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domingo, 6 de diciembre de 2009

Un debate caliente



En la cumbre de Copenhague Obama debe ejercer liderazgo
Los líderes del mundo se reunirán en Copenhague para trazar un nuevo itinerario en la siguiente fase de la lucha contra el calentamiento global. La misión es titánica pero fácil de entender: reducir las emisiones de 50 billones de toneladas anuales de gases de efecto invernadero, cifra actual, a menos de 20 billones de toneladas el año 2050. EEUU parece dejar atrás la malicia de los conservadores norteamericanos quienes, bajo la ignorancia de George W Bush, se dedicaron minar la ciencia que proporcionó la evidencia sobre las desastrozas consecuencias del calentamiento global (y recordemos que hasta Ratzinger terminó culpando a los ateos por el cambio climático). Ya no tenemos tiempo para la sempiterna estupidez de los conservadores. Es hora de actuar.

La próxima reunión en Copenhague no debe ser un foro para declamar emotivos discursos sobre el medio ambiente. La conclusión de la IPCC, organismo de la ONU, fue que un aumento de más de 2º C acarrerá consecuencias negativas en el clima del planeta. El mismo panel de expertos concluyó que la temperatura puede aumentar entre un 1º a 6,4º C. Luego, el economista británico Sir Nicholas Stern notó que evitar una catástrofe, si es que se nos encontramos con el escenario por sobre los 2º C, costaría un 1% del GDP mundial. No hacer nada, podría destruir el planeta. En comparación, el salvataje internacional del sistema financiero ha costado 5% del GDP mundial. O sea, salvar al planeta es más barato que salvar a los bancos. Insisto que la estupidez conservadora ya tuvo su momento, ya no es hora de seguir escuchando a los negacionistas.

A continuación, una entrevista que Nick Stern concedió a The Economist


La solución que Stern propone constituye destinar un 0,1% del GDP de los países ricos en mitigar el daño que producen los países en desarrollo. Esta es una cifra prácticamente imperceptible para los habitantes de dichos países. Él mismo sugiere que puede comenzar una nueva etapa en la evolución de la economía mundial con el desarrollo de las tecnologías verdes, que daría paso al mayor vigor económico que se haya visto. Si el señor Obama quiere complacer a todos quienes se hicieron ilusiones con él, entonces debe ser esta una de sus prioridades.

Existe consenso entre los economistas, y los propios editores de The Economist, que la solución es un impuesto al carbono. Recordemos que la creencia de que todo impuesto es malo es un mito conservador. Con este impuesto castigaríamos a los contaminantes y premiaríamos a los generadores limpios. El camino para el surgimento espontáneo de tecnologías limpias quedará expedito para quien desee tomarlo. Es hora de aplicar un impuesto al carbono.

En un mundo en que existe impuesto a la leche, al pan, al vino, al tabaco, a las personas, a las herencias, a los sueldos altos, a todo, me pregunto por qué en Copenague son casi nulas las posibilidades de que se los políticos se decidan por un impuesto al carbono (medida propuesta por los especialistas).

domingo, 30 de agosto de 2009

Una declaración de guerra

Joseph Ratzinger culpa a los ateos por el calentamiento global
Ante el desafío del daño al medio ambiente que genera el progreso humano, el líder de la influyente ONG llamada "iglesia Católica Romana" se ha despachado la siguiente declaración:
¿Acaso no es verdad que la utilización desconsiderada de la creación comienza allí donde Dios es marginado o incluso donde se le niega la existencia? Si desfallece la relación de la creatura humana con el Creador, la materia se reduce a posesión egoísta, el hombre se convierte en la "última instancia", y el objetivo de la existencia queda reducido a una afanada carrera para poseer lo más posible. (ver fuente)
Lo que ha hecho Ratzinger es culpar a los ateos, vale decir a quienes no comparten sus creencias, de nada menos que del calentamiento global.
El señor Ratzinger ha metido la pata ya en varias ocasiones durante su período a cargo de la organización en cuestión. Alienó a los indígenas brasileños, generó violencia con sus incendiarias declaraciones contra una ONG rival, reintegró a su institución a un simpatizante del nazismo, y ahora genera polémica en Argentina. Pero culpar al ateísmo por el calentamiento global es demasiado, incluso para los estándares de Ratzinger.
Este sujeto, Joseph Alois Ratzinger, ciudadano alemán de 82 años, vive rodeado de lujos mientras predica las ventajas de la frugalidad. Es virgen pero se dedica a predicar sobre sexualidad. Ahora pretende infundir terror asociando mañosamente al ateísmo con la destrucción del planeta.
Ratzinger no explica el nexo entre ateísmo y contaminación. Para empezar, no está claro si existe un "Creador" del universo. Si existiese y fuera —como asegura Ratzinger— omnisciente y todopoderoso, sabría desde siempre que el daño al ecosistema se iba a producir, y habría usado sus poderes para solucionarlo. El actual estado del medio ambiente demuestra que el "Creador" si es que es omnisciente y todopoeroso es un insensible.
En este sitio ya hemos propuesto un impuesto al carbono como medida destinada a incentivar las tecnologías limpias. El mérito que tiene dicho impuesto es que estimula al ingenio humano para inventar formas de producción que contaminen menos que las actuales. Contaminar es barato: es éste el problema que debemos subsanar. Un fabricante de automóviles se beneficia al emitir carbono a la vez que daña a otros. Mediante un impuesto, los "otros", mediante el gobierno, pueden exigir una compensación por dicho daño. Para evitar dicho daño, es necesario crear una forma alternativa de producción.
No señor Ratzinger. Los católicos contaminan tanto como los ateos. ¿O cree usted que los católicos no contaminan? ¿O quizás usted quiere que vivamos como en la Edad Media, donde de seguro no había tanta contaminación atmosférica, pero la calidad de vida era miserable? Bueno, los "papas" de aquella época vivían a todo lujo, y su organización era el terrateniente más grande del mundo (gran parte de las reformas durante la Revolución Francesa tenían como objetivo quitarle las tierras a la iglesia de Roma, dueña de más tierras que la Corona).
Usted señor viene culpando a los ateos de la supuesta crisis moral, de la implosión demográfica, de la destrucción de la familia, y de cuanto hay. Ahora viene a culpar al ateísmo del calentamiento global. Esto es una declaración de guerra. Y si quiere guerra, guerra tendrá.

