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sábado, 6 de septiembre de 2008

El fin de Allende

Otro aniversario de los terribles acontecimientos que estallaron en Chile el 11 de septiembre de 1973. El siguiente es el artículo que The Economist escribió en aquella época para informar sobre el golpe militar. Es interesante además contrastar con el artículo que el semanario liberal publicó a propósito de la muerte del ex dictador chileno.

Sin duda, Pinochet se quedó demasiado tiempo, y lo que fue en un momento pacificación, se convirtió en matonaje estatal que se extendió injustificadamente por años, e incluso hasta la época cuando ya la población aclamaba por un rápido retorno a nuestra extensa tradición republicana y democrática. La falta de accountability, vale decir, de responsabilidad ante los actos, en este caso los abusos, fue inicialmente tolerada, pero finalmente se volvió intolerable. Un gobierno que no es accountable debe ser repudiado.


Con esta entrega completamos un ciclo sobre el golpe militar, que resumimos a continuación:

¡Y si eso significa una guerra civil, que así sea!, Time, agosto de 1973
El sangriento final de un sueño marxista, Time, 23 de septiembre de 1973
El fin de Allende, The Economist, 15 de septiembre de 1973
La partida de un tirano, The Economist, 13 de diciembre 2006


Chile Liberal invita a leer y comentar, y les dejo con un mensaje a favor de la democracia representativa, el gobierno limitado, y un compromiso irrestricto con la economía de libre mercado.


El fin de Allende
15 de septiembre de 1973
The Economist (ver original)


La muerte momentánea de la democracia chilena es lamentable, pero está claro que la culpa recae sobre el Dr. Allende y sus seguidores, quienes continuamente sobrepasaron la constitución

El presidente Allende no se ha convertido en un mártir, incluso aunque fuese cierto el rumor de que él mismo se quitó la vida el martes recién pasado. El bombardeo al palacio presidencial y su posterior asalto, así como la toma del poder que han hecho los comandantes en jefe de las fuerzas armadas de Chile, han puesto un amargo fin al primer gobierno marxista democráticamente elegido en Occidente. Y es posible que esto sea sólo el inicio de la lucha. Con todas las comunicaciones cortadas entre Chile y el exterior, ha sido difícil determinar exactamente qué está ocurriendo pero la violencia parece ser continua. Si el resultado es una sangrienta guerra civil, o si los generales ahora al mando no organizan elecciones pronto, no debe quedar ninguna duda sobre quién es el responsable de las tragedias que afectan a Chile. El responsable es Salvador Allende y los partidos marxistas que continuaron con su estrategia para ganar el poder absoluto en el país hasta el punto en que la oposición se desesperó al ser incapaz de ponerle atajo por medios constitucionales al gobierno.

Lo que ha ocurrido en Santiago no ha sido el típico golpe militar Latinoamericano. Las fuerzas armadas toleraron a Allende por tres años. Durante este tiempo, el presidente logró sumergir al país en la peor crisis social y económica de su historia moderna. La confiscación de fundos y fábricas provocó una alarmante desplome de la producción y las pérdidas en empresas estatales sobrepasaron los $1.000 millones, según cifras oficiales. La inflación aumentó un 350% en los últimos doce meses. Las pequeñas empresas se fueron a la ruina. Los funcionarios y trabajadores de alta calificación vieron cómo la inflación destruía sus sueldos, las dueñas de casa comenzaron a hacer interminables filas para tratar de conseguir alimentos, pero no encontraban. La creciente desesperación causó un enorme huelga que los camioneros ya habían iniciado hace seis semanas.

Pero el gobierno de Allende no hizo otra cosa sino destruir la economía. Violó la letra y el espíritu de la constitución. La forma en que ignoró por completo al Congreso y al Poder Judicial dañó la fe del país en sus instituciones democráticas. Una resolución aprobada por la mayoría opositora en el Congreso declaró el mes pasado que "el gobierno no es meramente responsable por infracciones aisladas a la ley y la constitución, sino que ha hecho de ellas su sistema permanente de conducta”. El sentimiento de que el Parlamento es irrelevante aumentó con la violencia callejera, igual de grave como lo visto en Belfast (Irlanda del Norte), y por la forma en que el gobierno ha tolerado el aprovisionamiento de grupos armados de ultra-izquierda que han declarado abiertamente que se preparan para una guerra civil.

La fuerzas armadas han actuado recién ahora, cuando es evidente que existe un mandato popular para que intervengan. Al final tuvieron que actuar porque todos los medios constitucionales han fallado en su intento por restringir al gobierno, que terminó siendo inconstitucional. El detonante del golpe lo proporcionaron los esfuerzos de los extremistas de ultra-izquierda por promover la insurrección en las fuerzas armadas. Dos de los líderes de la coalición de gobierno, la llamada "Unidad Popular", el señor Carlos Altamirano, antiguo secretario general del Partido Socialista, y el señor Óscar Garretón, del Movimiento Acción Popular Unida, fueron nombrados por la marina como los "autores intelectuales" de los planes de amotinamiento detectados entre los marinos de Valparaíso. Los comandantes de las fuerzas navales en Valparaíso fueron los primeros en movilizarse esta semana.

Pero el rápido éxito del golpe y la participación en él de todas las fuerzas militares (incluida la fuerza policial, Carabineros) indican que los planes fueron prolijamente preparados. Aún está por verse si las fuerzas armadas siguen sólidas en su oposición al gobierno derrocado. La desaparición de dos comandantes, el admirante Raúl Montero y el general Sepúlveda, jefe de Carabineros, quienes fueron reemplazados por sus subordinados anti-marxistas el mismo día del golpe, demuestra que no todo el alto mando era partidario de la movilización. El peligro real de un baño de sangre se hará realidad si es que se produce un quiebre en las fuerzas armadas, o si estallan serios amotinamientos en los rangos inferiores. Esto podría desencadenar una caótica guerra civil. Se puede esperar una fuerte resistencia por parte de los comités de trabajadores y brigadas paramilitares que el Partido Socialista y el Movimiento de Izquierda Revolucionaria aún manejan en Santiago y de algunos grupos guerrilleros en el sur. Pero si no logran un apoyo significativo, podrán ser controlados

No hay vuelta al pasado
Sea cual sea el gobierno que emerja de este golpe militar, no podrá esperar tiempos fáciles. También habrá tentación entre quienes sufrieron a manos de Allende para ajustar cuentas con los vencidos. Pocos creen que en Chile las cosas volverán a ser como antes. El trabajo de reconstrucción demandará enormes sacrificios, tal como en Brasil cuando Roberto Campos fue el responsable de la planificación económica en los años posteriores al golpe de 1964. Esto no significa que Chile será otro Brasil ya que hay grandes diferencias; primero, incluso con los acontecimientos actuales, Chile es un país menos violento, y segundo, sus soldados tienen una visión distinta de su papel como militares que los soldados detrás de Campos. Los chilenos aceptan que es demasiado tarde para revertir muchos de los cambios introducidos por el Dr. Allende; para reconstruir el sector privado, por ejemplo, pondrán más énfasis en atraer a los inversionistas extranjeros y en la creación de nuevas industrias que en devolver lo que el gobierno ha robado.

El general Pinochet y sus camaradas de armas no son los peones de nadie. Su golpe de estado fue planeado dentro del país, y los intentos de algunos por hacer creer que EEUU está involucrado suenan absurdos para todos quienes saben lo cauteloso que los norteamericanos han sido en sus últimos intercambios con Chile. El nuevo gobierno que emerge, que parece ser de carácter militar-tecnócrata, tratará de recomponer el tejido social que Allende rompió. Si significa la muerte temporal de la democracia chilena, es algo que debe ser deplorado. Pero no hay que olvidar quiénes lo hicieron inevitable.

viernes, 30 de mayo de 2008

Francisco Bilbao resucita

Un interesante intercambio se está produciendo en el epistolario de El Mercurio a propósito de la reciente publicación de "Francisco Bilbao. El autor y la obra".

Francisco Bilbao (ver biografía) es parte del inconsciente colectivo no por su pensamiento vanguardista, sino más bien por la calle que lleva su nombre en Santiago de Chile. Pero desde el olvido, el "Apóstol de la libertad" resucita para revolver el gallinero una vez más.

Como vemos en El Mercurio, Bilbao sigue sacando roncha en los Conservadores, y la publicación del libro en cuestión no puede ser más oportuna en medio del contexto tiránico en que la Santa Inquisición el Tribunal Constitucional ha emitido su veredicto sobre el útero gracias al voto de algunos octogenarios cadavéricos que hacen eco de la opinión del arzobispo de turno, y que tergiversan los estudios del doctor Croxatto para concluir exactamente lo opuesto.

Pasión y raison
Bilbao fue incendiario y un apasionado de la Razón, idea peligrosísima que aprendió a partir de su admiración por los intelectuales franceses. Como todos sabemos, Francia siguió el camino de la perdición que abrieron sus pensadores y hoy, arruinada y desesperada, es un país miserable que "viene de vuelta", como dicen varios bloguistas adictos a la droga católica-romana. En cambio, Chile es un país maravilloso, pujante, avanzado, pionero, deslumbrante, y es un "ejemplo para el mundo": sólo Uganda y algunas naciones centroamericanas nos hacen el peso en medidas liberales de verdad como penalizar el aborto. Las mujeres francesas leen sobre la férrea "defensa de la vida" que sostienen los conservadores chilensis y dicen "oh la la, le Chili, c'est superbe". Chilito, ejemplo para el mundo... no podía ser de otra manera.

