domingo, 18 de julio de 2010

El "efecto Glee"

Un programa de televisión nos obliga a revisar los sistemas educativos del mundo

Estados Unidos posee una capacidad irrefrenable de producir cultura popular. La exitosa serie Glee, nominada a la impactante cantidad de 19 premios Emmy, es una muestra más de la hegemonía cultural gringa.

Glee es la historia del coro del ficticio liceo William McKinley, en Ohio, por estos días el conjunto coral más famoso del planeta. Al menos, Vuestro Modestísimo Servidor así se ha enterado gracias a que sorprendí a Chanchi tipeando en el buscador Google las infames palabras: "Glee torrent". Doy testimonio de que conozco a una más de la devotas de las aventuras del profesor Will Schuester, la alumna Rachel Berry, y todo el resto. El argumento es bastante simple. Un coro se forma en una escuela, y una profesora quiere destruirlo. Los chicos se juntan a ensayar arduamente por varias horas mientras, en paralelo, y entremezclándose con la música, deben enfrentar todos los problemas de su edad (embarazo adolescente, entre otros), aparte de la enemistad declarada de otros en la escuela, especialmente la odiosa profesora de deportes. En un dramático final de temporada, el Club Glee se presenta a un concurso con otras escuelas. En el país que más idolatra el happy end y el exitismo, nuestro club termina en... ¡segundo lugar! La desazón es total, pero las expectativas para la segunda temporada son enormes.

Entre los fanáticos de esta serie se cuenta al ex primer ministro Gordon Brown, y a alguien mucho más relevante en aquel país, el capitán de la selección inglesa Wayne Rooney (ver fuente). No pocos especulan que el bajo rendimiento de Rooney y sus colegas en Sudáfrica 2010 se debe al estrés por perderse la final de Glee. Si es para tanto, dejo la duda. Pero está claro que esto ya es un fenómeno preocupante.

La importancia de la escuela
Es que los colegios y liceos son el laboratorio donde se forma a los futuros trabajadores de la economía del conocimiento, quienes se enfrentan al desafío de tener que convertirse en gente pensante, inquisitiva, y además creativa. Ya pasó la era agrícola en que se necesitaban muchos hijos para labrar los campos, así como pasó la era industrial en que los millones de obreros formaban sindicatos y causaban estragos. Hoy debemos formar otro tipo de personas, algo que nuestros administradores educativos no entienden.

Los liceos de Chile, en particular, son lo opuesto. En la angosta faja se premia la obediencia, y se expone a los alumnos a profesores mal entrenados y peor remunerados, además de constreñidos por las absurdas reglas que dicta un burócrata desde una lúgubre oficina en el centro e Santiago, lo que termina por atrofiar por completo la creatividad de los estudiantes, despilfarrando no sólo recursos sino que los años mozos de una generación tras otra. Por su parte, los alumnos, muchos de ellos no preparados para la formación intelectual, se transforman en jaurías de pelusones ineducables. Esta triste realidad es la misma en muchos países del globo. En contraste, el Club Glee es un espacio donde los estudiantes pueden cantar, tocar instrumentos e interpretar las canciones más emblemáticas de la cultura popular anglosajona.

Detrás del Club Glee
El libreto fue escrito principalmente por Ryan Murphy, quien proviene de en una familia católica-irlandesa conservadora, criado en los principios católico-romanos más tradicionalistas. Luego de confesar su homosexualidad a su familia se sometió a un tratamiento para curar su "enfermedad", hasta que los especialistas le dijeron que él no sufría de problema alguno. En su adolescencia él mismo participó en el coro de su escuela lo que le motivó a escribir la historia de Glee.

Murphy por supuesto que fue a un coro de esos deprimentes y aburridísimos, donde los niños entonan loas a la virginidad de María y agradecen que Jesús fue asesinado. Cabreado, inventó la historia de un club donde los chicos cantan desde Ice Ice Baby, de Vanilla Ice, hasta Lady GaGa, pasando por Don't stop believing de Journey o Total eclipse of the heart de Bonny Tyler. ¿No les parece esto muchísimo más estimulante? Ya algunos padres están frunciendo el ceño por ver a los adolescentes felices cantando temas de naturaleza abiertament sexual, como los de Lady GaGa (un capítulo entero dedicado a ella). Es avergonzante la actitud que en Norte y Sud-américa se cría a los niños: como angelitos, puros, ajenos a cualquier estímulo sexual, a pesar que desde más o menos los 8 ó 9 años las hormonas entran en ebullición y deben encontrar una válvula de escape. Arrestos de la personalidad en esta etapa finalmente degeneran en una sexualidad reprimida, que no madura, y que compele a varios a "meterse a cura", para luego en la adultez sentir irrefrenable atracción sexual por púberes. En la medida en que los niños y jóvenes pasen su tiempo en actividades estimulantes, estructuradas, y bajo la supervisión de un adulto, estamos causando enorme dañando a una nueva generación de estudiantes, como lo han hecho y siguen haciéndolo casi todos los sistemas educaciones del mundo.

