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sábado, 3 de octubre de 2009

Río 2016

Felicitamos a Brasil, país que no debe desperdiciar esta oportunidad

El presidente Obama y su mujer viajaron a Copenague para respaldar la candidatura de Chicago. Fue el mismo ejemplo de la pasada elección norteamericana la que influyó para que el candidato más débil, Río de Janerio, se impusiera a Chicago y Madrid.

Río sufre graves falencias en cuanto a transporte público, crimen, y capacidad hotelera, en comparación con las otras ciudades en competencia. Más aún, en términos estrictamente olímpicos, ni Brasil ni ningún otro país latinoamericano envía fuertes delegaciones olímpicas, ni llegan a la parte alta del medallero olímpico.

Los Juegos Olímpicos demandan infraestructura para poder llevarse a cabo con éxito. No siempre los países desarrollados organizan juegos, y muchos países emergentes cuando son nominados usan el esfuerzo de los Juegos para unirse al primer mundo. En 1952, 1956 y 1964, Helsinki, Melbourne y Tokio elevaron sus países a la categoría de "primer mundo". En 1972, Múnich sufrió un terrible boicot, pero Alemania en aquella época dejaba atrás el "milagro alemán" y se coronaba no como nación industrializada, sino como la tercera economía del mundo. Los casos más deslumbrantes han sido Seúl y Barcelona, en 1988 y 1992 respectivamente, llevando a Corea y España al selecto grupo de naciones desarrolladas. China usó Beijing 2008 para marcar su ingreso triunfal a la categoría de líder mundial. Otros han fracasado en el intento, como México 1968 o Atenas 2004.

Brasil fue el último país del mundo en entrar en recesión, y fue el primero en salir. Además sólo se sumergió en la crisis financiera en aguas bajas. En vez de gastar artificialemente recursos en infraestructura para reactivar su economía, Brasil ahora tiene la excusa de los Juegos Olímpicos para mejorar en todo aspecto la logística de Rio de Janeiro y poner en marcha todo el potencial de la economía brasileña.

Pero me surgen ciertas dudas. Tomemos como base el ejemplo más brillante: los Juegos de Seúl '88. La verdad es que Corea tiene un sistema de educación muchísimo más avanzado que el brasileño. El atraso de la educación brasileña es el lastre que le impide salir a flote. El gráfico a la derecha muestra los puntajes que han obtenido países emergentes en sistemas de evaluación de la calidad de la educación (fuente: The Economist). Mejorar la educación de un país no consiste en decretar con fuerza de ley que desde mañana todo el mundo se eduque, sino que requiere un cambio profundo en la actitud de un país. Corea, como buen país asíatico, vive de la devoción al trabajo duro. Ayer más de 100 mil cariocas han celebrado eufóricos en Ipanema la nominación de su ciudad, tanto así que se decretó día feriado. Lula lloró y dijo que va a "trabajar duro" en las preparaciones. Van a trabajar duro, pero desde mañana, ya que hoy decretamos feriado mientras bailamos samba y lloramos a moco tendido.

Sospecho que el Rio seguirá el triste sendero de Ciudad de México y Atenas, y no el de Seúl o Barcelona. Nominar a Río ha sido un riesgo, y un gesto casi de compasión por un continente postergado que históricamente se ha hecho todo lo posible por desperdiciar cada oportunidad que le dan. Es hora, sin embargo, de torcerle el brazo a la historia.


Chile Liberal recomienda:
Rio goes wild (Financial Times)
Is Rio's Win Chicago's Gain? (Wall Street Journal)

domingo, 10 de mayo de 2009

Necesitamos mantener nuestra reputación

Se acerca la última cuenta al país de la presidenta Michelle Bachelet, en un clima económico tumultuoso. Se dice que la economía mundial ya tocó fondo, pero eso está aún por verse. En Chile, la mandataria goza de un nivel de popularidad sin precedentes, que ha llegado a un extraordinario 67% de aprobación. Sin duda, la excelente gestión del equipo económico de la presidenta ha sido instrumental, pero además contribuye la confianza que tiene el electorado en una coalición de gobierno que ha proporcionado casi dos décadas de estabilidad financiera. Es en el lado político donde aún queda mucho por reformar. Pero el líder opositor, el conservador moderado Sebastián Piñera, parece quedarse sin argumentos cuando vemos que hasta el semanario británico The Economist (ver a continuación) elogia la gestión del gobierno de Bachelet, a la vez que nadie asegura que la derecha sea un baluarte de probidad.

No "estamos blindados", como alardeó el ministro Velasco. Pero sí el país se encuentra en una posición robusta: el manejo de las finanzas en Chile ha sido profesional y tecnocrático. Es la intención de este blog el instigar un golpe de timón en la conducción del país, pero bajo condición que quienes pretendan reemplazar a la Concertación posean la credibilidad como para demostrar que pueden hacerlo mejor. Esta es una duda que Piñera, y los políticos que lo rodean, aún no aplacan.