En la época de Bilbao Chile era un país de inquilinos donde unos pocos, los patrones de fundo, eran los terratenientes. Los inquilinos eran todos analfabetos y la principal preocupación de dementes como Bilbao era educarlos. Pero educarlos de verdad. O sea no "Padre Nuestro que estás en los cielos....", sino que vio la necesidad de letrar a las masas para que así floreciera una democracia participativa, y de este modo extinguir al oscurantismo con la luz del siècle des Lumières. Además, defendió con tesón a las PYMES de aquella época: los artesanos. Los agrupó en una plataforma político-intelectual llamada Sociedad de la igualdad, y llegó a formar una gran marcha por la capital, en la que él hizo las veces de Robespierre.

Expulsado de Chile por blasfemo, llegó a París, ciudad mítica en aquellos años. Sin embargo, Bilbao se horrorizó al ver los barrios obreros y la vida parisina más allá de los clichés. Vivió en carne propia la Segunda Revolución Francesa (1848). París no era muy distinta de la inmundicia que describía Charles Dickens en sus victorianos relatos, y en medio de aquellos horrores ya fraguaba sus ideas Karl Marx en Das Kapital. Si Chile hubiese comprendido el pensamiento de Bilbao, nos habríamos ahorrado los experimentos marxistas y populismos varios del siglo XX, del que aún no nos sobreponemos. Pero el cura y el latifundista no estaban preparados para el ideario liberal de Bilbao (y de Santiago Arcos, Vicuña Mackenna, Barros Arana y muchos otros), porque el rosario y la huasca eran más eficientes.

Si el objetivo es educar a la masa ignorante, enseñarle a leer y escribir y algunas otras destrezas básicas, el estado puede participar, como pretendía Bilbao. El problema es que a mayor nivel de sofisticación, el estado es inútil, y esto fue lo que aprendimos en el siglo XX de los "neoliberales", de la Escuela de Chicago, por ejemplo. El desafío de Chile hoy ya no es cantidad, es calidad. Cuando la república chilena era una inocente campesina veinteañera, Bilbao quiso organizar y educar a los artesanos, convencido de que ellos mismos serían capaces de forjar sus propios destinos. Creo que hasta hoy aún no se comprende bien este concepto: la falta de acceso al crédito por parte de las PYMES lo demuestra.

En el fondo, Bilbao hoy nos recuerda la sempiterna tensión que ha existido en nuestro país entre quienes creemos que el progreso es posible cuando uno es libre, contra quienes creen que sólo se progresa si obedecemos las órdenes del que sabe. O sea, la fricción entre liberales y conservadores, que por lo demás aún no se ha zanjado. En Artes y Letras del domingo pasado (ver artículo), en un homenaje a Vicuña Mackenna, se nos recuerda cuál es la esencia de la cultura chilena: aquella que integraba la cultura oficial y la cultura popular. La primera, más laica y afrancesada; la segunda, más católica e hispanista.

A los lectores de este blog les queda claro cuál es la trinchera que ocupa este blog hoy, la misma de Bilbao ayer.

Invito a leer el sitio Web homenaje a Francisco Bilbao.

Apóstol de la libertad, ya era hora de que rescatásemos tu nombre del olvido.

jueves, 27 de marzo de 2008

La mentira más grande de la historia

A ellos les cuesta mucho aceptarlo,
ellos toman la autoridad como la verdad,
y no aceptan la verdad como autoridad.
- Gerald Massey


Ya hablamos hace un tiempo sobre el concepto de zeitgeist, uno de los términos acuñados por el profesor Richard Dawkins ("meme" es otra nomenclatura dawkiniana, así como todos los estudios evolucionarios como sicología evolucionaria, economía evolucionaria, etc). Hace un tiempo se lanzó por Internet una película llamada Zeitgest The Movie, que se ha convertido en un éxito demoledor. Su objetivo era desenmascarar algunos de los fraudes más grandes de la historia. De particular interés es la primera parte sobre la religión, y la sección sobre la Reserva Federal y el monopolio sobre la emisión de dinero.

Antes de ver este clip, tienen que leer un interesante intercambio entre Nicolás y Patoace. Después que lo lean, háganse estas preguntas: ¿es Jesús el único profeta de la historia? ¿Cuántos nacimientos virginales ha habido en las diversas religiones? ¿Qué relación existe entre el zodíaco y el cristianismo? ¿Quién fue Horus? ¿De dónde proviene la creencia de la resurrección después de tres días? ¿Realmente existió Jesús? ¿Qué significa el pez (ver foto a la izquierda) que siempre vemos en los parabrisas?

Si la respuesta es "no sé" a alguna o todas esas preguntas, tienen que ver el siguiente video. Ojo, que ni siquiera los propios cristianos saben las respuestas. De hecho, cuando las sepan, abandonarán el cristianismo, que es la mentira más grande de la historia.

Si esta película no les hace cuestionarse la veracidad del cristianismo, entonces están en problemas.

Zeitgesit - Religión
Nota: los primeros dos minutos son chistes, el resto es de la película





Pueden seguir viendo el resto:
Zeitgeist - Religión 2a parte
Zeitgeist- Religión 3a parte

sábado, 22 de marzo de 2008

Feliz Farsa de Resurrección

Jesús no resucitó, lo reconoce tácitamente Joseph Ratzinger en El infierno es estar sólo. De hecho, es otro de los muchísimos errores de imprenta en las versiones posteriores de sus textos. Noten que dicho artículo es una respuesta de Ratzinger a Jean Paul Sartre y su célebre L'enfer, c'est les autres ("el infierno son los otros").

¿Qué se celebra en la pascua? La resurrección de Jesús, un hecho extraordinario sin evidencia alguna, que no sólo es contrario al sentido común, sino que en oposición a todas las leyes de la naturaleza, como incluso lo reconoce Ratzinger.

Nadie ha capturado mejor el absurdo del cristianismo que la película La vida de Brian de Monty Python. Este film se quiso censurar en su momento, lo que finalmente no ocurrió en el Reino Unido, sin embargo en Chile las películas censuradas (y libros) son algo habitual. Desde luego, todos respetamos las creencias de nuestro prójimo. Pero cuando el prójimo cree en lo absurdo, hasta en lo abyecto (matar a Jesús para perdonar "pecados" que no existen), es inevitable echar todo a la ligera y soltar risotadas. Las reacciones de intolerancia del cristianismo son normales, de hecho ellos mismos reconocen su intolerancia. Un liberal tolera al intolerante, pero no nos pidan que no critiquemos, o que nos aguantemos las carcajadas.

Vean el siguiente clip, la escena final de la película, y a continuación la respuesta del organismo censor británico explicando por qué no censuraría el film La vida de Brian. De hecho, el público británico eligió esta sátira al cristianismo como la mejor película de todos los tiempos.

Life of Brian - Always look on the briiiight siiide of liife
(escena final)




El conocido humor de tipo escolar de Monty Python es una referencia a un período de la historia apropiadamente familiar para cada uno de los escolares de Occidente, y una fe que pueda verse afectada por una burla de esta clase es realmente una fe precaria.

Consejo cinematográfico de censura (The British Board Of Film Censors)
.


Vaya, si un libro cagón como El Código Da Vinci es una herejía, si Iron Maiden y Madonna son censurables, la Última Tentación de Cristo fue prohibida por años, entonces los intolerantes hijos del Índice de Libros Prohibidos no han aprendido su lección.

Feliz Farsa de Resurrección, y coman hartos huevitos de chocolate.

lunes, 10 de marzo de 2008

El cuarto número de La Bestia

Anoche veía 24 Horas, el noticiero del aparataje de izquierda, donde daban cuenta de "incidentes" y "disturbios" en las cercanías del Estadio Nacional protagonizados por "miles de fans" de la banda británica Iron Maiden. Resulta que hoy leo El Mercurio (Iron Maiden tuvo una fiesta sin sobresaltos) y me entero de unos pocos "incidentes marginales" y para colmo se informa de apenas doce detenidos: seis por desórdenes, uno por romper un árbol (!!), y cinco por portar "sustancias ilícitas".

Aclaremos: las sustancias son completamente lícitas, más bien son ilegales, por decisión arbitraria de un señor o dama que se le antoja prohibir esto o lo otro a individuos libres que sólo buscan intensificar su experiencia musical. Si descontamos a los portadores de sustancias ilegalizadas y al señor que destruyó un árbol -ambas actividades al parecer son un gran peligro para la seguridad del Estado-, queda claro que persisten las capciosas artimañas para desprestigiar a la mítica banda de rock satánico porque hubo apenas 6 detenidos. Comparen además: seis por desórdenes en un concierto de rock, contra diecisésis detenidos (el triple casi) en una protesta contra la educación neoliberal. (Es como el escándalo por dos carabineros asesinados, algo sin duda espantoso, pero doce personas que hacían deporte mueren porque un paco no sabe conducir un avioncito de juguete. Van poco más de mil mártires de Carabineros, ¿y alguien lleva la cuenta de la cantidad de personas que han muerto por culpa de los pacos?)

El primer tour de Iron Maiden fue boicoteado en Chile por los conseglieri del papismo. Otra presentación fue desautorizada durante los días de arresto domiciliario de Augusto Pinochet en Londres. Ambos incidentes sólo han servido para que los rockeros británicos se hayan convertido en íconos de la causa de la libertad de expresión, piedra angular de Chile Liberal y que este blog defenderá contra viento y marea.

Desgraciadamente, no asistí al show, ni nunca he visto Iron Maiden en vivo. Lo mío progresó a otras tendencias, pero recuerdo mis años de enseñanza media en que el liceo prohibió las camisteas de Iron Maiden y advirtió al alumnado que quienes "no compartan los valores tradicionales que inculca nuestro colegio, busquen otro establecimiento". Hoy me produce enorme jolgorio contemplar a las multitudes con camisetas negras, cabelleras frondosas (muchos viejos calvos también) y sus muecas satánicas: la música como catarsis y expresión del yo en su grado más exaltado. Iron Maiden continúa la tradición romántica inglesa (Lord Byron, Shelley, Keats: los poetas satánicos) y en Chile es -con toda seguridad- la banda más reverenciada por su base de seguidores. Mi saludo a ellos.