domingo, 20 de abril de 2008

Agflación: crónica de una crisis anunciada

Vimos por nuestros televisores, quizás mientras plácidamente tomábamos onces (cena), disturbios en Haití. La causa fue el aumento de precios de los alimentos. Hubo demostraciones similares en México por el precio de las tortillas. Conflictos han estallado hoy en Egipto por el precio del pan (ver video), y el precio del arroz ha golpeado a Filipinas, Bangladesh, China, e India. En éste último país es el principal problema económico por el impacto sobre la inflación. En Viet-Nam el gobierno ha restringido la exportación de arroz (principal alimento del mundo), lo que muestra el problema que tenemos por delante: las distorsiones de los gobiernos empeorarán el problema. En Chile el kilo de pan a $1.000 ya no es una locura. Quizás pronto el tomar onces será un problema serio para los más pobres, como en los viejos tiempos. Salvador Allende anunció que quedaba harina para tres días. Todos sabemos lo que ocurrió después de dicho anuncio. No es bueno ser alarmista pero estamos frente a un aviso de tsunami, y depende de la experiencia que la humanidad haya acumulado estos años para huir de las costas y evitar esta oleada de hambre que se avecina. No sólo Viet-Nam, sino que la UE y EEUU nos demuestran que no han aprendido nada sobre las distorsiones del gobierno a la economía. No olvidemos que cuando faltó pan también estalló la Revolución Francesa.



El origen del problema
Se define agflación como el aumento en el precio de los alimentos que se produce como resultado de un aumento de la demanda de productos de consumo humano (maíz, girasol, caña de azúcar, soya, colza, canola) y su uso como una alternativa en materia de combustibles (bio-combustibles, biodiesel). Las causas del problema son los siguientes:

- El crecimiento económico de China e India que demandan hoy más alimentos
- El precio del petróleo cada vez más cercano a los US $100 el barril
- La especulación financiera sobre el abastecimiento de alimentos
- Los incentivos (erróneos) a los biocombustibles que encarecen el suelo
- Inundaciones y sequías producto del cambio climático

Los últimos dos puntos se deben casi exclusivamente a los nefastos años de George Bush. Su sistemática negación del cambio climático, que le ha llevado a promover los biocombustibles, han surtido el efecto ya anticipado hace años. El petróleo no explotado en Iraq y la caótica situación en Venezuela y todo oriente medio podríamos evitarla si adoptásemos la energía nuclear. El florecimiento de las clases medias en China e India significan que cada vez más gente come más. Para producir un bistec de carne necesitamos espacio para las vacas y hectáreas de suelos para pastoreo. Si los indios y chinos deciden adoptar los mismos hábitos alimenticios que los norteamericanos, entonces el mundo se quedará sin alimentos.

Chile y sudamérica en general puede capitalizar este extraordinario momento si es que adoptan las tecnologías necesarias para optimizar la producción de alimentos. Sería bueno que Europa, especialmente el Reino Unido, olvidasen su estúpida superstición sobre los productos genéticamente modificados. Los eco-nazis también deberán abandonar los productos orgánicos, que son caros y no optimizan el uso de suelos.

En Egipto (ver video al principio) el gobierno debió emplear al ejército para producir y distribuir pan. El apoyo a la tecnología y cierta logística puede contar con intervención de los gobiernos. Pero lo principal es derribar las barreras y los subsidios que imponen absolutamente todos los gobiernos. Nadie se cree el cuento del tratado de "libre comercio" entre Chile y EEUU. El libre comercio no puede existir cuando se firman 10 mil páginas de normas. Viet-Nam y sus restricciones a la importación han mostrado el camino equivocado. Desgraciadamente, aún nadie ilumina el camino a seguir. Los eco-nazis sacarán la voz, pero tenemos que hacer oídos sordos: la tecnología nos va a salvar, siempre y cuando los gobiernos se replieguen. Los cristianos pueden orar para multiplicar los panes. Los socialistas deben pedirles a sus gobiernos que eliminen los impuestos a los combustibles y que ahora bajen el IVA, porque encarece los alimentos. En fin, todos debemos cooperar.

Si desde el fin de las dictaduras latinoamericanas hasta hoy hemos logrado un sistema educacional que estimule la tecnología y las ciencias deberíamos hoy estar aplicando los conocimientos y ganar dinero vendiendo alimentos. Pero sospecho que, al ver los incendios en Buenos Aires y la acusación a la ministra Provoste en Chile, los latinoamericanos no defraudamos: seguimos siendo estúpidos. Tecnología, educación, eliminación de impuestos y aranceles.... nadie ha prestado atención.

La tormenta perfecta
Países como España el 1992 y Grecia el 2004 han visto cambios radicales después de organizar Juegos Olímpicos. La situación en China ya se ha vuelto insostenible, y Beijing 2008 marcará el comienzo del fin. Añadamos la crisis de alimentos y estamos frente a un fenómeno que cambiará al mundo, porque alimentar a China libre (e India) será una tarea titánica.