En el resto del continente aún persisten piquetes de populismo y socialismos trasnochados. El temor es que otros que iban rumbo a consolidarse, se derrumben ante una prolongada recesión que acecha. La Gran Depresión de 1929 desembocó en nacionalismos y proteccionismos que hicieron estallar la II Guerra Mundial en Europa, y una seguidilla de dictaduras militares en América Latina. Necesitamos evitar los errores del pasado.

El siguiente es un artículo seleccionado y traducido por Chile Liberal para su difundir y comentar. Los destacados son propios.







Esa cosa tan frágil: una buena reputación
The Economist (ver original)

En estos dos últimos siglos, América Latina ha sido sinónimo de despilfarro de oportunidades y de crisis económicas. Su reputación se encuentra tan arraigada que cuando la presidenta de Chile se reunió con el primer ministro británico y ella se jactó de la visión que tuvo su gobierno al ahorrar sus excedentes durante los años del boom, el líder opositor británico, George Osborne, se burló: "Los latinoamericanos le están dando clases de finanzas públicas a Gordon Brown. Aunque cueste creerlo, así es".

Felizmente, la visión del señor Osborne es añeja, o al menos sólo se aplica a unos pocos países de la región [Nota de ChL: Osborne es Conservador]. Durante la década pasada, la mayoría de los países más grandes han mejorado enormemente sus políticas económicas y las instituciones gubernamentales necesarias para aplicarlas. Esta es una de las principales razones por las que América Latina hasta hace poco era un mero espectador en la crisis financiera mundial. Sus bancos son principalmente conservadores y están bien regulados. Muchos países se abstuvieron de continuar con sus malas costumbres habituales de abusar de los préstamos durante los años de boom. Las cuentas públicas no sólo se han mantenido en equilibrio, sino que el endeudamiento público cayó y la región terminó con un superávit de cuenta corriente. De hecho, desde el punto de vista que se quiera, Chile es una de las economías mejor administradas del mundo, pero México, Brasil, Colombia, Perú y Uruguay lo siguen a corta distancia.

Desgraciadamente, nada de lo anterior sirve para blindar a la región contra la recesión mundial. La mayoría de los analistas pronostican que la producción se contraerá este año y se experimentará un tímido repunte el próximo año, o sea, el ingreso per capita caerá. Algunos países están peor que otros. Incluso antes del brote de influenza porcina, México ya se encontraba malherido ya que su economía está firmemente acoplada con la de EEUU. Brasil está un poco mejor. Argentina, Venezuela y Ecuador han desdeñado la prudencia de sus vecinos y se han enemistado con los inversionistas. Sólo la incierta posibilidad de ayuda económica de China puede evitar una posible crisis el próximo año.

Así todo, en contraste con las recesiones anteriores, América Latina en su conjunto no se encuentra peor que el resto del mundo. Es decir, sus flaquezas no están exacerbando el problema. Incluso más, sus gobiernos han sido capaces de amortiguar el golpe con políticas contracíclicas, las mismas que los países ricos han acostumbrado desde los tiempos de Keynes pero que los habituales derroches latinoamericanos y la poca seriedad de sus gobiernos habían hecho imposible en el pasado. Por ello, en vez de verse obligados a recortar gastos cuando caen las recaudacioness de impuesto, esta vez los gobiernos han sido capaces de aumentarlo. Sus bancos centrales han ganado credibilidad como enemigos de la inflación, y muchos tienes suficientes reservas como para bajar las tasas de interés sin poner en riesgo sus monedas.

Conoce tus límites
No obstante, los esfuerzos que hacen los gobiernos para apaciguar el dolor desde luego que tienen un límite. Mientras haya radio de acción, sin lugar a dudas, para suavizar la política monetaria, debe contenerse la política fiscal. El FMI, el Banco Mundial y el Banco Interamericano de Desarrollo van a tapar las grietas este año, pero el próximo se prevé difícil. La recaudación fiscal caerá aún más y los gobiernos latinoamericanos, por causa de sus oscuros pasados, se verán en aprietos para conseguir recursos en los mercados de capitales, que ya estarán seriamente solicitados.

La prioridad para estos gobiernos debe ser mantener la reputación que se han ganado recientemente manteniendo la estabilidad financiera. Esto significa que deben mantener a raya sus presupuestos. Algunos de sus logros sociales en estos últimos años inevitablemente se perderán. Pero los gobiernos sí pueden ayudar a los pobres focalizando sus recursos en áreas como evitar la desnutrición infantil, contener la deserción escolar y mejorando los servicios de salud pública.

Hay otra lección, mucho más difícil. El reciente crecimiento de América Latina se debe a factores externos, como el dinero barato y los altos precios de las materias primas. Con la economía mundial--en el mejor de los casos--desacelerándose por varios años, la región tendrá que buscar en sí misma espacio para crecer, y debe hacerlo mejorando su productividad. Esto necesita de un enorme esfuerzo no sólo por mejorar sus niveles de educación, sino de implementación de reformas que llevan años esperando, como por ejemplo, flexibilizar el mercado laboral. Estas reformas nunca son fáciles en América Latina, donde los políticos democráticos deben conseguir votos de gente que vive en países con las mayores desigualdades del mundo. Pero si la región aspira a consolidar su nueva reputación de progreso prudente y buena gestión económica, tendrán que hacerlo.

miércoles, 1 de abril de 2009

So, are we Latin Americans part of the 'West'?