El tema Aces High hace referencia a la Batalla de Inglaterra, un momento crucial en la historia de la humanidad, cuando las fuerzas de la democracia parlamentaria británica defendieron la libertad y ofrecieron feroz resistencia contra el enemigo más mortífero de la libertad individual. El siguiente es un extracto del discurso de Sir Winston Churchill, palabras que tocan la fibra más sensible del editor de este blog:

Aunque muchas partes de Europa
y muchas naciones famosas y antiguas
han caído y caerán ante el dominio de la Gestapo
y de todo el odioso aparataje Nazi,
no claudicaremos.

Continuaremos hasta el final.
Lucharemos en Francia,
lucharemos en las playas
y en los océanos,
lucharemos cada vez con más determinación
y con más fuerzas
defenderemos nuestra Isla,
cueste lo que cueste.

Lucharemos en las playas,
lucharemos en las pistas de aterrizaje,
lucharemos en los campos
y en las calles,
lucharemos en las colinas...
¡No nos rendiremos jamás!


Y extiendo un modestísimo homenaje a todos quienes dieron su vida en la Batalla de Inglaterra para defender la libertad que tenemos hoy, recordatorio de que no podemos abandonar la lucha por la causa libertaria.
Bruce Dickinson y compañía, vuelvan a Chile cuando quieran: ésta es vuestra casa.

sábado, 2 de febrero de 2008

La marcha inifinita ha culminado

Ha fallecido un coloso de las letras chilenas, el premio nacional de literatura 2002, Volodia Teitelboim. Para mí, que me he reconciliado con el pasado oscuro de nuestro país, no significa ningún problema elogiar a una figura de esta talla intelectual. Haya sido comunista o no, es algo de lo que me puedo abstraer.

Teitelboim fue el autor de La marcha infinita (1993), biografía del más grande literato latinoamericano de todos los tiempos, Vicente Huidobro. Recuerdo vívidamente el episodio del programa de TV La belleza de pensar (hoy Una belleza nueva) en que Cristian Warnken conversa con Teitelboim sobre sus encuentros con El poeta. Fue un viaje a ese Chile de nuestros abuelos, una marcha hacia el pasado inmediato, en el que don Volodia nos mostraba a un Huidobro más allá del mito literario, más bien como un chileno como tú o como yo, aunque con un talento único. Sus relatos sobre las tertulias en el Santiago de la época son un registro maravilloso, y desgraciadamente no he encontrado el video en la Web.

A continuación les presento un extracto de la obra, y aprovecho de decirle a la blogósfera que yo, como chileno de buenos sentimientos, estuve y estoy en total desacuerdo con la ideología comunista, pero respeto a muerte sus derechos a proponer sus ideas, más aún en un país como Chile, donde el la derecha Conservadora se he dedicado con ahínco a apaciguar y brutalizar a quienes simplemente reclaman más educación y un trabajo justo.

Volodia Teitelboim Volosky, un chileno excepcional, que descanse en paz.


113. El poeta educa a su madre
Doña María Luisa anda furiosa porque el hijo que idolatra se le ha puesto comunista. Le contesta a su "mamacita adorada" desde París, el 30 de octubre de 1931. Ningún eufemismo.
Recibí su carta del 19 de este mes. No me molestan sus ironías, sólo me espanta verla tan lejos de la realidad, confortablemente sentada en un sillón de la luna. Sin duda alguna soy un revolucionario, soy un rebelde hasta la médula de los huesos y lo he sido toda mi vida. Usted sabe mejor que nadie que desde mi nacimiento, toda mi infancia, toda mi vida ha sido una larga cadena de rebeldías y estoy seguro que si alguien recordara la primera palabra que pronuncié en mi vida vería que esa palabra fue NO. Un no redondo, seco, brutal. Aplaudo todas las revoluciones, todas las rebeliones en cualquier parte del mundo donde se produzcan porque encuentro asqueroso lo constituido y repugnante hasta las náuseas el mundo actual. No me resigno a perder la esperanza de un mundo mejor y del advenimiento de una justicia justa. Para esto lo primero es la supresión de clases que sólo el comunismo puede realizar y realizará.

No necesito del cubismo —ni esas frases clichés de espíritu de l'aprés-guerre— para pensar así, puesto que toda mi vida he defendido esto mismo, exactamente lo mismo desde mi primera infancia. Se necesita tener mala memoria o mala voluntad para no recordarlo o querer atribuir a otros lo que es esencia de mí mismo. Al contrario si hay un cubista o un artista moderno que se preocupe hoy de estas cosas es por mí y me la debe a mí en gran parte. Aplaudí el cubismo cuando había que aplaudirlo, cuando significaba una revolución contra lo establecido estúpidamente, y lo aplaudí porque creí que en el fondo ellos perseguían en la pintura lo que yo iba persiguiendo en la poesía. Lo ataco hoy porque el cubismo se ha convertido en un arte burgués, infecto, de señores satisfechos que se han sentado sobre sus laureles a rascarse el ombligo. Y acaso nadie ha dicho de mi una más gran verdad que el poeta español Salvador Quintero: "Junto a Vicente Huidobro no hay reposo posible. Huidobro es una invitación a la marcha infinita". Es posible que el sentido más profundo de mi alma sea ese de pájaro nómade de que hablo en Temblor de Cielo.

Sí, soy un nómade. Nunca me he sentido estable en ninguna parte. Ni aquí, ni allá. Manuelita recordará que Juan Gris decía que mi casa daba la impresión de un señor que iba a partir al día siguiente. Y lo curioso es que acaso no sea yo el inestable sino que este vivir en el aire sea seguramente la consecuencia de haber sentido desde muy niño que estoy viviendo en un mundo falso, en un mundo sin base, que se escurre bajo los pies, que se desmorona por todos lados. Felices los que no sienten que marchan sobre la tembladera de una sociedad podrida. Felices ellos porque sentirlo es algo atroz.


En cuanto a sus ironías que prefiero comer pollos y patos de la Tour es infantil y no prueba nada. Además es falso porque hace más de seis meses que ni como carne y la tengo prohibida por el médico. Una sola vez desde hace dos meses he comido el pato famoso y eso fue porque me invitó Inés Echeverría y Pedro Iñíguez. Por otra parte no veo que relación hay entre que a una persona le guste comer bien y el que esa persona sea comunista o anticomunista. Y puedo asegurarle que prefiero dormir en un jergón duro en un mundo nuevo que no en un colchón blando en un mundo podrido. Ahora en cuanto a lo del huachalomo son Uds. los que tienen el huachalomo y no quieren soltarlo y se lo comen solitos dejando para los otros el plato de porotos o el hambre. Nadie menos espiritual que Uds. y todos los que sostienen el régimen al que Uds. pertenecen, nadie más aterrado a la materia que Uds., a las comodidades, a la molicie, a la bartola dominadora e insolente, todo eso que se sostiene sobre las grandes mentiras y las grandes injusticias que Uds. defienden a sangre y fuego. En este caso la espiritualidad está de nuestro lado y no del vuestro, aunque nosotros nos llamemos materialistas (a causa de la ley del Materialismo Histórico de Karl Marx). Respecto a las ideas de patria, de familia, de religión, sí, yo las ataco, pero las ataco en su sentido viejo, no en un sentido nuevo. Amar una patria es limitar el sentido de la tierra. Sin embargo, yo puedo amar más un pedazo de la tierra, esto es humano pero esto no me obliga a armar ese pedazo de tierra y echarlo a pelear con el resto del mundo... (126)
Después de leer esta lección de adoctrinamiento político- ideológico la madre concluyó que su hijo estaba más loco que una cabra. Razón de más para no abandonarlo en sus delirios. ¿Quién podría pararlo? ¿Ella? ¿El tiempo?

sábado, 27 de octubre de 2007

The Economist contra el Maletín Literario

Corría el año 1788 en Francia, y el trigo escaseaba, es decir, no había pan y el pueblo tenía hambre. Cuando no hay pan, estallan revoluciones. Lo sabemos muy bien los chilenos ("queda harina para tres días"). Siguiendo las absurdas teorías mercantilistas de Jean-Baptiste Colbert, Luis XIV rechazó el libre comercio bajo el pretexto de que las importaciones afectarían la economía francesa (ver Proteccionistas al ataque). Éste fue el antecedente de la Revolución Francesa ya que Luis XV y Luis XVI continuaron el nefasto proteccionismo que estalló bajo el reinado del último monarca francés. Los parisinos marcharon indignados y hambrientos a Versalles, donde María Antonieta disfrutaba las delicias de la monarquía más lujosa de Europa. Al ver al pueblo furioso, el cuento apócrifo dice que ella exclamó déjenlos comer pastel. O Let them eat cake, en inglés.

Haciendo gala de su british humour, el semanario liberal The Economist ha titulado Let them eat Kafka una breve crítica al disparatado proyecto bacheletista llamado Maletín Literario (y ver aquí). El Mercurio ha publicado su traducción Permítanles devorarse a Kafka. Como todos sabemos, la idea de fomentar la lectura es loable. Pero si vamos a gastar 11 millones de dólares de dineros públicos, las críticas no se harán esperar y The Economist una vez más pone los puntos sobre las íes.