Fue a mediados del siglo XIX en que los grandes terratenientes ingleses lograron impedir la importación de trigo a su país para mantener altos los precios. Aquella ridícula legislación se llamó Corn Laws (leer excelente artículo) y contó con el apoyo del Partido Conservador. Para luchar contra ello se fundó un panfleto llamado The Economist, que se alió con el Partido Liberal. Finalmente se impuso la razón por sobre los intereses de unos pocos. En Chile muchos siguen defendiendo los aranceles a la importación de granos y lácteos desde Argentina. Este blog ya ha argumentado en contra. Es urgente seguir derribando estos mitos proteccionistas porque se nos viene encima una crisis mundial. Hoy The Economist nos presenta un excelente especial sobre El Tsunami silencioso.

sábado, 9 de febrero de 2008

Dos detalles: transporte y energía

El gobierno debe solucionar las serias deficiencias en transporte (Transantiago) y en el abastecimiento energético para evitar un estancamiento económico: la solución es privatzar Transantiago y adoptar la energía nuclear

Transantiago, el sistema de transporte público de la capital chilena, estuvo condenado al fracaso desde que empezó a planificarse, simplemente porque sus gestores abandonaron los argumentos técnicos y se atendieron las ansias del megalómano ex presidente Ricardo Lagos, un hombre obsesionado con mejorar el deficente transporte de los santiaguinos para realzar su impronta. Se le bautizó el "Plan Estrella" y se anunció pomposamente que cambiaría para siempre la calidad de vida de los capitalinos: sí, para peor. El culpable fue la ambición política que obligó a lanzar apesuradamente el sistema antes de las elecciones, y luego, con la débil Bachelet en la presidencia, no se logró estructurar a tiempo un equipo capaz de enfrentar la magna tarea de "arreglar la carga en el camino", la política oficial del Transantiago, y de Chile y los chilenos.

Bachelet tardó demasiado en nombrar un ministro idóneo, lo que demuestra su incapacidad. Cortázar ha enmendado el rumbo, pero ha anunciado lo que Chile Liberal ya anunció cuando se puso en marcha el sistema, y es que el Transantiago tiene problemas de financiamiento. Para evitar la oleada de descontento que este blog anticipaba, se puso un paño frío de 290 millones de dólares, o sea, dinero robado a todos los chilenos para exaltar el la figura de Lagos Escobar. Hay gente que se negó o se niega a pagar la tarifa, lo que recrudece su financiamiento. Aumentar la tarifa actual de $380 pesos (0,60 €) haría desplomar la popularidad de Bachelet, y las protestas se volverían insostenibles, por lo mismo, es casi una política de estado. Cortázar ha anunciado que el Transantiago requiere US $40 millones mensuales en subsidios. La Oposición ha actuado correctamente al negarle más recursos al gobierno. Tal como vimos en un análisis anterior, la propia Concertación se ha desintegrado, ya que un ala del PPD se ha desprendido y se ha pasado a la Oposición (lo anunciamos junto a una desintegración de la DC que hja quedado manifiesta con la expulsión de Zaldívar). Es decir, el gobierno necesita más recursos, pero la Oposición debe negarlos. Estaba loco Lagos cuando pensó que su ególatra proyecto se autofinanciaría. El sistema debe privatizarse ahora ya, y dejar que las fuerzas del mercado regulen su funcionamiento. Quizás sería bueno recomendarle al gobierno eliminar el impuesto a los combustibles y bajar el IVA para que los pobres cuenten con recursos para pagar su transporte. Pero el socialismo es terco y no esto no ocurrirá.

En definitiva, las gravísimas fallas del transporte de Santiago sin duda repercuten en una menor calidad de vida y baja productividad, y todo gracias a la arrogancia de Lagos y la ineptitud de Bachelet (¿por qué tardó en apartar al ex ministro Espejo de su cargo?). O sea, culpa de la Concertación. De hecho, ellos admiten que es su peor política pública.

Energía, otro encargo de La Concerta

Como si fuese poco, el país sufre de un problema de desabastecimiento energético. Hay que entender por qué esto ha ocurrido. Muy fácil, porque a La Concerta, con Eduardito Carita-de-Moai Frei se le ocurrió importar gas natural del campeón mundial en inestabilidad económica y pentacampeón del Campeonato de Defaults, Argentina (cinco veces se han declarado en default). Los amigos argentinos invirtieron muy mal sus recursos y los administraron peor, hasta quedarse sin gas ellos. Michelle Bachelet fue con su sonrisa a pedirle a K que cumpliera sus acuerdos. Uno se pregunta si Bachelet es así de tonta, y sí, lo es.


El gráfico (ver a la izquierda) muestra el porcentaje de gas natural usado para generar electricidad. Noten que en 1995 Chile no dependía del gas natural, pero en el 2005 ya era una de las principales fuentes, y si sumamos las fuentes "hydro", nos damos cuenta que hay razones para preocuparse. La naturaleza y los políticos están en contra del desarrollo económico. No olvidar que la Oposición aplaudió a Carita de Moai cuando se firmó el acuerdo con Argentina: dos dólares por millón de unidades térmicas británicas (BTU). Si esto era ridículo o no, eso es otra cosa. Pero no olvidemos que la izquierda y la derecha unidas jamás serán vencidas.