Emilia has written a very interesting essay on Latin America, named 'Is Latin America Truly Western?' (also posted on her website Cynics Unlimited). This is quite a controversial subject in Latin American countries, or at least in Chile. Same way that the 'n-word' can only be used by Afro Americans, not many Chileans are prepared to readily accept the label 'Third World' given by someone from the West proper (nobody's ever heard of Canada bombing or invading other countries, so they're spared acid criticism). So classing Chile as not quite part of the West only means it's the Third World, and I think that's where the problem is rooted: the West is associated with wealthy industrialised nations, while Latin America is -at the most- an emerging area. The term 'West' means rich countries, but in fariness, we should realise that it's applicable to The Americas (ie North, Central and South) , despite the sad reality: the southern part has lagged behind the northern part for far too long.

But this leads to a semantic problem then: what's the definition of the 'West'? Certainly, and following Emilia's analysis below, high technology and high standards of living are not exclusive to the West. We now see that we all use the term 'West' although nobody really knows what it means. In my view, the very essence of the West dates back to the Greco-Roman world. The cultural cornerstones of the West were crafted there: philosophy, democracy, science, and the Latin language, among many others, are some of the most distinctive fundamentals that today define 'the West' even until now. By extension, the Roman Empire's influence extended to North Europe, and then to The Americas., so we´re all part of the West. This may explain why we don't think of Russia as the West, or all Slavic countries for that matter. It may be a wishy-wahsy definition, for instance, Romania cannot be called a Western country, althoigh it certainly is a Latin one. To call a country truly Western we have two boxes to tick: in the past, it must have been heavily influenced by the Roman Empire; and more recently, it must have not been subjected to the Soviet Empire. So much for West Europe. What about Latin America?

The Continent does tick a number of other boxes: its culture does come from the foundations laid out by classical philosophy, its laws and language also come from the classical tradition, just like main components of its culture. OK, most countries have fledgling democracies, but all Latin Americans know is a good thing to vote for their political leaders. Even Cubans, although mainly in exile, want democracy and have always wanted it. So apart from not being industrialised and with precarious democracies, its culture is rooted in the Greco-Roman world. And that makes it Western.

A more practical definition of the West would be any country where the proper Westerners manage to carry on with their regular lifestyles without being shaken up by cultural differences - only feeling mildly irritated. Having said that, I'm not sure if your average Santiago guy could easily manage to live in La Paz or Quito, to name but a few. So I think that Latin America is part of the West, but some parts are more westernised than others.

Well, the above was my opinion. Here you have Emilia's thought-provoking essay:


Is Latin America Truly Western?


By Emilia Liz

While surfing the Net recently, I came across a website that posed an interesting question: is Latin America Western? Though the site did not give a definite “yes” or “no” to the question, it discussed some of the reasons why people might or might not consider Latin America a part of the West.

The term “West” is somewhat ambiguous these days. “West” and “Western” seem to have joined the ranks of words like “Creole,” “humanist,” and “liberal,” whose meaning varies according to where, when and by whom they are being pronounced. Most people would agree that Canada, the United States, Australia, and Western Europe are clearly part of the West. But they might disagree on where to place East Germany, for instance, which until the fall of the Berlin Wall belonged to the Communist Eastern bloc but which has strong linguistic, historical and cultural ties to Western Europe.

Latin America’s status as part of the so-called Occident is also shaky. On one hand, a writer for Canada’s National Post Magazine referred to Colombia as the “most dangerous country in the West.” An Ecuadorian friend similarly tells me that of course his country is Western; after all, it was colonized by Europeans long before many areas of the United States were. Others, though, would hesitate to include Latin America in the Western fold. Some leftists, seeking to create a sense of Third World solidarity, lump the region together with Africa, Asia and the Middle East rather than with Europe and North America. Ironically, many right-wingers too would place Latin America outside the Western pale, not only because the region is not industrialized but because the majority of its inhabitants are not “white” (that is, of unmixed European descent).

My answer to the website’s question is that yes, Latin America is Western. Saying that Latin America is not Western is to my mind a bit like saying that humans are not mammals. In other words, what else could it be? Just as humans possess all the physical features of mammals (hair, the ability to produce milk for their young, and so on), Latin American culture is largely based on that of Western Europe, more specifically Spain’s and, in the case of Brazil, Portugal’s.

The first objection to classifying the Latin American countries as Western is that they are not industrialized, at least not to the same degree as those of Europe and North America are. But industrialization is not the exclusive domain of the West. Japan is one of the most industrialized nations in the world, yet it certainly is not Western. The far less technologically developed Philippines is far more Westernized than Japan, due to its three hundred years under Spanish control. While the wish to promote solidarity between Latin America and other Third World areas is commendable, those who do so sometimes forget (or prefer to ignore) that culturally — even if not politically or technologically - the former resembles Europe more than it does Asia or Africa, for example.

