus propios dominios.Y él quedarse con ambos. Llamarlo 'conservador' insultas a los conservadores.

Angelica Jensen dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Otto Schmidt dijo...

Otto Schmidt:

Yo soy un gordo, y me da pena y rabia cómo tratan el tema aquí, como si fuéramos objetos hechos 100% de grasa y susceptibles de impuestos, y no personas humanas.

Los felicito por hablar de política fiscal, impuestos y programas sociales,pero se olvidan de ver las raíces de esta condición anatómica, a veces sicológica y riesgosa (con el colesterol por las nubes, uno se puede morir).

¿Dónde están las causas? Yo me miré al espejo, y dije, bueno, soy gordo y mucho, y me pregunté por qué. Sé que soy gordo, porque me produce mucha ansiedad la competencia en el trabajo, porque cuando veo los problemas familiares, me escapo en la comida, porque perdí mi autoestima, porque nunca me enseñaron hábitos alimenticios ni me enseñaron un deporte, porque mientras mis viejos trabajaban todo el día, yo veía tele, y hasta conocí el porno y algo más. No tenía ni 20 años y era una vaca.

Ahora con 25, pasé los 100 kilos, y el programa de la nutricionista me parece ridículo, "reducir la cantidad de azúcar con cucharitas de Nescafé", qué tonta, y el sicólogo me saca la poca plata que tengo, y en el trabajo ya me están mirando raro.

Renunciaré a la nutricionista y al maldito sicólogo, Mc Donald's, Burger King, a veces la Pizza Nostra, me parecen más comprensivos. Y ustedes intentan encerrar y entender este problema con números!!!!!!!

Chile Liberal: las cifras están bien, las opiniones muy elevadas, pero olvidas factores humanos, afectivos, etc....

Otto.

Javier Bazán dijo...

Otto:
La solución está en tí. Tú sabes cómo llegaste a la actual condición, y está en tus manos cambiarla.

Cuando tenía problemas con la familia, no recurría la comida como escape.

Ahora es tú oportunidad de elegir un deporte. Yo hacía deporte en el colegio, pero cuando salí no hice, y después que salí de la universidad volví. ¿Te gusta el deporte o algún deporte?

¿Correr, Artes Marciales, Bicicleta?

Si practicas Artes Marciales tú estima va subir. Igualmente si sales a trotar. Para el trote tienes partir de a poco para que no tengas problemas cardiovasculares.

saludos

Encerrada en Concepción dijo...

Me parece innecesario subir el impuesto a la comida chatarra, ya que la gente seguirá pagandole a esos cerdos capitalistas asquerosos para darse un banquete de mierda envasada.
Lo que me parece trágico, es que en Mc Mierda sigan vendiendo juguetes enganchados a comida para atraer a los niños, esa weá no puede ser. Ojalá nuestras mierdas de honorables hagan algo al respecto, pero claro a ellos no les importa , para qué más, si ellos almuerzas y cenan como los dioses... Definitivamente es el pobre el que tiene que conformarse con un combo de mil y tantos, ya que la cómida casera en los locales establecidos, que se supone debiera ser sana te la venden añeja y cara los hijos de puta!

carlos dijo...

Esta medida es equivalente a la epoca de la prohibicion del alcohol en EEUU. En el colegio de mis hijos, 1600 alumnos se implemento. El resultado es un comercio entre los alumnos que entran ilegalmente al colegio, coca cola, papa fritas, chocolates, red bull etc. Varios ninos y adolecentes, llegan productos prohibidos para vender. Ya el colegio tuvo que sacar circular prohibiendo la venta y hasta amenazar de expulsion a alumnos de 4 basico(vende dulces y galletas). En otras palabras, la normativa empujo la demanda de las cafeterias al comercio al menudeo, mas caro, mas ineficiente y que implica violar la ley....