Cuando Argentina se quedó sin gas en junio del 2006, sólo Bachelet pensó que Kirchner podría desabastecer a los suyos para que los chilenos tuviesen duchas calientes cada mañana. Argentina debió entonces comprar gas a Bolivia, país que tiene gas de sobra, salvo que significó un alza de 56% para Argentina, y por esto, debieron subirle el precio del gas a Chile en 35%. Bolivia proveyó el gas a Argentina con una claúsula en su contrato: ni un centímetro cúbico de gas boliviano a Chile. ¿Por qué Bolivia se niega a privatizar sus recursos y venderlos a Chile, y de paso, salir de la miseria? Respuesta: somos sudacas. En octubre del 2003, en Bolivia más de 70 personas murieron en una oleada de violencia que derrocó a Sánchez de Lozada y así impidier on que el pobrísimo país altiplánico ganase dinero exportando gas a EEUU, vía puertos chilenos (el cabecilla fue el cavernícola Evo Morales). Esto fue demasiado y había que impedirlo: ellos son pobres, y así quieren seguir. En mayo del 2004 estalló el problema entre Chile y Argentina, que prosiguió hasta el invierno del 2006, tal como decíamos al principio (noten que ya había iniciado el gobierno de Bachelet). Las hidrocarburizadas rencillas entre países ponen en jaque el funcionamiento y la seguridad de Chile. Pero todo vale con tal de abastecerse. La pregunta que debemos hacernos es, ¿por qué no solucionar de una buena vez tanta bazofia y adoptar la energía nuclear?

Francia, tal como muestra el gráfico a la derecha, cuenta con un porcentaje de producción eléctrica desde fuentes nucleares mayor en comparación a otros países. Más encima, es el que menos contribuye con partículas de carbono al desastre inminente del calentamiento global. De hecho, la energía nuclear, como muestra el gráfico más abajo, es la que menos contamina. Si nos decidiésemos por la producción de energía nuclear, Chile se evitaría dolores de cabeza con países vecinos y además no arriesgaría su seguridad nacional ni menos aún tendría que destruir los ecosistemas de la prístina región de Aysén donde se deberán construir nuevas represas. De hecho, se evitaría construir plantas de procesamiento del gas natural licuado desde países lejanos. Francia debió en su momento destruir los ecosistemas en el Pacífico, pero los costos fueron menores que los beneficios, y los galos no se ven tampoco obligados a declarar guerras en medio oriente ni a estrechar lazos con dementes islámicos sauditas o a besar en las mejillas a sus abyectos mandamases. Pero no sólo deben atenderse las razones geopolíticas, sino que la mencionada emergencia ambiental que ha desencadenado el carbono es otro factor muy importante.

Si Chile quiere actuar con seriedad frente a sus problemas de desabastecimiento, debe empezar a pensar a largo plazo -por primera vez en su vida-, y no con políticas cegatonas y cortoplacistas, como es nuestra costumbre. Vastas áreas en el árido desierto de Atacama pueden perfectamente utilizarse para albergar reactores . La tecnología está disponible y sólo falta continuar la investigación, pero se pueden contratar expertos extranjeros. Chile, incluso, podría exportar energía, tecnología y conocimiento a sus vecinos.


Este blog se manifiesta a favor de la solución nuclear, pero con una condición: que los cerebritos del Transantiago no estén a cargo de las plantas nucleares, ¿se imaginan?

domingo, 6 de enero de 2008

Historias de Francia: Año nuevo, Défense de fumer

Justo frente a la Gare de Lyon hay un café que se llama L'Européen. Después de un par de horas en tren (con una resaca descomunal), nada mejor que pasar a beber algo. Y fue la primera vez que entro a un café parisino sin que haya ni una pizca de humo. En Francia está prohibido fumar desde el 1 de enero de 2008 (ver sito ley antitabaco)

Irlanda el año 2004 fue el primer país europeo en aplicar una prohibición total de fumar en lugares públicos. Ahí estaba yo en ese momento cuando mis suegros vinieron de Francia y me decían que la misma medida sería impensable en su país. La verdad es que era mucho más impensable en Irlanda: pint of Guiness and a fag van de la mano en los pubs. La prohibición se pospuso varias veces por presiones de los publicans (dueños de pubs), la asociación más poderosa de la isla. En Irlanda la raison d'être de la restricción fue clara: proteger la salud de los trabajadores en los bares. La legislación protege a los trabajadores y garantiza que puedan desempeñar sus labores en un ambiente limpio.

¿Por qué se iba a permitir que quienes trabajan en bares respiren toxinas durante su horario de trabajo? La razón fue tan elocuente y poderosa que al final nadie chistó.

La excepción fue el dueño de un pub en Galway, quien frente a las cámaras del canal sensacionalista SkyNews (cuyo dueño es Robert Murdoch, muy importante) dijo algo así como "no estoy ni ahí con la prohibición". Sacó un encendedor, se llevo un pucho a la boca y empezó a fumar miércole. Los clientes estallaron y aplaudieron a rabiar y empezaron a fumar. Después de unos minutos llegó la policía y aplicó las multas correspondientes (noten el apellido del sujeto: Lawless).

Hace un año el apoyo de la opinión pública a la medida alcanzó una aprobación unánime. Los irlandeses cuando iban a Europa se daban cuenta de lo ridículo que era ir a un bar atiborrado de humo y soportar las bocanadas del resto. El ejemplo de Irlanda lo siguió el otro paladín de la salud pública: Escocia (donde se comen los chocolates fritos: sanitos los huevones). Se aplicó con igual éxito. La única excepción fue un actor de teatro que fumó mientras interpretaba a Winston Churchill (fumador empedernido). Fue necesario cambiar el libreto. Keith Richards fue la otra excepción, salvo que fumó a propósito en pleno concierto.

Francia no tiene rockeros y tiene menos borrachos, y sus fumadores más insignes han sido los intelectuales. Jean-Paul Sarte y Simone de Bauvoir en Les Deux Magots y el Café des Fleurs fumaban como chimeneas. Todo francés en su adolescencia se deja crecer barba, se autoproclama socialista, y empieza a fumar. Y aunque parezca increíble, hoy está prohibido.