Another reason often cited for not including Latin America in the West stems from the fact that most of its people are not “white.” However, Turks are genetically similar to Europeans, but few consider Turkey a Western country. Others might argue that large portions of Latin America, such as Bolivia and Guatemala, are inhabited by people with no European ancestry whatsoever. But the same thing could be said of Canada, where in the most northerly areas of the country the population is mostly Aboriginals and Inuit.

Moreover, most Latin Americans have at least some European ancestry. There are even some with no non-White background at all, such as a former boyfriend of mine who was born in Peru to a German-Northern Italian couple. Even setting Latin America’s “white” inhabitants aside, the average mestizo [1] or mulatto [2] has more in common with his or her European forbears than Indian and/or African ones. He or she in all likelihood speaks a European language — Spanish in most of the region and Portuguese in Brazil — as his or her mother tongue, practises a religion that while not originally from Europe took root on that continent more widely than on any other, and leads a lifestyle similar to that of Spain, Portugal and other Latin countries like Italy and France.

From this standpoint, it’s hard to claim that Latin America is any less Western than the United States or Australia. The difference is of course that the latter two places derive their culture from Britain whereas the former traces its culture to Spain or Portugal.
Undoubtedly Native American and African customs have influenced Latin America. And it’s understandable that countries like Mexico, which broke away forcefully from their “motherland,” Spain, are now stressing their Indian roots over their European ones. Other nations emphasize their “mestizaje” — the term for “racial mixture” in Spanish — in an attempt to recognize their dual (or in the case of places like Brazil with a strong African component, triple) heritages. But the reality is that for most mixed-race Latin Americans — who, by the way, form the majority of the area’s population — their European heritage has played a far greater role in shaping in their world views, social attitudes, and daily lives than has their non-“white” ancestry.

Indeed, the fact that miscegenation — generally involving Europeans and other “races,” though individuals of mixed African and Native American descent also exist — played such a major role in Latin American history is probably the principal reason for that region’s status as part of the West. It’s important to stress that not all Spanish and Portuguese colonies joined the ranks of the Western world. Spanish rule in the Philippines, for example, did not transform the islands into a Latin country. Though Spain did have considerable influence on the Philippines — in converting most of the people to Catholicism, in providing Spanish loan words to the local languages, and in giving the people Spanish first and/or last names — the Filipinos’ pre-colonial Asian culture remained largely intact even after three centuries of Spanish domination — roughly the same amount of time Spain controlled Latin America. Interestingly, miscegenation between Spaniards and Filipinos (or should we say Filipinas, because practically all such unions involved Spanish men and Filipina women) occurred on a fairly limited scale, as very few Spaniards settled in the islands. As historian John Phelan explains, the Philippines failed to become a Latin nation as Mexico did in part because the former lacked a mixed-race population to help Hispanicize the natives and by extension the country.

A friend from Colombia, a man of mixed Spanish and Native American descent who would never have passed for “white” in the United States, admitted to me that he felt “at home” on a visit to Italy because Italy is a Latin country, like Spain and Portugal. Obviously Latin America is not a carbon copy of Iberia. [3] But neither is the United States a replica of England. And just as no one would ever classify humans as fish, amphibians, reptiles or birds, Latin America cannot be anything but Western.

Notes
1. The term “mestizo,” though it literally means “mixed” in Spanish, in Latin America generally refers to people of mixed European and Native American ancestry.
2. A “mulatto” refers to a person of mixed European and African descent.
3. “Iberia” refers to Spain and Portugal.

sábado, 10 de mayo de 2008

Bolivia no da para MAS

"El socialismo es la filosofía del fracaso, el credo del ignorante y el evangelio del envidioso, su única virtud es la distribución igualitaria de la miseria."

Winston Churchill.




Evo Morales ha respetado el estado de derecho, no así los autonomistas. Pero el 2011 el Movimiento al Socialismo (MAS) no debe continuar

El análisis de Chile Liberal se basa en el respeto al imperio de la ley (rule of law), así como el respeto y fomento a las libertades económicas que conducen a la construcción de una sociedad abierta y próspera. Por ello planteo ciertos resquemores frente al referéndum celebrado en Santa Cruz. Para entender la situación boliviana es necesario comprender que aquí está en juego el control sobre las ricas reservas de hidrocarburos situadas justamente en la zona este del país. Como pueden ver en el mapa (derecha), es la zona de los hidrocarburos la misma que pretende autonomía. Es, además, la zona más blanca o mestiza en el país con la mayor poblcación indígena de América Latina.

El ex presidente Mesa aplicó un 50% de impuestos y royalties a los hidrocarburos: culminó abruptamente su gobierno en medio de una violenta revuelta popular porque la turba enfurecida quería nacionalizar por completo. El líder de las protestas era un dirigente campesino de origen aymara llamado Evo Morales. Hoy en la presidencia ha moderado su postura, y si bien ha nacionalizado gran parte de los hidrocarburos, paradójicamente no ha nacionalizado por completo, ni tampoco aplicó el 82% de impuesto que pretendió inicialmente sino que rebajó la cifra a un 50%... lo mismo que pretendía Carlos Mesa. Más allá de demostrar estupidez, deja manifiesta una faceta poco explorada del presidente Boliviano: su pragmatismo.