Las cifras son poco alentadoras: el 45% de los chilenos jamás lee libros, y el 34% sólo lee ocasionalmente. Peor aún, se nos recuerda que muchos chilenos adultos carecen de comprensión de lectura o fueron simplemente alienados durante su educación básica y secundaria, vale decir, son ignorantes funcionales. Y empeora aún más el panorama: los más jóvenes no leen debido al alto precio de los libros en Chile. El libro promedio en Chile cuesta más que en el resto del continente, y equivale a dos semanas de pasaje en micro (autobús).

Algo que siempre me molestó de Santiago fue que es imposible leer en el transporte público, antes y después del TranSantiago. Y no olvidemos que en Chile se aplica IVA a los libros, medida aplicada por nuestro Capitán General Augusto Pinochet, el mismo que declaró en su oportunidad que dedicaba 15 minutos diarios a la lectura. En varios intercambios con otros bloggers en El Mercurio, incluso me encontré con amplios sectores que defienden el IVA en los libros. El broche de oro lo puso Ricardo Lagos: subió el IVA (a cambio de un mugroso bono de diez lucas). Ah, y The Economist nos recuerda que sólo el 7% de los chilenos es miembro de una biblioteca pública.

Después se preguntan los editorialistas por qué somos un país subdesarrollado. Respuesta: porque somos huevones.

El Maletín Literario ciertamente es el paroxismo de la estupidez. Ya en Freakonomics se explicaba que el rendimiento escolar no estaba relacionado con la cantidad de libros que un alumno tenía en su casa, a pesar que los mejores alumnos tenían muchos libros en el hogar, pero correlación y causalidad es un concepto difuso para las mentes obcecadas, que no comprenden la falacia lógica Cum hoc ergo propter hoc. Un padre que cultiva la lectura sin duda que tendrá una biblioteca, y estos padres a su vez criarán niños que tendrán mayor rendimiento escolar. De algún modo, la Concertación cree que el mero hecho de poner libros en una casa hará el truco de mejorar la lectura. Pobrecitos.

Señora Bachelet, si la gente no lee es porque los libros son caros: NO AL IVA EN LOS LIBROS.

¿Kafka?
El enfoque de The Economist es mucho más pragmático. ¿Puede un gásfiter (plomero) en La Pintana leer a Kafka? ¿Podemos darle pastel a los más pobres? La solución es, aparte de reducir el precio de los libros para que le gente lea libremente, poner a disposición del público más bibliotecas con más ejemplares de libros en ellas.

Verónica Abud en El Mercurio
(citada por The Economist) nos dice que su fundación, La Fuente, podría lograr mucho más con esos recursos. Pero, desde luego, la estrategia de Bachelet es el populismo y el desconfiar en la gente. ¿Confiar en el emprendimiento? ¿Dejar que espontáneamente la filantropía (sin lucro) haga un trabajo noble? Imposible: es contrario al estatismo que fomenta la Concertación (otro ejemplo, ver Desalojo en Repúblika #550). Los expertos en literatura son Los Elegidos para decidir qué debe leer el chileno, y luego, el Papito Estado, tan benevolente que es él, nos mandará los libros a las casas. El resultado será las obras de Kafka vendidas en las cunetas y en las ferias a precio de huevo.

Prefiero que el gásfiter pueda andar cómodamente en micro y que lea en su trayecto al trabajo algún libro sacado de la biblioteca pública, o comprado por sí mismo, quizás Kafka, quizás JJ Benítez, qué se yo... que la gente lea lo que se le da la real gana, y no lo que decidan los expertos. El paternalismo de la Concertación está llegando a extremos. Lo opuesto sería la libertad individual, el individualismo para que cada uno decida lo que más le conviene (ya lo veíamos en el artículo anterior).

Elogio a The Economist
Es cierto que The Economist le prestó tribuna a Bachelet, pero la luna de miel se acabó. Y como todos sabemos, ésta es una publicación sesgada, de corte liberal basada en una moral utilitaria y pragmática. Su propia fundación se debe a la lucha del Partido Liberal contra la Ley del Trigo, que encarecía innecesariamente el precio del pan en Gran Bretaña, perjudicando a los obreros. En su momento, se criticó a su primer editor, Walter Bagehot, por difundir ideas peligrosas. The Economist Newspaper es un periódico que confunde deliberadamente opinión con información, es políticamente incorrecto y controversial, y su objetivo último es promover el liberalismo en el mundo, ya sea llamando a expulsar a Berlusconi, a votar por Sarkozy, eliminar Bélgica o criticar a Cristina Fernández de Kirchner. Recuerdo en alguna oportunidad leer en Le Monde un articulista que llamaba a The Economist "esos impertinentes panfletarios ingleses".

Chile, una triste dignidad
Apenas el 7% de los chilenos está suscrito a una biblioteca. Triste. Sospecho que nuestras autoridades de gobierno no están consideradas en esta cifra. Y como complemento, The Economist nos propone leer Chile's poor education system (ver traducción de Chile Liberal).

Desde luego, El Mercurio elige con pinzas los artículos del "prestigioso" semanario británico. Cuando se nos recuerda que Pinochet fue un tirano, inexplicablemente hacen vista gorda.

lunes, 10 de septiembre de 2007

El sangriento final de un sueño marxista

La idea es que la política se ocupe de cosas públicas, y que cada uno sea dueño de sus propios asuntos. El día 11 de septiembre de 1973, ha marcado a generaciones. Todo chileno que lea estas líneas sabe que nuestras vidas fueron determinadas por el golpe militar. Para bien o para mal, esa es la discusión que nos ha dividido por años. Aún no somos capaces de ver la realidad sin sesgo. Por ello, les presentamos el reporte que la tradicional revista norteamericana TIME publicó en su número de septiembre de 1973.

El sangriento final de un sueño marxista
TIME
Lunes 24 de septiembre, 1973

Seleccionado y traducido por Chile Liberal

La semana pasada, la capital de Chile se convirtió en un sangriento campo de batalla que duró dos terribles días. Los aviones pasaban prácticamente por sobre los techos, lanzando bombas y misiles. Tanques recorrían las calles causando daño con sus ataques, militares allanando casas, y el ruido de los enfrentamientos se sentía en toda la ciudad. El objetivo principal, el palacio presidencial, se convirtió en cenizas bajo una nube de humo y llamas. En su interior, el presidente marxista de Chile, Salvador Allende Gossens (65), murió en su oficina, al tiempo que una junta militar se tomaba el país.

Después de asumir el poder, hace tres años, Allende apareció en el pequeño balcón de su oficina para anunciar su gran experimento. Miles de simpatizantes se congregaron en la plaza bajo este balcón, desde donde proclamó su misión: conducir a Chile al socialismo mediante la vía democrática. La semana pasada ese mismo balcón permaneció en pie, aunque el palacio quedó hecho ruinas, al igual que la visión marxista que Allende concibió para su país.

Semana a semana, a medida que una cadena interminable de huelgas sumían al país en el caos económico, comenzaban a escucharse rumores en Santiago de que un golpe militar estallaría en cualquier momento. A pesar de ello, muchos chilenos hicieron caso omiso. Cierto, Chile tiene fuerzas armadas muy profesionales y numerosas. Pero a diferencia del alto mando de sus vecinos peruanos o los generales brasileños, los oficiales chilenos han tenido sin lugar a dudas una extensa tradición profesional y se han mantenido ajenos a la política.

Mártir instantáneo
Los chilenos que hayan creído que su país era de algún modo inmune a los golpes militares han demostrado su error. Más aún, el golpe que puso punto final al experimento socialista de Allende resultó de una violencia extraordinaria, incluso para los estándares latinoamericanos. En el fragor de los enfrentamientos armados que siguieron al golpe, durante los dos días posteriores, varios miles de personas han resultado muertas o heridas. Los militares han declarado que Allende se suicidó, y que no se rindió. Los simpatizantes de Allende insisten que fue asesinado. En realidad, la manera en que murió es irrelevante. De la noche a la mañana, se ha convertido en un mártir para la izquierda de todo el mundo, y en un alma legendaria que quizás penará a América Latina por años.

La caída de Allende ha tenido consecuencias que repercuten muchísimo más allá de las fronteras de Chile. El suyo fue el primer gobierno marxista elegido democráticamente en América Latina. Los moderados seguramente no querrán repetir este tipo de experimentos después de lo acontecido en Chile; la izquierda, por otro lado, llegará a la terrible conclusión de que los métodos revolucionarios son más eficaces que los votos. EEUU se encuentra en una situación bochornosa, aunque Washington ha insistido en que no ha tenido nada que ver con la caída de Allende. Hasta el final de la semana aún no ha reconocido al nuevo gobierno, pero la mayoría de los analistas cree que las relaciones mejorarán. El cambio de gobierno en Chile puede afectar a las grandes corporaciones norteamericanas: sus holdings fueron expropiados por Allende, pero ahora al menos pueden esperar que un gobierno más amigable les compense por las pérdidas.

El golpe fue muy bien planeado y ejecutado meticulosamente, como informa el corresponsal de TIME, Charles Eisendrath, quien presenció los hechos desde una ventana con vista al palacio. En la madrugada del martes, vehículos blindados aparecieron en la Plaza de la Constitución para bloquear los accesos a La Moneda, el sombrío palacio presidencial chileno que data del siglo XVIII. Mientras los francotiradores del ejército ocupaban sus puestos estratégicos, al menos cien carabineros (policía militarizada chilena) se bajaban de buses especiales que los traían hasta el lugar. Su misión, de acuerdo a la orden del día, era “restaurar la normalidad institucional” en la nación más democrática del continente y “prevenir la desastrosa dictadura que intenta dominar el país”.