El fumar tiene mucho que ver con el calentamiento global. Hoy, no faltan los pelotas que dicen que el calentamiento global no es cierto, y presentan estudios que los avalan. En su época, cuando comenzó a restringirse el tabaco en ascensores o en el transporte público, aparecieron científicos que presentaban sus estudios demostrando que fumar era inofensivo. No importa que se contamine al que está al lado (puede ser un bebé, niño o anciano), total los estudios (pagados por las tabacaleras) confirman que nada malo ocurre. Parece increíble que en alguna época se intentó negar la relación entre cáncer de pulmón y tabaco. Del mismo modo que hoy se niega que el carbono produzca el calentamiento de la Tierra (los estudios los paga Exxon).

La opinión pública francesa ha comenzado a asimilar la idea que es factible salir de un recinto y fumar al aire libre, y luego volver. O incluso se puede habilitar mesas en las veredas o en los patios, y reservar el interior para los no fumadores, y así evitar el daño a los pulmones del otro.

Los franceses sin duda que no habrían sido los primeros en lanzar la piedra de la prohibición de fumar, sólo lo hacen porque han visto los resultados positivos en otros países. La clásica atmósfera de los cafés franceses comenzará a ser más respirable, y dentro de unos años parecerá incomprensible que se haya alguna vez fumado en presencia de otros. Los intelectuales no se volverán tontos por dejar de fumar, ni nadie saldrá lastimado. Muchos usarán esta oportunidad para comenzar a dejar el cigarrillo, y de paso, dejar de recargar al sistema público de salud. De hecho, lo justo es que si usted fuma y su tabaquismo le produce cáncer, usted se costee solito el tratamiento. Sino pues tendrá que morirse nomás. Ya le advertimos que el tabaco produce cáncer: la decisión fue suya.

En Chile la ley fue mucho más complicada y, desgraciadamente, no protege al trabajador. El debate fue feroz y quienes no fuman no tienen muchas alternativas. La ley chilena es similar a la ley antitabaco en España, mientras que la francesa es más similar al de las islas británicas. En aquella oportunidad, uno de los más decididos opositores a la ley fue nuestro gran amigo Álvaro Bardón, con quien no estuve de acuerdo (¡viva la diferencia!). De hecho, don Álvaro dijo que la ley era "aweonada". Ver Un huevoncito del Parlamento no puede restringir mi derecho. Ver también Fumar, nuevo crimen en Chile.

La consecuencia de fumar es el humo que contiene residuos tóxicos, los cuales invaden el espacio del otro. Es además un abuso hacia el trabajador que se desempeña en un local de fumadores, quien expone su salud a las serias consecuencias del humo del cigarrillo de los clientes. Cuando voy a un café o un bar y me tomo varias cervezas, la consecuencia es querer orinar. Yo no puedo ponerme a mear delante de medio mundo y tirarle el meado a la mesera. Pues bien, lo mismo con el cigarrillo.

En todo caso, no debiésemos emplear el término "prohibir" cuando hablamos de impedir que las bocanadas de humo de un fumador contaminen al resto. La palabra prohibir es horrible, y un defensor de la libertad no debe jamás apoyar prohibición alguna, aunque sí es necesario que cada uno defienda sus derechos. Y tenemos derecho a respirar un aire limpio, y a trabajar en un medio ambiente limpio. Libertad es hacer lo que uno quiere, decía John Stuart Mill, el principal teórico del liberalismo. Y continúa: en un país civilizado, el único objetivo por el cual se justifica el uso del poder sobre un miembro de la comunidad, incluso contra su propia voluntad, es para evitar que dañe a otros. Esto se conoce como el principio del daño. Mill, y la moral milliana, no justifican el uso de la fuerza para evitar que un individuo se dañe a sí mismo.

Por lo anterior, sería inaceptable que un gobierno prohibiese que los individuos fumasen: es decisión de cada cual (al igual que los alucinógenos). Pero si es necesario restringir que se dañe al otro.

Los cafés y bares parisinos serán mucho mejores con un aire menos contaminado. Por lo demás, en Irlanda la mejor manera de flirtear es salir a fumar, donde es mucho más fácil el "meter conversa". Por ello, han aumentado los fumadores sociales, pero en general el tabaquismo ha disminuido.

Este blog está completamente a favor a las restricciones al tabaquismo, siguiendo las ideas acá expuestas. En Chile, debiese aplicarse el "modelo francés anti-tabaco".

Yo soy un fanático del café, me parece una bebida maravillosa (pensar que para los mormones es "pecado"). El café se produce en África, también en Sudamérica, se exporta a todo el mundo y su consumo puede sacar a muchos de la pobreza si lográsemos que el precio que se paga en los países más prósperos llegase directamente a los campesinos que lo producen. El Nescafé lo detesto (No-es-café), pero el siguiente comercial es un clásico, que muestra el magnetismo multicultural de esta bebida. Puedes ser rico sin dinero, puedes hacer de todo cuando sabes entender, puedes ser madre aunque no seas mujer. Abre tu mente, abre tus ojos, abre tus pensamientos, -open up-.

Se puede beber café o alcohol sin fumar: un vicio a la vez, por favor. Es la manera más sana de disfrutar de los vicios.






Y bueno, finalmente un anuncio que resume todos los principios de John Stuart Mill.


jueves, 12 de julio de 2007

Cambio climático: Sin Límites

El canje de bonos de emisiones es actualmente una forma popular de solucionar el calentamiento global, pero aplicar un impuesto sería mucho mejor.

Así opina la publicación liberal británica The Economist en Doffing The Cap, traducido a continuación por Chile Liberal. Estamos de acuerdo en que se debe aplicar este gravamen, y desmentimos el mito Conservador (como indica este artículo) que todo impuesto es malo.


La presión popular hacia los líderes mundiales para actuar sobre el cambio climático nunca ha sido más apremiantes que hoy. Incluso George Bush se ha sumado al resto de los países industrializados para negociar el sistema que seguirá al protocolo de Kioto, el tratado que intenta frenar la emisión de gases de efecto invernadero, pero que expira el año 2012.