Cuando vemos Glee a los grandotes nos dan ganas de volver a la escuela, y a los chicos les dan ganas de tener una escuela distina. La historia no es color de rosa ni mucho menos. Las intrigas, malas jugadas, odios, situaciones como reconocer la homosexualidad o los embarazos adolescentes, todos se entremezclan en este liceo de Ohio. Lo que lleva a Chile Liberal a insistir que los planes de estudio deben dar paso a un nuevo concepto de educación, donde se reconozca que no sólo los contenidos que se enseñan o intentan enseñar son valiosos, sino que el desarrollo emocional y la expresión artística tiene mucho más valor. Es hora de dejar que cada escuela decida por sí misma qué quiere hacer, y no asfixiar a los Will Shchuesters que quieran formar un coro. Es momento de eliminar los planes de estudio que un burócrata de traje gris mal ajustado quiere imponer, y dejar que fluya la creatividad. Si no se elimina por completo, al menos una reforma radical del ministerio de Educación es imperativa.

Después de cada episodio de Glee, iTunes ve como los temas interpretados son descargados por montones. El aumento de niños que quieren integrarse a un coro, o formar uno, ha aumentado explosivamente en cada país done se transmite Glee. Esto sirve para alejar a la juventud de las calles, la vagancia y los vicios, y para que cada cual explote su potencial. Si los estudiantes saben o no en qué año murió Arturo Prat me da lo mismo. Prefiero que sepan las letras de Lady Gaga.

Me pregunto si después que Canal 13 transmita Glee, algún personero del ministerio de Educación se dará cuenta de que, básicamente, todo esfuerzo por educar ha sido y es un fracaso.

Les invito a leer:
The Glee Effect (Telegraph)

Y un video, para todos los que nunca han visto a un miembro del sindicato de profesores bailando rap

6 comentarios:

Troll dijo...

Creo que es exagerado dejar de lado la formación histórica y cultural del país donde uno vive. Eso primero y es solo una opinión.

Respecto de lo dicho en cuanto a actividades que alejen a los niños de las calles, estoy en completo acuerdo con ello. Mi único pero sería el tipo y cantidad de actividades que pueden encompasarse en la edad escolar. Lo que pasa es que los colegios chilenos finalmente actúan como un campo de concentración emocional e intelectual para los niños, apoyado todo esto por profesores celosos y padres sobreprotectores.

Estuve en un colegio "inglés" y la actividad primordial era el rugby, el atletismo y el fútball. Muy poco orientado a lo académico. En 8vo me cambié a un colegio "alemán", donde lo primordial era el volleyball, el atletismo y juntarse fin de semana por medio en el colegio, PERO CON LA GENTE DEL COLEGIO. Lo mismo sucedía en el primer colegio con los deportes. Los colegios deben ser más abiertos, más inclusivos de actividades que pueden guardar mucha relación con lo que se enseña en esa época.

Actualmente, mi agenda se compone de un sinfin de actividades recreativas: Estudiar, jugar diversos tipos de "tabletop games" (No ahondaré en cuales), deportes de alto y bajo impacto, pasar tiempo con mis amigos y familia, etc... Esas cosas deben incluirse en planes de diversidad en los colegios y no debe solo privilegiarse lo que el colegio estima es lo mejor para el desarrollo de la persona.

Saludos.

Chile Liberal dijo...

@Troll: recordemos el caso de la comunicadora y ex modelo Macarena Tondreau cuando declaró que Manuel Rodríguez fue presidente de Chile. Asumo que la mina fue a un colegio bueno. ¿De algo sirvió educar a esa mujer? Pues no sirvió de nada. Asumo se educó en un colegio particular, de otro modo, cualquier recurso público destinado a su educación fue dinero desperdiciado.

Me parece que se sobre-estima la importancia de la formación intelectual. Al respecto hay una excelente conferencia en TED Talks, Sir Ken Robinson la educación mata la creatividad.