Allende al parecer escuchó rumores, a la hora bastante inusual de las 7.15 de la mañana, mientras se dirigía a La Moneda desde su apacible residencia en el distrito más lujoso de Santiago, llamado el “barrio alto”. Mientras las tropas tomaban posiciones fuera del palacio, el comandante en jefe del ejército, general Augusto Pinochet Ugarte, vía telefónica dio un ultimátum a todos los presentes en el palacio presidencial. Si Allende entregaba su oficina, se le ofrecía abandonar el país mediante un salvoconducto, de lo contrario, sería derrocado a la fuerza. Allende se negó. “No renunciaré”, declaró en un mensaje radial. “Estoy preparado para morir si es necesario”. Instó a los trabajadores (los más entusiasmados con su programa socialista) a tomarse las empresas como signo de desafío. Los Hawker Hunters de la fuerza aérea chilena volaban a ras del palacio. Allende hizo una última aparición en el balcón del segundo piso y alzó sus manos en gesto de despedida a un grupo de transeúntes a quienes el ejército aún no había obligado a alejarse.

Allende inmediatamente se dio cuenta que enfrentan la peor crisis de sus tumultuosos tres años al mando del país. Una hora antes del ultimátum, llamó por teléfono a su chalet para comunicarse con su esposa Hortensia. “Te estoy llamando desde La Moneda”, le dijo. “La situación es gravísima. La armada se ha rebelado pero yo aquí me quedo”. Allende tenía razón. Incluso antes que las tropas de la junta militar rodearan el palacio, la armada de Chile había anunciado que se declaraba en rebeldía y que el puerto de Valparaíso (a 75 millas de Santiago) estaba bloqueado. Los marinos de Valparaíso avanzaban hacia la capital para unirse a los militares, aviáticos y policías, todos bajo el mando de los líderes del golpe de estado.

Allende pronto se encontró aislado de quienes podían prestarle apoyo. Una emisora de radio que operaba bajo órdenes de su partido, el Partido Socialista, suspendió sus transmisiones luego de hacer un llamado final a todos los miembros de las fuerzas armadas a no acatar las órdenes de sus superiores. Otra estación, que funcionaba bajo control de sus socios del Partido Comunista en la coalición de gobierno (llamada “Unidad Popular”), simplemente dejó de transmitir. La única radio que siguió al aire en Santiago fue la autodenominada “radio del gobierno militar”. Su primer bando: el presidente de la república debe proceder a abandonar inmediatamente su oficina de gobierno.

Un periodista mexicano en Santiago, Manuel Mejido, logró entrevistar a 15 de entre quienes vieron con vida a Allende por última vez. De acuerdo a su relato, el presidente reunió a sus amigos cercanos en el palacio y les dijo: “No abandonaré La Moneda. De aquí sólo me sacarán muerto”. El grupo incluye a diez miembros de la fuerza de seguridad especial y 30 jóvenes de su guardia privada conocida como “Grupo de Amigos Personales”.

El llamado del general Pinochet fue seguido por el comandante de la armada, almirante José Toribio Merino Castro, quien reiteró el ultimátum: “No me voy a rendir”, declaró Allende. “Eso es lo que hacen los cobardes, como ustedes”.

Como el ataque al palacio era inminente, Allende congregó al resto de sus colaboradores en una de las salas del palacio. “Señores”, dijo, “aquí me quedo.” Le pidió a todos que abandonasen el lugar, pero nadie quiso hacerlo. Allende ordenó que todas las mujeres fueran a la oficina del mayordomo de palacio y pidió que los hombres tomasen posición de combate. Se produjo un ataque de 20 minutos con soldados de infantería y tanques. Durante un breve tregua, el general Pinochet llamó nuevamente al palacio. Le dio 15 minutos a Allende para que se rindiese. Allende nuevamente se negó. Cuando se produjo este alto al fuego, las mujeres del palacio, incluida Beatriz (31), hija de Allende, escaparon a un lugar seguro.

Al mediodía, dos Hawker Hunters atacaron el palacio con bombas, misiles y gas lacrimógeno. Una hora y media más tarde, soldados de infantería entraron a La Moneda por una de las puertas laterales, y los oficiales le dieron 10 minutos a Allende para que se rindiese. “Todos ustedes, bajen sin armas y con las manos arriba”, el presidente le ordenó a los pocos colaboradores que aún permanecían con él. “Váyanse y ríndanse a los militares. Yo seré el último en salir”. Luego, de acuerdo a la versión de Mejido, Allende se disparó.

La esposa de Allende había escuchado las últimas palabras de su esposo transmitidas por radio. “Al mediodía, Salvador no contestaba el teléfono en La Moneda”, dijo ella. “Cuando por fin pude comunicarme, los que contestaron fueron agentes de seguridad o carabineros”. Mientras tanto, la fuerza aérea también atacó su chalet en el Barrio Alto. “Entre cada ataque, cuando los aviones volvían a la base para reabastecerse, los enfrentamientos eran feroces. La residencia estaba en llamas. La última llamada telefónica la hice tendida sobre el piso”.

Ni fue sino hasta el día siguiente que la señora de Allende supo que el paradero de su esposo era uno de los hospitales militares del ejército, y que estaba herido de gravedad. Cuando ella fue a verlo, se enteró de que en realidad estaba muerto. En sus declaraciones a la prensa dijo que era probable que él se hubiese suicidado con un fusil semiautomático, obsequio de Fidel Castro. Pero continuaban los rumores de que Allende había recibido trece disparos, la viuda de Allende pudo a continuación ver el féretro pero no el cadáver, y que el presidente y cuatro de sus acompañantes habían sido asesinados a sangre fría. Los rumores inmediatamente comenzaron a contribuir a crear la nueva leyenda de Allende, el mártir marxista.

El mismo día los restos de Allende fueron transportados a un aeropuerto militar en las afueras de Santiago y puesto en un avión rumbo a la ciudad de Viña del Mar, donde se encuentra al mausoleo de la familia del presidente. A la señora de Allende se le permitió acompañar el féretro, al igual que a su hermana Laura, dos sobrinos y un colaborador.

En el cementerio Santa Inés, la viuda de Allende, acongojada por el enorme sufrimiento y arrebatada de furia, cortó algunas flores y las dejó sobre el ataúd. “Salvador Allende no puede ser sepultado en el anonimato”, dijo con su voz endurecida a los sepultureros. “Quiero que ustedes al menos sepan el nombre de quien están enterrando”.

Mientras tanto, la junta comenzó a gestionar su consolidación. En una apresurada ceremonia en la Escuela Militar “Bernardo O’Higgins”, así llamada en honor a uno de los próceres de este país, se formó un gobierno militar que contaba además con dos civiles de tendencia derechista, para mantener las apariencias de algún modo. No deja de ser inquietante que los nuevos líderes hayan prestado juramento de lealtad a la junta, y no a la Constitución chilena. El general Augusto Pinochet ha encabezado el gabinete como jefe de la junta militar. Sus otros miembros son: almirante Merino, comandante en jefe de la fuerza aérea Gustavo Leigh Guzmán, y el general director de Carabineros César Mendoza Durán. La cartera más importante del nuevo gabinete, el ministerio del interior, ha sido asignada al general de ejército Óscar Bonilla.

Los militares han cerrado todos los aeropuertos chilenos y la frontera con Argentina, Bolivia y Perú. Se ha declarado estado de sitio en todo el país y Santiago se encuentra en toque de queda permanente. Se ha advertido que los trasgresores serán baleados inmediatamente. Mientras el ejército combatía contra franco tiradores de izquierda, los residentes de la capital deben mantener su cabeza gacha porque los soldados disparan apenas detectan movimiento en una ventana. A finales de la semana, los militares han declarado oficialmente que la capital volvería a la normalidad. Pero el toque de queda continúa, los aeropuertos siguen cerrados, y todas las comunicaciones con el resto del mundo han sido censuradas.

Circulan historias de soldados que han acuchillado prisioneros sin motivo alguno, mientras que otros soldados, portando listas con nombres de simpatizantes de Allende, allanan puerta a puerta todos los hogares siguiéndoles las huellas.

Se ha informado que al menos uno de los buscados, el secretario general del Partido Socialista, Carlos Altamirano, ha sido muerto “por accidente” durante un combate. Otra fuente ha dicho que al menos 3.000 personas fueron trasladadas a altamar en un barco transformado en prisión. Entre los prisioneros, se cree que se encuentra el miembro del Partido Comunista, el poeta Pablo Neruda, laureado con el Premio Nobel de Literatura en 1971, y ex embajador de Chile en París.
Aunque muchos, sino todos los objetivos a futuro son inciertos, la junta ha dejado bien en claro su determinación de cambiar el rumbo de la política exterior de corte izquierdista que Allende quiso para Chile. Uno de los primeros actos ha sido el cortar relaciones diplomáticas con Cuba, que Allende reconoció apenas asumió el poder, desafiando las restricciones impuestas por la OEA.

Transcurridas unas horas después de la muerte de Allende, 150 cubanos fueron enviados al aeropuerto Pudahuel y puestos a bordo de un avión rumbo a su país de origen. Entre ellos se encontraba la hija de Allende, Beatriz, quien se encuentra casada con el embajador cubano.

Castro, quien ha sido un aliado entusiasta de Allende, ha embestido diciendo que “el imperialismo norteamericano ha derribado un movimiento revolucionario”. Los políticos de todo el continente han manifestado su horror ante la muerte de la democracia chilena. El presidente mexicano Luis Echeverría, quien prestó apoyo moral y financiero al gobierno de Allende, ordenó el retiro de su embajador y ofreció asilo político a todos los chilenos que lo soliciten, específicamente a la viuda de Allende. Ella inicialmente lo rechazó, pero a finales de la semana cambió de opinión y aceptó la oferta. El gobierno mexicano ha decretado tres días de duelo nacional, por primera vez ordenado en honor a un gobernante extranjero desde el asesinato de John F. Kennedy.