Qué pena, por lo tanto, que los políticos del mundo hayan fijado toda su atención en la segunda mejor forma de lograr un mundo más limpio. Es decir, en un sistema de fijación y canje de bonos de emisiones, que consiste en limitar estas últimas y al mismo tiempo otorga derechos para emitir gases, distribuyéndose mediante un sistema de bonos canjeables. El protocolo de Kioto estableció dicho mecanismo y sus signatarios han manifestado su intención de continuar por esta senda. La principal alternativa que ofrece la economía de mercado, el impuesto al dióxido de carbono, prácticamente no tiene apoyo alguno.

Una lástima, porque la inmensa mayoría de los economistas concuerda en que los impuestos al carbono constituyen la mejor manera de reducir la emisión de gases de efecto invernadero, mucho mejor que el sistema de intercambio de bonos. En el mundo ideal en que encontramos la teoría económica, reducir el dióxido de carbono conviene hasta el punto en que el costo marginal de la reducción de las emisiones iguala al beneficio marginal de reducirlas. Si los legisladores y gobernantes fuesen capaces de conocer la forma exacta de estas curvas de costo y beneficio, importaría muy poco saber si logran su nivel óptimo alcanzando la cantidad de emisiones (mediante una fijación) o estableciendo el precio (mediante un impuesto).

Pero en el mundo real, los políticos buscan alguna solución a tientas y en la oscuridad. Y la mejor alternativa es el impuesto al carbono. Si los políticos aplicaran un impuesto demasiado bajo, se emitiría demasiado carbono. Pero debido a que el daño al medio ambiente que produce el dióxido de carbono es acumulativo a lo largo del tiempo, un exceso momentáneo no tendría un efecto notorio en el nivel general del calentamiento global. Antes que se produzca un daño significativo, dicho impuesto puede aumentarse.

En cambio, un posible error de cálculo en la estimación de la cantidad de bonos podría poner por las nubes el precio de los bonos, o dejarlos por el suelo, con consecuencias económicas inmediatas y caras. Incluso peor, una asignación fija de bonos no posibilita los necesarios ajustes a los ciclos económicos (las empresas producen y contaminan menos durante una recesión).

Los esquemas de canje generan daños económicos innecesarios ya que el precio de los bonos puede ser volátil. Los dos grandes esquemas en funcionamiento hoy en día, el Esquema Europeo de Comercio de Emisiones y el mercado de bonos de dióxido de sulfuro de EEUU (para reducir la lluvia ácida), sugiere que la volatilidad puede ser enorme. EEUU ha contado con bonos canjeables de SO2 desde mediados de los años 90. Su precio ha variado, en promedio, más de un 40% cada año. Debido a la importancia del carbono en la economía, fluctuaciones similares podrían dañarlo todo y de manera significativa, desde un impacto en la inflación hasta los gastos de consumo. Una volatilidad extrema podría incluso llegar a impedir las iniciativas que busquen invertir en tecnologías limpias.

Incluso sin la volatilidad, algunos economistas creen que un sistema de canje generaría menos incentivos a la innovación en tecnologías limpias que un impuesto al carbono. El gravamen entrega una base de precio clara para el carbono y por lo tanto asegura un rendimiento mínimo por cualquier iniciativa innovadora. En un esquema de canje, en contraste, un invento que reduzca el costo de la reducción de emisiones de carbono puede bajar el precio de los bonos, lo que reduciría los rendimientos de los inversionistas.

Para vadear estos escollos, algunos defensores del esquema de canje quieren fijar los precios de base y tope del esquema. Uno de los actuales proyectos de ley en en Congreso de EEUU, por ejemplo, contempla una “válvula de seguridad”. Si el precio del carbono sobrepasa el límite establecido, el gobierno deberá asignar una cantidad ilimitada de bonos a este precio determinado. Dichos mecanismos, en efecto, convierten al esquema de canje en una especie de impuesto al carbono.

Una tercera ventaja del impuesto al carbono es que permitiría recaudar dinero. Los gobiernos pueden usar estos recursos para reducir otros impuestos ineficientes, por lo tanto permite reducir los costos económicos de la reducción del carbono. O también se puede usar el dinero para compensar a aquellos, por ejemplo a los más pobres, quienes se vean más afectados por los precios más altos que experimentará el combustible.

No vengo a vender, vengo a regalar
Los esquemas de canje, por el contrario, tradicionalmente no han hecho sino regalar bonos, lo cual no deja espacio de maniobra para reducir los costos económicos del control climático al reducir impuestos en otras áreas de la producción. Pero aquí también se están planeando algunos ajustes. Para emular las ventajas de un impuesto al carbono, muchos fans del esquema de canje ahora quieren que los gobiernos subasten al menos una parte de los bonos.

Todo lo anterior nos plantea una pregunta importante. Si los esquemas de canje de bonos se están reformulando para que actúen como un impuesto al carbono, ¿por qué los políticos son tan reacios a aplicar desde un principio dicho impuesto? Un motivo se debe a que los beneficios ambientales son difíciles de explicar. Es intuitivamente fácil comprender cómo un límite al carbono puede reducir el calentamiento global. Los impuestos además se prestan para la caricaturización ideológica, donde muchos conservadores argumentan casi por instinto que todo impuesto es malo. Demasiados políticos hacen creer que los impuestos al carbono perjudicarán más a los consumidores que un esquema de canje, a pesar que el costo de los bonos se transferirá a los consumidores casi tan rápidamente como el impuesto.