Desde siempre los cruzeños han querido gozar de mayor autonomía para explotar y vender sus recursos. Pero el temor al socialismo extremo de Morales les ha incitado a organizar un referéndum que no contó con el apoyo de la OEA, y que fue ilegal. La oposición boliviana ahora ha desafiado al presidente a una justa electoral, o sea, a otro referéndum donde se decidirá la continuidad de Morales. La moción pudo ser vetada por el mandatario pero éste aceptó el desafío. Este mecanismo es plenamente constitucional y fue establecido en la nueva carta fundamental que ha aprobado recientemente la Asamblea Constituyente. Si todo esto significa alimentos y trabajo para los bolivianos, no está claro.

La oposición parece querer derrocar a Morales lo más pronto posible. Han caído en un error. El ex líder cocalero cuenta con un mandato popular obtenido a partir de un 53% de apoyo en las elecciones del 2005. Las estatizaciones han sido menos drásticas de lo anticipado, y así todo, Repsol, Total, BG y Petrobras han seguido en operaciones, ahora en "alianza" con Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos (YPFB), la empresa estatal. Es decir, no se produjo una fuga.

La nueva constitución pretende eliminar las restricciones a la reelección del presidente. La oposición debe enfocar sus esfuerzos en evitar que Morales se engolosine con el poder, y procurar que lo abandone en enero del 2011. Pretender quitarle el piso ahora a uno de los líderes de la revista TIME puede ser contraproducente.

El presidente aymara de Bolivia comete un gran error al querer deshacer los logros económicos que obtuvo el ex presidente Sánchez de Lozada, quien impulsó las privatizaciones y ordenó la economía. Bolivia ha controlado la hiperinflación y por fin se ha anotado algunos traspasos pacíficos del poder, algo inusual en su turbulenta historia. Esta no es hora de nacionalizar, por mucho que el presidente crea que al pasar la propiedad de las empresas a manos estatales los beneficios los percibirán los más pobres. Si el estado controla la economía, un país subdesarrollado y con altos índices de analfabetismo se corrompe. Las necesarios capitales extranjeros pueden sortear las anacrónicas estructuras financieras de cualquier país, pero no así la corrupción. Mucho mejor sería que el estado boliviano se dedicase a encontrar una fórmula para inyectar los recursos obtenidos de los royalties en favor de una infraestructura decente y de un sistema educacional primario que logre las tasas mínimas de alfabetismo, y cuando la economía avance la educación debe privatizarse por completo. Pero desgraciadamente Morales no ha progresado lo suficiente y su país ha descendido en el ránking de libertad económica desde que asumió la primera magistratura (ver gráfico a continuación). El desafío que tiene por delante demanda de una buena dosis de pragmatismo que no encontrará en sus inspiradores, el dogmático y populista líder venezolano Hugo Chávez o en el momificado Fidel Castro.



Políticamente hablando, Morales ha acertado en crear una Asamblea Constituyente encargada de redactar una nueva constitución. Desgraciadamente, la oposición no ha participado del debate. Bolivia necesita abandonar el camino del centralismo, tan típico de iberoamérica, y si necesitan refundar el país, debe hacerse con altura de miras. Probablemente la nueva constitución ayude a dicha tarea, si bien estos documentos son por lo general bastante inútiles. En Chile recordemos que la constitución se redactó unilateralmente por parte del gobierno militar, fue aprobada en elecciones truchas y fue diseñada a la medida de Augusto Pinochet. Bolivia ha hecho lo correcto, pero el ambiente crispado de su debate nacional le impide la serenidad necesaria para encontrar el equilibrio.

Recomendaciones a Bolivia
Morales debe alejarse de Chávez, de hecho, puede él servir como interlocutor entre las izquierdas más moderadas (Lula, Bachelet) y el bastión dogmático de Chávez y Castro. Él debe entender que su país necesita inmensos capitales para explotar eficazmente sus inmensos recursos. Bolivia no cuenta con el capital humano ni con el dinero, y no debe ahuyentar las inversiones, todo lo contrario. Una estructura federal, en desmedro de un control absoluto desde La Paz, es la lección que debe aprender del referéndum. Y una vez establecidas las políticas tributarias, no deben cambiarse: nada irrita más a los inversionistas que la inestabilidad.

Ningún país ha superado la pobreza gracias al estatismo. La libertad económica es la que demanda libertades políticas, no los decretos ni las constituciones. Sin embargo, considerando las enormes deficiencias educacionales y de infraestructura (¿cómo exportar sin carreteras?), probablemente sea mejor tolerar cierto grado de intervención estatal. Cómo compatibilizar lo anterior con un control sobre la corrupción es una tarea titánica (recursos educacionales robados, coimas, hospitales de Curepto, etc, los chilenos hemos vivido en carne propia), y necesita de una oposición constructiva y decidida a explicar clara e inteligentemente los mecanismos de mercado a los votantes. El apego a las leyes y al estado de derecho es fundamental, así como mantener alejada a la iglesia de Roma para evitar sus intervencionsimos indebidos.