En el resto del mundo, ha habido señales claras de que el presidente chileno se ha ganado el estatus de mártir para los radicales, junto a Patrice Lumumba del Congo (hoy llamado Zaire) y Che Guevara. En París, una multitud de 30 mil personas ha marchado por las calles gritando la consigna “fuera los asesinos y la CIA”. En Roma, hubo cese de labores y discursos proclamando que “Allende es una idea que no muere”. Incluso políticos moderados han lamentado públicamente que una república haya sucumbido al dominio de una junta militar. El gobierno de Alemania Federal, por ejemplo, ha expresado su “profunda consternación” y su esperanza de que “la democracia retorne a Chile a la brevedad”.

Pero hay un país que ha brillado por su silencio: Estados Unidos. La administración Nixon se opuso a Allende desde que se anunció su triunfo electoral en la elección presidencial de 1970. La hostilidad de Washington se incrementó luego que Allende nacionalizó por completo las minas de cobre y otras propiedades industriales de compañías norteamericanas, negándose a pagar compensaciones. Las relaciones entre ambos países empeoraron aún más cuando se supo que la multinacional ITT había ofrecido al gobierno de EEUU más de 1 millón de dólares para evitar la elección de Allende, y que sostuvo reuniones con la CIA para buscar formas de mantenerlo lejos del poder.

La administración Nixon hizo todos los esfuerzos posibles para poner en aprietos a Allende, principalmente ejerciendo presiones financieras en organismos internacionales como el Banco Mundial. En agosto de 1971, como resultado de los reclamos de EEUU que el endeudado Chile era un país riesgoso, el Banco de Exportaciones e Importaciones negó un préstamo de 21 millones de dólares para que la aerolínea Lan Chile comprase tres jets Boeing, a pesar que la empresa tiene un historial de pago impecable. Las exportaciones de EEUU a Chile en total cayeron un 50% durante los tres años de Allende.

Apoyo militar
Pero el Pentágono mantuvo relaciones en términos bastante amistosos con el alto mando chileno. El año pasado, por ejemplo, EEUU entregó 10 millones de dólares a la fuerza aérea chilena para la compra de aviones de transporte y otros equipos. Tan sólido ha sido el intercambio militar que, de hecho, se rumoreaba en Washington que la semana pasada que varios oficiales norteamericanos se enteraron del golpe de estado 16 horas antes de que ocurriese.

Los voceros de la Casa Blanca han negado que el gobierno estaba al tanto de estos hechos antes que ocurriesen. Insisten que ha habido muchos rumores, en distintas fechas, de un posible golpe. Pero nada concreto se supo hasta que efectivamente La Moneda ardió en llamas. En cualquier caso, EEUU no puso en alerta a Allende debido a que haberlo hecho se consideraría el intervenir en los asuntos internos de otro país. La explicación evidentemente no ha sido convincente como para despejar las sospechas que EEUU ha desempañado un papel central en la elaboración de un plan para derrocar al presidente chileno.

Gran parte de la culpa de la caída de Allende la tiene él mismo. Las políticas fiscales de su gobierno arruinaron la economía. Siempre un importador neto de alimentos, el país debió importar aún más debido a la reducción en la producción agrícola culpa de las reformas agrarias de aplicadas bajo su administración. Como propietario de las minas de cobre, el gobierno se encontró en serias dificultades cuando cayó el precio del mineral. Las reservas extrajeras sumaban $345 millones cuando Allende asumió la primera magistratura de la nación. A finales del año pasado habían desaparecido por completo, y Chile se vio obligado a solicitar una reprogramación de sus más de $2.500 millones en deuda externa. El país se polarizó de tal modo que Allende estaba bajo ataques simultáneos de derechistas, que reclamaban su extremismo de izquierda, y de la propia izquierda que lo consideraba demasiado blando.

Pocos chilenos fueron neutrales respecto a su figura. Aunque su lujoso estilo de vida disminuyó casi impercetiblemente, los ricos (5% de la población que controla el 20% de la riqueza), lo detestaban por expropiarles sus propiedades, que son la fuente de su riqueza. La clase media, aruinada por la inflación y asediada por la escasez de productos, se encontraba furiosa e irreconciliable. Cientos, quizás miles de chilenos abandonaron el país. Otros que se quedaron han mantenido sus pasajes aéreos a mano en caso de una emergencia.

A pesar de todo, Allende tuvo muchos admiradores. Algunos ni siquiera socialistas, por ejemplo algunos liberales simpatizantes de su causa quienes abrigaron esperanzas de que quizás podría remediar la inmensa brecha entre ricos y pobres. Éstos últimos, principalmente campesinos y obreros, lo idolatraban. “Tendría que ser muy hipócrita para decir que soy presidente de todos los chilenos”, comentó en una oportunidad. Ellos escuchaban atónitos los discursos de el “Chicho”.

Allende dormía solo cinco horas y se pasaba gran parte del tiempo haciendo declaraciones. “Trabajar por el pueblo es un placer para mí”, declaró con grandilocuencia. Allende impresionaba a los visitantes por ser un administrador notable. Era un hombre de línea dura pero no un temerario. Un diplomático norteamericano que lo conocía ha dicho que “cuando se trataba de ganarse el afecto de la gente para hacer algo, Allende dejaba chico a Lyndson Johnson”.

A pesar de ser partidario del marxismo, Allende disfrutó de la buena vida. Bebía buen whisky, gustaba del golf, y amaba los mejores vinos. Además de su residencia particular, tenía una casa de descanso a la cual se llevaba a los amigos, y mujeres, donde los agasajaba con exquisitas carnes asadas. Allende se vestía con ropas sofisticadas pero manteía un estilo casual, usando jerseys de cuello incluso en la oficina presidencial. De hecho, se dice que usaba un jersey blanco al momento de su muerte. Después que los enfrentamientos culminaron la semana pasada, el gobierno militar transmitió un reportaje televisivo mostrando el lujoso guardarropas del presidente y sus estantes repletos de licores importados y alimentos. El mensaje era indiscutible: mientras sus simpatizantes hacían largas colas para comprar alimentos básicos,

Allende disfrutaba del estilo de vida que él tanto criticaba.
La familia de Allende proviene de la época de la fundación de Chile. Su abuelo, también doctor, fue un gran maestro de una logia masónica y dio inicio a las primeras escuelas laicas en Chile, país predominantemente católico. El padre de Allende fue notario, y murió mientras su hijo cumplía una de sus muchas sentencias de cárcel por participar en actividades socialistas. Allende fue autorizado para asistir al funeral de su padre. En su tumba pronunció un discurso improvisado en el que se conminó a sí mismo a luchar por la libertad, a defender el puebo y lograr justicia social. Se graduó de doctor pero renunció a la medicina para dedicarse a la política. Buscó con tenacidad la presidencia del país hasta que en su cuarto intento finalmente logró la nominación.

Una vez en el poder, Allende rápidamente buscó cambiar la economía chilena. Su antecesor demócrata cristiano, Eduardo Frei, ya había impulsado las reformas agrarias e inició la participación gubernamental en el sector industrial. Pero Allende dio inicio a un programa mucho más profundo de operación y propiedad estatal, comenzando con apropiarse por completo de la explotación del cobre, cuyos dueños norteamericanos habían sido deplorablemente lentos en preparar a los empleados chilenos para trabajos mejor remunerados y de mayor sofisticación. Teléfonos, electricidad, acero y cemento fueron nacionalizados, junto con los bancos tanto extranjeros como nacionales. Los sindicatos comenzaron a administrar las nuevas plantas que aparecieron en el cordón industrial de Santiago, cercanos a los barrios de clase media. Con el consentimiento tácito del gobierno, los campesinos se tomaron enormes porciones de tierras cuyos patrones se encontraban ausentes, aunque en su entusiasmo también se apoderaron de las tierras de pequeños agricultores.

Allende cometió al menos dos errores políticos cruciales. Primero, olvidó (o ignoró) el hecho de haber asumido el poder como ganador de una minoría. En la tumultuosa elección de 1970, Allende superó a los otros dos candidatos, pero ganó sólo el 36,3% de los votos. Tal como lo establece la Constitución, el Congreso Nacional debía elegir al ganador. Siguiendo la tradición, se designó a Allende, quien había obtenido más votos que los candidatos restantes. Por esta razón se convirtió en presidente aunqe dos tercios del electorado prefería a otros candidatos. Pero ejerció el poder como si todo el país lo apoyase.

Los cacerolazos
El segundo error fue asumir que las clases medias y altas aceptarían plácidamente su “vía chilena al socialismo” mientras todo fuese hecho dentro de los márgenes constitucionales. Esto nunca ocurrió. “Si tenemos que quemar la mitad de Chile para salvarnos del comunismo, así lo haremos”, amenazó Roberto Thieme, líder del grupo de ultra-derecha Patria y Libertad. Hubo más oponentes, de tipo moderado, que fueron menos drásticos pero de igual convencimiento en su rechazo a los planes de Allende de expandir el sector estatal. Los partidos de Oposición, mayoritarios en las dos cámaras del Congreso Nacional, lucharon contra su gobierno durante todo su mandato.