Pero el mayor problema, al menos desde el punto de vista político, es que los impuestos al carbono son transparentes y simples, mientras que los sistemas de canje son turbios y convenientemente poco claros. Un gobierno que adopta el esquema de canje puede compensar a los contaminadores de gran influencia política (por ejemplo a la minería) entregándoles bonos. Incluso aún más importante, los países ricos pueden pagarle a los más pobres para reducir las emisiones sin que las platas pasen por las manos de un gobernante a otro. En un sistema de impuestos, estas transferencias deben asignarse desde los presupuestos nacionales. Y esto puede ser complicado para los políticos. No importa lo sensato que sea para un economista, a los votantes norteamericanos les molestaría ver sus propios dólares, recaudados en impuestos, destinándose a financiar un jugoso cheque para el gobierno chino. Si añadimos estos argumentos políticos, la elección entre el impuesto al carbono o el esquema de canje se vuelve menos obvia. Los políticos quizás se inclinarán definitivamente por la segunda mejor opción para remediar el problema del cambio climático, pero probablemente sea la única manera de lograr algo.

chileliberal@gmail.com

domingo, 8 de julio de 2007

Hablamos en nombre de la Tierra

Come on mutherfuckers! exclamó la cantante libertaria Madonna anoche en la catedral del fútbol, Wembley. Tanta influencia ha ejercido el rock inglés en ella que la Provocadora más grande del mundo apareció guitarra en mano y rockeó al mundo entero. El público estalló y la ovacionó. Como dijo el prominente ateo y comediante inglés, Ricky Gervais (The Office), "si esto no logra crear conciencia, ¿quién podrá?".

El show fue un éxito y los fanáticos del rock nos deleitamos no sólo con la música, que no decepcionó, sino con el mensaje de fondo: crear conciencia. Y Chile Liberal aprovecha de destacar un hecho curioso. Muchos creen (erróneamente, como Hernán Buchi) que el mundo colapsará si actuamos contra el calentamiento global. El costo es de apenas 0,1% del GDP mundial. En EEUU, WalMart decidió que en vez de refrigerar sus inmensos locales para mantener productos fríos, era mejor aislar los pasillos de refrigeradores, y así ahorrar en su cuenta eléctrica, de paso, consume menos energía la empresa más grande del planeta. En vez de gastar en iluminación, era mejor abrir tragaluces. Más ahorro. Es decir, no hay que sacrificar nada. Si eliminamos los impuestos a actividades productivas y aplicamos esos mismos impuestos a quienes contaminan, veremos como los mecanismos de mercado actuarán a favor de un planeta limpio. Si fijamos un tope a la emisión de CO2 y dejamos que los mercados del primer mundo cooperen con el resto para avanzar hacia tecnologías limpias mediante el sistema de intercambio de permisos de emisión, comprobaremos que el problema es fácil de solucionar. Así también lo esbozó en Chile el ex candidato presidencial Sebastián Piñera.

Se culpa a Al Gore de promover el pánico. Anoche no hubo pánico alguno mientras escuchábamos a
Metallica o el impresionante show de Foo Fighters. El rock salvará al mundo, no los Conservadores. Vean cómo están amurrados y amargados, como siempre.

Gran Bretaña es un ejemplo a seguir: su objetivo es reducir un 60% las emisiones. Por algo, montó anoche el mejor show de todos. Cuando antes surgía algún tema relacionado con la ecología, era de rigor ir a consultar la opinión de los Liberal Democrats. Hoy, existe total consenso en la sociedad británica sobre la importancia de actuar pronto, ahora. Conservadores y Laboristas sacar a relucir sus credenciales verdes. El electorado toma conciencia y exige a los mercados productos limpios. Así, desde los individuos, comenzaremos a limpiar el planeta.

El final de la transmisión de la BBC culminó con un clip que mostraba la frase inmortal del maestro Carl Sagan: Hablamos en nombre de la Tierra. (Párrafo final del libro "Cosmos")

Otros que encendieron Wembley fueron los ya legendarios Beastie Boys, quien elegantemente vestidos desataron la locura sobre el escenario.

Amigos, fue un show inolvidable. Con gente como nosotros, el futuro de la humanidad está asegurado, porque somos gente alegre, sin prejuicios, sin complejos, porque creemos en el progreso y porque defendemos la causa de nuestro planeta. Un saludo a Al Gore, el verdadero presidente de EEUU, y líder mundial de la causa ambientalista.

Cuando la DJ Edith Bowman le pregunta a los Beastie Boys quién los invitó al show, si acaso Al Gore los llamó directamente, Mike D dijo "No, fue Bush." Los dejo con la bestialidad de los activistas neoyorquinos más famosos del mundo.

martes, 15 de mayo de 2007

Cómo abordar el calentamiento global

La reciente gira latinoamericana del verdadero presidente de EEUU, Al Gore, ha traído a estas tierras un tema que reviste máxima seriedad para el futuro de nuestra especie. Durante años, grupúsculos han intentado negar la relación entre CO2 y calentamiento global. La evidencia es abrumadora. Estas chifladuras de algunos grupos conservadores sólo tiene explicación en los misterios de la sicología humana. Así como hubo un momento en que las tabacaleras negaban la relación entre nicotina y cáncer, hoy también hay varios que persisten en seguir las manipulaciones científicas de Exxon Mobil y su influencia en la Casa Blanca.

No sólo los lobbies petroleros son los más interesados en cuestionar a la ciencia, sino que también muchos grupos religiosos. Ellos creen que la destrucción del ecosistema corresponde al advenimiento de las profecías del Apocalipsis y luego de destrozar el planeta, creen que Jesús bajará del Cielo para salvarlos, mientras nosotros, el resto de los patanes ateos, arderíamos en el infierno (también necesitan armas para luchar durante el Armagedón, de ahí que la NRA también entre a este círculo vicioso). Más aún, Fox News insiste en darle cabida a los charlatanes pagados por los petroleros. Antes de hablar del cambio climático, podemos fácilmente reconocer cuál es el verdadero enemigo: el Partido Republicano, Exxon Mobil, y Fox News. Una vez identificado el origen del problema, pasemos al tema en cuestión.