Es posible que el 2011 la oposición reclame ante la OEA porque Evo Morales desea aferrarse al poder por otro periodo. Será entonces cuando les reprocharán que no tienen autoridad moral, y les sacarán en cara el referéndum de Santa Cruz (y su 44% de abstención).


Nota:
Se invita a votar en la encuesta situada en la parte superior de la barra lateral

Documentación
The Economist, Backgrounders: Bolivia
BBC Mundo: Laberinto Boliviano
The Heritage Foundation: Index of Economic Freedom, Bolivia

sábado, 3 de mayo de 2008

Cristina en el país de las fantasías

Una descarnada y penetrante crítica del semanario liberal a la gestión de Cristina Fernández de Kirchner, presidenta de Argentina. Chile Liberal presenta la traducción de dicho artículo. Los vínculos son añadidos, y los destacados en negrita son las soluciones que recomienda The Economist. Incluye una comparación con la deficiente gestión de Michelle Bachelet en Chile. El original también lo hemos puesto a disposición en Cristina in the land of make-believe. Ver también artículo original en The Economist.

Por favor no reproducir sin citar la fuente.




May 1st 2008 | BUENOS AIRES
From The Economist print edition
© Traducción de Chile Liberal

La presidenta de Argentina está destruyendo las esperanzas de cambio, y lleva a su país a peligros económicos y conflictos sociales


Ganó fácilmente las elecciones presidenciales del año pasado, prometiendo mantener el impresionante desempeño económico de Argentina, tranquilizar las tensiones sociales y reconstruir las relaciones internacionales. Pero transcurridos apenas cinco meses desde que sucediese en el mando de la nación a su marido, Néstor Kirchner, Argentina ha empeorado en los tres aspectos anteriores. Su gobierno ya se muestra desorganizado. Ha provocado una revuelta por parte de los agricultores a causa de un aumento de impuestos. El 24 de abril perdió a la figura más importante del gabinete cuando Martín Lousteau renunció a su cargo de ministro de Economía debido a desacuerdos en materias políticas. El precio de los bonos argentinos se ha derrumbado y los inversionistas exhiben poca confianza en el gobierno.

La economía creció a más de un 8% anual desde el año 2003, cuando empezó una recuperación vigorosa después del colapso financiero, valiéndole popularidad al entonces presidente Kirchner. Se vio favorecido además por altos precios en las exportaciones de Argentina, pero reactivó aún más la economía con algunos gastos públicos y una moneda devaluada. Se sacó de encima riesgos inflacionarios, robusteció a las empresas con un congelamiento de precios y ordenó a sus subordinados que manipulasen el índice de precios al consumidor.

Durante la campaña presidencial, Cristina Fernández dio la impresión a algunos analistas de que ella sería más moderada que su pugnaz marido. Pero estas esperanzas se han destruido rápidamente. Ella ha mantenido a la mayoría de los ministros, las políticas y la retórica de su marido. De acuerdo a cálculos extraoficiales, la inflación ha alcanzado un 25% (la cifra oficial es 9%).

La señora Fernández muestra pocos signos de querer reducir el crecimiento, cueste lo que cueste. El error del ex ministro Lousteau fue -al parecer- su intención de cumplir con la promesa electoral de restaurar la credibilidad en las estadísticas oficiales. Su sucesor, Carlos Fernández, es un don nadie. En la práctica, es Néstor Kirchner quien sigue a cargo de la política económica. "No queremos un enfriamiento económico porque siempre genera desempleo, pobreza, exclusión y concentración económica", ha declarado él mismo en un reciente encuentro del movimiento peronista (actualmente en el poder).

Pero un recalentamiento y un espiral inflacionario ya están haciendo a los argentinos sentir algunos de estos peligros, y si no se actúa a tiempo, todos ellos se harán sentir. La agencia de estadísticas ha dejado de publicar cifras de pobreza. Usando una estimación independiente de inflación, la tasa de pobreza ha subido de un 27% en 2006 a un 30%, y 1,3 millones de argentinos cayeron a la pobreza el año pasado, según cálculos de Ernesto Kritz, un economista de Buenos Aires.

Para apaciguar la inflación y estabilizar la economía, el gobierno debe permitir la apreciación del peso argentino, reducir el crecimiento del gasto y los subsidios a la energía, y aumentar la tasa de interés. Mientras más tarden estas medidas, más dolorosas e impopulares serán.

La señora Fernández ya se encuentra en una posición más débil que la de su marido. En varias encuestas de opinión alcanza apenas un 35%. Néstor Kirchner acostumbraba comprar el apoyo de gobernantes provinciales y locales con generosas transferencias de dineros públicos. Esto se está volviendo cada vez más difícil para su esposa.