Uno de los sectores más decididamente opuestos a Allende fueron las mujeres chilenas, quizás las más liberadas de América Latina. A medida que los ocasionales días sin carne se convertían en semanas enteras, organizaron la “marcha de las cacerolas vacías” en 1971 para graficar el constante encarecimiento de los alimentos y su posterior escasez. El sonido de los cucharones golpeando las cacerolas comenzó en uno de los distritos de la capital y se extendió a todo Santiago, lo que disgustó al gobierno. Hace dos semanas, después que los simpatizantizantes de Allende montaron una concentración masiva en la Plaza de la Constitución para celebrar el tercer aniversario de su elección, 100.000 mujeres se agolparon a las calles al día siguiente para manifestar su rechazo. Fueron dispersadas con gas lacrimógeno.

La principal causa de la caída de Allende fue su incapacidad para apaciguar la seguidilla de paros nacionales, originadas no por los sindicatos izquierdistas sino por los implacables enemigos que tenía el presidente en la clase media. A comienzos de este año, los trabajadores de El Teniente, la mina de cobre subterránea más grande del mundo, marcharon por 74 días para conseguir aumentos salariales que costarían al gobierno alrededor de 75 millónes de dólares en reducción de ingresos.

Se extiende el descontento
Tres semanas después de llegar a acuerdo con los huelguistas del cobre, el poderoso gremio de los camioneros (casi todo el comercio nacional se transporta vía terrestre) inició una nueva paralización. Primero pararon en octubre, por quejas sobre la falta de repuestos y los mayores costos operacionales aplicados por el gobierno. Esta vez culparon a Allende por no cumplir con lo pactado el año pasado para solucionar ambos problemas. Este nuevo paro costó al país alrededor de 6 millones de dólares diarios, perjudicando el abastecimiento de alimentos al país, al tiempo que el combustible comenzaba a escasear y los cultivos de cereales cernían una amenaza al país ya que las semillas y fertilizantes no pudieron entregarse a tiempo.

Aunque el país comenzó a sobrevivir con raciones más pequeñas, los camioneros se encontraban inesperadamente bien preparados para un largo paro. Recientemente, el corrsponsal de TIME Rudolph Raunch visitó un grupo de camioneros que acampaban en las cercanías de Santiago y quienes disfrutaban de cantidades prodigiosas de carnes, ensaladas, vinos y las típicas empanadas. “¿De dónde proviene el dinero para todo esto?”, preguntó nuestro corresponsal. “De la CIA”, le contestaron los camioneros en medio de carcajadas. En Washington, la CIA lo negó.
Mientras tanto, la polarización política de Chile continuaba, con Allende al parecer incapaz de cambiar las cosas. Las protestas de los camioneron incitaron a protestas esporádicas de médicos, dueños de locales comerciales, choferes de la locomoción colectiva y taxistas, todos furiosos por la creciente inflación (300% en los primeros seis meses del año) y con sueldos magros. Para evitar el caos, el presidente trató de llegar a un acuerdo con uno de los partidos opositores, la Democracia Cristiana. Nada se pudo conseguir porque el partido está completamente fraccionado. Uno de estos sectores hizo un llamado para apoyar al gobierno. Otros, dirigidos por el ex presidente Eduardo Frei, se decidieron a provocar el derrocamiento del gobierno negándose a cooperar.

En un esfuerzo por reducer la oposición de la derecha y para asustar a los camioneros, Allende persuadió a los comandantes de las fuerzas armadas para que se uniesen al gabinete de gobierno. Este fue un error grave, ya que politizó a los militares, quienes trataron de mantenerse por sobre las diferencias entre partidarios y detractores de Allende. El resultado fue un constante cambio en la designación de puestos políticos.

Hace menos de diez días después de su designación como ministro de obras públicas, y con la responsabilidad de solucionar el paro de los camioneros, el general del aire César Ruiz Danyau renunció, acusando al gobierno de no darle suficiente autoridad. Facciones anti-allendistas dentro del ejército obligaron al general Carlos Prat Gonzalez, comadante en jefe del ejército, a renunciar a su cargo de ministro de defensa. Fue reemplazado por el general Pinochet, quien es hoy el presidente de la junta.

La Democracia Cristiana se ha reagrupado y recibido el golpe con júbilo. Han emitido un comunicado de prensa, previamente aprobado por la junta, donde deploran la violencia pero ofreciendo su apoyo a los nuevos líderes del país. La declaración del partido continuó con su convencimiento de que el poder pronto será devuelto “al pueblo soberano” apenas “la junta termine sus difíciles tareas”.

Historia trágica
La semana pasada, el nuevo ministro del interior, el general Bonilla, prometió que Chile volverá a tener un gobierno civil, pero no aclaró cuándo. La mayoría de los analistas asume que los militares permanecerán en el poder por un buen tiempo, todo el tiempo que sea necesario para borrar cualquier vestigio de marxismo en el país.

La democracia siempre ha sido una de las víctimas de la trágica historia sudamericana de violencia y agitación. Hoy, el 70% de los 200 millones de latinoamericanos viven bajo algún tipo de gobierno militar. En muchos casos, los oficiales han derrocado a líderes populistas o izquierdistas, como el caso de Joao Goulart en Brasil o Jacobo Arbenz en Guatemala, quien trató de cambiar las rígidas estructuras oligárquicas del país. Allende es el caso más reciente de un reformador de este tipo, con grandes ambiciones pero que culminó en un fracaso.

La junta militar chilena ha tenido éxito en su objetivo principal: deshacerse de Allende. Pero la pregunta es, ¿a qué precio? Como inspiración espiritual para la izquierda, Allende puede resultar más poderoso muerto que vivo. Por otro lado, su derrocamiento puede convencer a los más radicales de que la forma más segura para el socialismo es la revolución violenta, reprimiendo a todos los disidentes. Ciertamente, este “hombre honesto, no creyente” jamás será olvidado por los más pobres en Chile, quienes ya lo consideran un santo secular. Lo que significa que la próxima vez que un líder marxista aparezca en Chile, su métodos probablemente no serán pacíficos.

* Uno de los edificios atacados por las tropas chilenas fue la sede central del Partido Comunista en Santiago, que aparece en la portada de TIME con un lienzo de Allende sobre su fachada.

sábado, 18 de agosto de 2007

El virus de la religión

Se acerca otro aniversario del fatídico nine eleven, o 9/11, como dicen los norteamericanos. En Chile Liberal mucha energía hemos dedicado a combatir las inmoralidades de la iglesia del vaticano, pero existe otro enemigo, igualmente peligroso... o incluso más mortífero. Al cristianismo lo hemos moderado gracias a hombres valientes como Galileo, Voltaire, Diderot, Darwin. A la epidemia musulmana aún nadie le ha puesto atajo.

Hasta que el profesor Richard Dawkins decidió viajar a Jerusalén, lugar donde las tres religiones monoteístas del mundo generan guerras que repercuten en todo el planeta, siendo la destrucción de las Torres Gemelas, el centro neurálgico del libre comercio mundial, una de las muchas consecuencias del odio que emana de estas supersticiones organizadas. Las religiones no sólo son falsas, sino que por su propia naturaleza, peligrosas. De ahí que el biólogo inglés las califique como virus.

Invito a todos los amigos a que vean el siguiente clip, de sólo 5 minutos y subtitulado en castellano, pero les garantizo que estas imágenes no los dejarán indiferentes. Verán la cara misma de un sujeto destruido por la religión, y comprobarán que el dios monoteísta no es amor ni mucho menos. La actitud del profesor Dawkins es notable. En situaciones como ésta es difícil mantener la calma, pero él interpela al religioso ése, quien no sólo desea destruir nuestro mundo y someternos a su dios, el verdadero, sino que gratuitamente insulta a nuestras mujeres tratando a las occidentales de "putas". Dawkins no aguanta y lo reprocha, pero nada se puede hacer contra un sujeto infectado por la religión.

Es imperativo conocer a nuestro enemigo, y estar preparados para defendernos. Vean el clip (y otros vínculos a continuación para quienes deseen profundizar).





Para profundizar...
Quienes deseen conocer más al profesor Richard Dawkins, les invito a ver el documental La raiz de todo el mal: El virus de la religión, especie de ensayo visual donde el notable científico inglés argumenta:

  • La moralidad religiosa es inflexible y perversa
  • El adoctrinamiento religioso a niños infecta generaciones y ataca a los jóvenes.

Pues acá van los vínculos. (Cada módulo es de 9 minutos aprox.)

El virus de la religión - Parte 1
El virus de la religión - Parte 2
El virus de la religión - Parte 3
El virus de la religión - Parte 4
El virus de la religión - Parte 5

lunes, 30 de julio de 2007

Arturo Prat: demente, inhumano, mal estratega

¿Tradición naval? Una monstruosidad. Sólo ron, sodomía, rezos, y golpizas
-Winston Churchill

Muchachos, la contienda es desigual. No entiendo entonces por qué Prat dió una batalla sabiendo a priori que iba a perderla. Más aún, cuando deja a 140 chilenos muertos y 62 heridos, sin considerar el irreparable sufrimiento que estos muchachos muertos dieron a sus mujeres o novias, y a cuántos niños habrán dejado sin padre, aparte de la pérdida de recursos humanos en una guerra donde estábamos en desventaja. Capitán Prat, si la contienda es desigual, si la corbeta Esmeralda era roñosa en comparación con el monitor Huáscar, si en esos momentos habíamos ocupado Iquique, territorio peruano, y más aún, apenas un peruano murió en combate, no entiendo qué tiene usted de valioso para Chile ni para nadie. Usted fue un demente, inhumano, y muy mal estratega.

El famoso al abordaje, muchachos fue la guinda de la torta. ¿A quién trataba de impresionar Prat? Ya habíamos perdido por no contar con un plan apropiado de defensa. Seguro que al saltar al Huáscar, él sólo podría lidiar combate contra todos los marinos peruanos. Le mandaron un balazo al energúmeno capitán chileno y punto. El resto de la tripulación fue aniquilado o murió ahogado. Gracias a la grandeza moral del capitán de navío Miguel Grau (a quien los chilenos en Punta Angamos mataron de un cañonazo), se logró al menos salvar a 62 marinos chilenos de esta carnicería inútil.