Al Gore nos ha presentado el documental Una verdad inconveniente (¿aún NO lo has visto?... ¡arriéndala ya!), en el que se presenta la mitad del problema, y en esta mitad Al Gore ha hecho un trabajo impecable: mientras más CO2 arrojamos a la atmósfera, más aumenta la temperatura de la tierra. Junto con el notable trabajo de difusión que ha realizado, que alcanzará su punto cúlmine con el concierto Live Earth, al momento de encontrar soluciones la verdad es que nuestro respetado Al Gore ha caído en varios errores no menores.

En su presentación, Al Gore ha dicho que la solución son los biocombustibles. Estamos en desacuerdo. Recordemos que Gore es un hombre inteligente, y ya ha hecho mención al problema del encarecimiento de los alimentos. En EEUU, ya estamos en presencia de subsidios y sobreproducción de maíz (choclo) para producir etanol. Acá hay varios elementos que contemplar.

Primero, producir maíz en sí genera altos niveles de polución. Esto es importante de destacar: el etanol no es une fuente limpia de energía. Segundo, encarecerá el valor de la tierra y, debido al tamaño de EEUU, es probable que muchos países utilicen sus recursos agrícolas para producir maíz, lo que, como lo ha dicho el propio Gore, encarecerá los alimentos, intensificando las hambrunas que ya hay en el mundo. Tercero, el propio etanol y sus refinerías tampoco reducen sustancialmente las emisiones al medio ambiente. Cuarto, EEUU caerá en la tentación de los subsidios agrícolas (ya lo hace) distorsionando el libre comercio, y tal como ocurrió con las Corn Laws en Inglaterra, son los más pobres los que deberán costear el aumento de precios.

Las soluciones, otra vez el ingenio humano
Hemos mencionado las Corn Laws, hecho decisivo en la creación del Partido Liberal, fundado para eliminar específicamente esa ley. Ésta subsidiaba a los grandes latifundistas, encareciendo el costo del pan y los cereales, que constituían la principal fuente de alimentación de los trabajadores. No sólo surgió el Partido Liberal, sino que en la lucha contra el proteccionismo y a favor del libre comercio, se fundó un periódico editado y dirigido por activistas defensores de la causa del liberalismo y el sentido común, The Economist Newspaper.

Hoy, ha transcurrido más de un siglo y medio, y The Economist insiste en soluciones prácticas. La verdad es que no es una contradicción la postura que el semanario británico ha defendido, que es la de encarecer las tecnologías contaminantes, de modo que se incentive la creatividad y el desarrollo científico que permita producir una nueva tecnología no contaminante. Los subsidios al maíz serán nefastos.

Y quizás ni siquiera necesitemos descubrir una nueva tecnología, la solución está ante nuestros propios ojos. Vale la pena comenzar un debate serio sobre la creación de plantas nucleares y el uso de esta fuente limpia y prácticamente inagotable de energía. Al contrario del etanol, es importante destacar que la energía nuclear sí es una fuente limpia de energía. Desde luego, el tratamiento de desechos y las medidas de seguridad deben atenderse con suma precaución, cualquier accidente puede ser fatal. Pero los países occidentales, Francia uno de ellos, han procesado la energía nuclear sin inconvenientes, al contrario de las torpes tecnologías comunistas que abrieron paso a una de las más horrendas tragedias humanas, el accidente de Chernobyl.

Lo importante es que la ciencia avance en cuanto a conocimiento y optimización al emplear energía nuclear, lo que puede tardar dos décadas. Es esencial que no desperdiciemos nuestro tiempo y recursos en técnicas inviables o insuficientes.

Poniéndole precio al CO2
El problema actual es que preferimos los combustibles fósiles porque son muy baratos. Peor aún, todos se encuentran en países antidemocráticos (Arabia Saudita, Venezuela, etc). Para comenzar a abordar inmediatamente el problema, deberíamos estimular los mecanismos de mercado que crean incentivos. Como necesitamos incentivar las tecnologías limpias, que son caras, y desincentivar las tecnologías sucias, que son baratas, lo lógico es determinar el precio del carbono, que hoy se lanza a la atmósfera sin que nadie responda por los daños que provoca. El objetivo es estabilizar la concentración de partículas de gases de efecto invernadero en 550 partículas por millón, para lo cual debemos aplicar un costo de US $20 por tonelada de carbono el año 2020. Esta es una proyección del precio actual establecido por el Esquema Europeo de comercio de Emisiones (EU-ETS), que ha variado entre US $6 - 40 en los años 2005-06, sin que hasta ahora se perciban contracciones económicas. La economía mundial sacrificaría apenas un 0,1% de su PGB, cifra que sería imperceptible, pero los beneficios serán enormes.

La única condición para que el mecanismo descrito funcione, es que todos los países hagan un esfuerzo. El informe de Sir Nicholas Stern ya nos demostró que el costo de no hacer nada es mayor (y fatal) que hacer un esfuerzo hoy. Para que todos los países se unan, no es necesario usar el pánico ni el terror, sino que estudiar con calma las cifras, y veremos que el problema es fácilmente solucionable. Es esencial, además, abandonar dogmatismos. Determinar el precio de las partículas de carbono no es un impuesto, sino que significa cobrar a los emisores por el daño que producen. El efecto positivo sería incentivar las tecnologías limpias, estabilizar el nivel de partículas, y abrir nuevas áreas de investigación.

Sí estamos todos de acuerdo con el mensaje de Al Gore: es nuestro deber moral el salvar el planeta.