Para compensar el excesivo gasto de Néstor Kirchner en la época previa a la elección, Cristina Fernández en marzo subió los impuestos a las exportaciones agrícolas. Mantenidas a flote por el alto precio de las materias primas a nivel mundial y una tasa de cambio favorable, los agricultores habían aceptado -hasta el momento- dichos aumentos, aunque a regañadientes. Pero el aumento de impuestos, junto con una inflación creciente, disminuyeron las utilidades de la exportación de soya a un 6%, por ejemplo. Los agricultores organizaron una campaña de protestas pocas veces vista, bloqueando caminos y con cacerolazos en varias ciudades.

Estupefacta, la respuesta de Cristina Fernández fue notablemente autoritaria e impropia para un estadista. Acusó a los agricultores de avaros e, increíblemente, de querer inducir a un golpe de estado. El gobierno organizó grupos de piqueteros (manifestantes desempleados que reciben beneficios estatales) para enviarlos a enfrentarse contra los agricultores y quienes solidarizan con ellos. Pero le salió el tiro por la culata. "Cristina logró en tres semanas todo lo que los agricultores no pudieron en 50 años: unirse", opina Gustavo Martínez, de la Universidad del Salvador en Buenos Aires. Los agricultores paralizaron sus protestas para dialogar. El gobierno parece buscar la forma de echar pie atrás.

Incluso en relaciones internacionales, donde Néstor Kirchner no mostró interés alguno, la actual presidenta ha tenido poco éxito. Su deseos de mejorar las relaciones con EEUU fracasaron por culpa de un complicado incidente relacionado con los gastos de la campaña electoral. El año pasado los oficiales de aduana de Buenos Aires incautaron $800 mil dólares en dinero efectivo que traía Guido Antonini Wilson, un ciudadano argentino-venezolano, quien había llegado en un avión privado, alquilado por el gobierno argentino. Dos días después de la investidura de Cristina Fernández como presidenta, fiscales norteamericanos presentaron cargos contra cinco individuos quienes habrían amenazado a Antonini, quien reside en Miami, y afirmaron tener evidencia que demostraría que el dinero iba dirigido a financiar la campaña presidencial de Cristina Fernández.

La presidenta parece haber culpado al gobierno norteamericano, en vez de la justicia de aquel país, por lo que ella denominó una "operación basura" en su contra. Una visita a Europa planeada para el mes pasado debió ser cancelada debido a las protestas de los agricultores. Mientras que los inversionistas extranjeros inyectan cada vez más dinero a Brasil, Fernández no ha hecho nada para reafirmar la confianza de éstos en el sentido que pueden disfrutar de políticas estables mientras ella esté en el poder. El gobierno ha firmado esta semana un contrato de 3.700 millones de de dólares por las obras de un tren bala de Buenos Aires a Córdoba, el primero de su tipo en América Latina, pero que será pagado con deudas.

La señora Fernández aún cuenta con bastante tiempo para corregir sus errores. Además tiene la suerte de enfrentarse a una oposición débil y fragmentada. Su esposo se ha instalado en la presidencia del Partido Peronista, que sigue siendo una maquinaria política formidable. Pero el apoyo a la primera pareja del país va disminuyendo hasta reducirse a las clases bajas urbanas, organizadas bajo su propia maquinaria política.

Después de un comienzo agitado, muchos comparan a Cristina Fernández con Michelle Bachelet, la igualmente desventurada presidenta de Chile, con quien además mantiene un trato amigable. Pero al menos Bachelet está cometiendo sus propios errores. El rumor en Buenos Aires es que Cristina está pagando el precio por la testarudez de su esposo, incluso si es una característica que ella en realidad comparte. "La edad de oro de los Kirchner llegó a su fin", dice Sergio Berensztein, un consultor político. "Ahora van a tener que acostumbrarse".

sábado, 26 de abril de 2008

Saquémosla

"La venganza es un plato que debe servirse frío". (Oscar Wilde)

Un demente quemó una mona de yeso guardada en la catedral de Santiago. La reacción que generó fue sicopática: "han profanado a la madre de Chile". No señores, no damas. Es una mona de yeso, no es mi madre, y soy tan chileno como cualquiera. Chile es un país laico y no "mariano". Creer que una virgen parió a Jesús es un insulto a la inteligencia. Saquemos todas las monas de yeso, empezando por esa mona gigante situada en la cumbre del Cerro San Cristóbal, que no sé quién la situó ahí, ni sé a quién le pidieron permiso. Sus símbolos religiosos pueden guardárselos en sus propios templos y no necesitan hacer alarde de ellos a toda la ciudad. Saquemos a la Mona de Yeso del San Cristóbal.

La idolatría no conduce a nada. Pero esa figurilla es particularmente odiosa. Adorar tan enfermizamente la virgnidad lleva a demonizar el sexo, y de ahí proviene el maltrato a la mujer. "Ni blancas ni puras" rezaban varias pancartas en la marcha a favor de la píldora. ¿Tanto le cuesta entender a los papistas ultramontanos que la virginidad no es una virtud?