Arturo Prat no fue pragmático. Dicho de otro modo, no fue liberal. Ante el poderío del contrario, lo lógico era reconocer y admitir la realidad de la situación. La escuadra peruana era mucho más poderosa que la chilena en cuanto a poderío bélico. Había que rendirse no por una cuestión de cobardía, sino para evitar aún más pérdida humana. Nunca se ha arriado nuestra bandera ante el enemigo, continuó Prat, como lo sabe cualquier chileno ya que se nos ha transmitido este meme en nuestra infancia. En todo caso, es cierto que nunca se ha arriado nuestra bandera. De hecho, la Araucanía fue el único lugar donde se opuso resistencia a los ataques de los invasores católicos. Pero lo concreto es que en Iquique, el 21 de mayo de 1879, no había posibilidad alguna de ganar ese combate, y el capitán Prat no hizo otra cosa sino arrojar a la muerte a su tripulación y perder personal absurdamente en una batalla inútil, en el contexto de una guerra que de todos modos íbamos a ganar. La demencia de Prat en ningún caso contribuyó a ganar el conflicto, todo lo contrario, él mismo protagonizó una bochornosa derrota.

Los japoneses no sienten afecto por los kamikazes. Nadie puede sentir admiración por entregar la vida en una guerra donde sólo está en juego una frontera. ¿Por qué tanto patrioterismo ordinario en la Derrota Naval de Iquique?

En cuanto a rendirse ante el enemigo, la arenga de Prat prosiguió (aún lo recuerdo) con espero que esta no sea la ocasión de hacerlo. Capitán, usted estaba mal de la cabeza. No había por dónde ganar la batalla. Su tripulación además tuvo que ser rescatada por el enemigo, tal como los soldados conscriptos argentinos cuando fueron salvados por los marines ingleses durante el conflicto de las Falklands.

Mientras yo viva, esa bandera flameará en su lugar. Correcto, capitán. Salvo que la bandera terminó en el fondo del mar con los cadáveres sin vida de su propia tripulación. No olvidemos: apenas murió UN peruano en combate. UNO.

Con un tono casi profético, el capitán Prat nos dice y si yo muero, mis oficiales sabrán cumplir con su deber. El deber es resistir ante el contrincante, no necesariamente morir ante él en un acto suicida. La verdad es que este combate es nauseabundamente eufórico, muy poco inteligente. Como estratega, Prat fue deplorable. Digamos que fue él quien patentó el infame concepto del “triunfo moral” del chileno, e inició la senda del “derrotismo”, tan nuestro. Prat es la personificación del triunfo moral. No logro entender qué tanto le celebramos.

Carlos Condell, un gran estratega, pero también inhumano
En cambio, un gran líder militar fue Condell al mando de la Covadonga, quien en el siguiente combate,
en Punta Gruesa, logró asegurar una victoria para Chile. El capitán Arturo Kamikaze Prat, en cambio, es el que se ha robado la película. Quizás algún siquiatra con talento para la sociología nos explique el verdadero culto a la figura de Prat, quien se ha erigido como un santo secular, un intocable, un capitán que arrojó a la muerte a sus muchachos y cuya derrota se ha designado como el inicio de nuestro período legislativo ordinario, que al juzgar por lo lento e ineficiente del trabajo (y la corrupción que ha costeado las campañas) se ha convertido en un período bastante ordinario, en el sentido de rasca. La presidenta además emplea la ocasión para dar cuenta al país de lo poco y nada que hemos avanzado desde los tiempos de Prat.

La viejísima corbeta Esmeralda fue asignada a Prat debido a su mediocre desempeño como oficial. En cambio, el competente y sagaz Condell logró asegurar una victoria chilena desobedeciendo a Prat. Cuando el Capitán Kamikaze pregunta ¿ha desayunado la gente? se viene a la mente el horror de la muerte. ¿Qué sentido tiene desayunar cuando sabemos que vamos a morir? Prat prosiguió con reforzar las cargas y a cumplir con el deber, ante lo cual Condell contesta con un lacónico all right, siguendo la tradición inglesa que había iniciado Lord Cochrane (ver la cita al comienzo de este artículo). Ese "all right" probablemente representa la impotencia del subordinado al ver la incapacidad y la falta de sentido de humanidad del superior jerárquico. ¿Qué hace Condell?, se pregunta Prat, cuando ve cómo el comandante de la Covadonga hacía caso omiso de sus absurdas órdenes; desde luego, Carlos Condell fue un gran estratega e iba a lograr un triunfo naval chileno a pesar de Prat. Desgraciadamente, luego de hacer varar a la Independencia, Condell ordenó asesinar a los peruanos que ya se habían rendido, mientras que Grau ordenaba rescatar a los chilenos sobrevivientes del hundimiento de la Esmeralda gracias al incompetente, lunático y suicida Arturo Prat Chacón.

Como conclusión, podemos decir que Prat fue el gestor de una carnicería inútil, beatificado y santificado por un país que, por su peculiar idiosincrasia, adora la derrota y festeja terceros lugares.

El spot de BancoEstado
Ya hay voces, los de siempre (
aquí, aquí y aquí) exigiendo que se retire del aire un spot donde se caricaturiza al chiflado e incompetente Prat. La verdad es que el año 2007 ha sido nefasto para la libertad de expresión: primero el gobierno llamando a la censura sobre Epopeya, luego la curia romana con Papa Villa dando un triste espectáculo, y ahora las Fuerzas Armadas con el famoso comercial del banco. Llama la atención que aún existan en el mundo occidental estas figuras “intocables”, quienes apenas alguien las critica o las pone en su lugar, saltan los Conservadores y llaman a la censura. Nadie es intocable y en una sociedad sana debe prevalecer siempre la libertad de expresión.

En el epistolario de El Mercurio leemos las siguientes joyas:

- No se puede pretender que una mofa antipatriota ayude a una promoción comercial.

Correcto. Pero es el consumidor quien decidirá, no pretendamos atribuirle a algún sujeto específico el don de decidir por el resto.

- Nadie puede dudar de la vida de Arturo Prat, que como hombre, como marino, como jefe de familia, como abogado, como profesor que a los 33 años murió en defensa de su patria, para que de un plumazo se le exponga al ridículo ante la ciudadanía que lo conoció en sus colegios como un héroe, ejemplo para la juventud.

La vida de Arturo Prat nos muestra un estudiante mediocre, un jefe de familia que prefiere dejar viuda a su mujer y arrojar a la muerte al resto de sus muchachos, como abogado no fue notable, y fue asignado a la Esmeralda por ser un oficial con capacidades más bien discretas. ¿Héroe para la juventud? Ser un kamikaze es un ejemplo nefasto.

- (...) falta de respeto a nuestros valores patrios, a nuestra sociedad y, especialmente, a la figura del comandante Prat.

El llamado a la censura por parte de sectores castrenses es el verdadero insulto a la sociedad. La figura del comandante debe ser Prat es más bien objeto de curiosidad y no de culto.

- Resulta incomprensible el afán de algunos de mancillar la memoria del capitán Prat, cuando resulta que justamente en estos tiempos lo que más necesitamos como sociedad es rescatar los valores de familia y amor a la Patria.

Resulta más bien incomprensible el afán de algunos de exaltar figuras: triste el país que necesita de falsos ídolos para exaltar sus valores. Recordemos que un país es el resultado de la unión voluntaria de sus miembros.

- Lo preocupante del tema va más allá. ¿Cómo una empresa fiscal (BancoEstado), organismo de Gobierno, financia una blasfemia de esta naturaleza?

El hecho que un organismo (semi-) estatal exista es la verdadera blasfemia. !A privatizar este banco, y Codelco también!

La obra "Prat"
Ya se montó hace un tiempo la obra de teatro "Prat", ante la cual los sectores castrenses una vez más llamaron a la censura y a la represión de la libertad de expresión. Si alguien considera que dicha obra fue inmoral, pues muy fácil: no la vea. Si no le gusta el spot del banco, ídem: cambie de canal. O por último, cámbiese a otro banco.

Reflexiones sobre la guerra
Comenzamos este artículo con una cita de Churchill. Durante la “Batalla de Inglaterra”, el ex Primer Ministro inglés agradeció a los pilotos de la democracia parlamentaria británica y pronunció la célebre frase en la historia de los conflictos humanos, nunca tantos han debido tanto a tan pocos. Ciertamente, en la lucha contra
los nazis estaba en juego no sólo una frontera, sino que la libertad misma de la humanidad. La Guerra del Pacífico fue una victoria de la República Liberal chilena, que al contrario de lo que se cree en algunos países aledaños a Chile, nuestros precursores liberales jamás buscaron el conflicto. Al contrario. La Guardia Nacional se desmantelaba, también se disminuía la cantidad de oficiales navales, siendo Arturo Prat uno de los oficiales prescindibles (de ahí que se la asignase a la vieja Esmeralda).

Si bien no podemos, por la naturaleza liberal de este sitio, exaltar la guerra, debemos decir que en ocasiones la humanidad debe tomar las armas y defenderse. En dicho momento, nuestra propia democracia parlamentaria, incipiente e imperfecta, era sin duda una de las más avanzadas de su época. La guerra se ganó para defender los ideales libertarios de nuestra república: la tumba de los libres, o el asilo contra la opresión. Si es necesario crear estos "santos seculares", la idea es que al menos haya sido uno con sentido humano, disciplinado, lúcido y un estratega brillante. Arturo Prat no cumple con ninguno de estos requisitos.