Ojalá algunos de los encargados de la educación chilena vean dicha conferencia donde en apenas 15 minutos se invita a reformar radicalmente todos los conceptos de educación.

Yo soy un fervoroso admirador de los esfuerzos de los primeros liberales, en su mayoría secularistas, que en el siglo XIX hicieron grandes esfuerzos por brindar instrucción a las masas, incluso desafiando a la iglesia de Roma, que se arrogaba el monopolio para abrir escuelas (en efecto, retardando el avance de la educación).

Pero ya estamos en el siglo XXI y los conceptos decimonónicos pertenecen a otra era.

Troll dijo...

Me parece que se sobre-estima la importancia de la formación intelectual.

Yo creo que no se sobre-estima. ¡Ni siquiera se toma en cuenta en serio! Eso si, debe entenderse la directa relación que hay entre la formación intelectual y el nivel de creatividad. Mucho de lo uno mata mucho de lo otro, y hasta cierto punto viceversa.

Sin la formación adecuada en Derecho, no habría verdaderos reformadores y analistas del Derecho. Sin formación médica y cientifica, no habría experimentación seria. Lo de autodidactas que algunos alegan no me parece una buena razón para entorpecer la educación "formal".

La cura al cancer no va a aparecer de manos de un saxofonista, o al menos suena muy improbable. Lo mismo podría decirse un abogado comprometido tocando Bach despues de unos meses de clases de piano.

Chile Liberal dijo...

@Troll: "La cura al cancer no va a aparecer de manos de un saxofonista", en lo que estamos totalmente de acuerdo. Lo que la educación debe hacer es detectar a quienes tengan talento, incentivarlos y explotar sus habilidades.

Lamentablemente, creo que los genios planificadores de la educación creen que cualquiera puede ser un Einstein, y diseñan unos planes absurdos altamente inapropiados para la masa de estudiantes.

Dejar que los alumnos hagan todo aquello para lo que tienen talento natural es lo más lógico. Como decía la conferencia que vinculé, a una alumna le suministraban calmantes para que aprendiera en la escuela, hasta que algiuen se le ocurrió enviarla a clases de ballet. ¿Resultado? Es una de las ballerinas más talentosas del mundo. Y pensar que en su niñez la trataron de tonta y la mandan a un sicólogo. Ridículo.

Lo peor es que hay estudiantes que tienen el potencial de desarrollar sus capacidades y curar el cáncer, pero el sistema los asfixia.

Troll dijo...

El problema de eso es el incentivo económico que conlleva crear colegios especializados a ese nivel. Más aún, como se puede saber cual es el talento personal de cada ser humano? Me suena a un gasto de capital humano y monetario muy grande.

Por lo demas, es parte de todo padre desear que su hij@ sea lo más exitoso posible y lamentablemente, siguen existiendo carreras o profesiones que son muchísimo más rentables que otras.

El resultado pronosticable de eso es que Papito Estado meta las patas a subvencionar, dar becas absurdas y todo genere una competencia ya no leal y de desarrollo, sino de cortar cabezas entre los "talentosos"!

Cristian Mancilla Mardel dijo...

Como profesor, concuerdo plenamente contigo en cuanto a la necesidad de desechar por completo los programas ministeriales. No niego que ellos pudieran ser aplicados por alguna institución que decida hacerlo libremente, pero es asfixiante que toda la educación del país esté obligada a hacer lo mismo. Lo óptimo sería permitir que cada colegio entregue la educación que quiera entregar sin mediciones del SIMCE de por medio y sin una PSU universal que decida quién entra y quién no entra en la universidad (esto debiera ser definido por cada universidad y por cada carrera, no por el Estado).
Para mí fue catastrófico tratar de hacerles clases, el año pasado, a unos chiquillos que, en su mayoría, querían estar bailando reggaeton, mirando "Morandé con Compañía", bebiendo alcohol, consumiendo drogas y enfrentándose con cuchillos u otras armas en la calle. Así son los alumnos que tuve que tratar de educar, pero yo supe desde un principio que no valía la pena. De todas maneras, yo estaba contratado con propósitos bien claros y que eran distintos de lo que dictaba la condición de mis alumnos, así que no me iba a detener a pensar en eso a la hora de hacer clases, aun cuando estuviera perfectamente consciente de ello. Por esto mismo, sabía que mi trabajo no tenía mucho sentido y que una de las causas era el establecimiento de un programa único para todos los colegios por parte del Ministerio y las mediciones del SIMCE y la PSU.