Una marcha que congrega a más de 10 mil personas no ocupa portada en El Mercurio. Pero un guatapique en los baños de la Universidad Andes sí que es portada, y se lleva lugar de privilegio en el epistolario. Y peor aún es ver a los papistas ultramontanos hiperventilando por semenjante artefacto explosivo (apenas un guatapique) que pudo producir daños (apenas es un cariñito). La misma reacción que tuvieron frente al demente que quemó la mona de yeso de la catedral.

Esto me lleva a pensar que debemos remover todas las figuras religiosas que en el pasado analfabeto e ignorante de Chile fueron aclamados como los guías de la nación. Hoy somos una nación próspera, inteligente y pujante que ya no cree en nacimientos virginales: es estúpido creer que una virgen puede parir.

El Mercurio ahora nos recuerda que se cumplen 100 años desde que erigieron esta mona gigante. Llegó la hora de sacarla e instalar en su lugar un monumento a la libertad, o al progreso humano, o a la tolerancia, pero no a la mitología medieval.

Los sectores que más reclaman contra la PDD y que se autodenominan defensores de la vida son los que se oponen al condón (que no es abortivo), a la masturbación (ideología católica) y al sexo fuera del matrimonio. Esa gente vive en otra época, y es hora de pedirles que saquen sus símbolos.

No apoyo la violencia física, porque prefiero la irreverencia máxima que más molesta al papismo: un individuo que piensa por sí mismo. Una bomba en la Universidad Andes no es un acto subversivo. Invitar a sacar la mona del San Cristóbal, así como el payaso en Río de Janeiro, es un signo de que avanzamos como continente. El catolicismo nos arrojó a la pobreza. Hoy, a diferencia del demente de la catedral, en virtud de la autoridad que me da el buen juicio, exijo a los ciudadanos chilenos y latinoamericanos que saquen estas figurilla estúpidas de sus ciudades.

Le llegó su hora final al catolicismo.

Basta.



domingo, 20 de abril de 2008

Agflación: crónica de una crisis anunciada

Vimos por nuestros televisores, quizás mientras plácidamente tomábamos onces (cena), disturbios en Haití. La causa fue el aumento de precios de los alimentos. Hubo demostraciones similares en México por el precio de las tortillas. Conflictos han estallado hoy en Egipto por el precio del pan (ver video), y el precio del arroz ha golpeado a Filipinas, Bangladesh, China, e India. En éste último país es el principal problema económico por el impacto sobre la inflación. En Viet-Nam el gobierno ha restringido la exportación de arroz (principal alimento del mundo), lo que muestra el problema que tenemos por delante: las distorsiones de los gobiernos empeorarán el problema. En Chile el kilo de pan a $1.000 ya no es una locura. Quizás pronto el tomar onces será un problema serio para los más pobres, como en los viejos tiempos. Salvador Allende anunció que quedaba harina para tres días. Todos sabemos lo que ocurrió después de dicho anuncio. No es bueno ser alarmista pero estamos frente a un aviso de tsunami, y depende de la experiencia que la humanidad haya acumulado estos años para huir de las costas y evitar esta oleada de hambre que se avecina. No sólo Viet-Nam, sino que la UE y EEUU nos demuestran que no han aprendido nada sobre las distorsiones del gobierno a la economía. No olvidemos que cuando faltó pan también estalló la Revolución Francesa.



El origen del problema
Se define agflación como el aumento en el precio de los alimentos que se produce como resultado de un aumento de la demanda de productos de consumo humano (maíz, girasol, caña de azúcar, soya, colza, canola) y su uso como una alternativa en materia de combustibles (bio-combustibles, biodiesel). Las causas del problema son los siguientes:

- El crecimiento económico de China e India que demandan hoy más alimentos
- El precio del petróleo cada vez más cercano a los US $100 el barril
- La especulación financiera sobre el abastecimiento de alimentos
- Los incentivos (erróneos) a los biocombustibles que encarecen el suelo
- Inundaciones y sequías producto del cambio climático

Los últimos dos puntos se deben casi exclusivamente a los nefastos años de George Bush. Su sistemática negación del cambio climático, que le ha llevado a promover los biocombustibles, han surtido el efecto ya anticipado hace años. El petróleo no explotado en Iraq y la caótica situación en Venezuela y todo oriente medio podríamos evitarla si adoptásemos la energía nuclear. El florecimiento de las clases medias en China e India significan que cada vez más gente come más. Para producir un bistec de carne necesitamos espacio para las vacas y hectáreas de suelos para pastoreo. Si los indios y chinos deciden adoptar los mismos hábitos alimenticios que los norteamericanos, entonces el mundo se quedará sin alimentos.

Chile y sudamérica en general puede capitalizar este extraordinario momento si es que adoptan las tecnologías necesarias para optimizar la producción de alimentos. Sería bueno que Europa, especialmente el Reino Unido, olvidasen su estúpida superstición sobre los productos genéticamente modificados. Los eco-nazis también deberán abandonar los productos orgánicos, que son caros y no optimizan el uso de suelos.

En Egipto (ver video al principio) el gobierno debió emplear al ejército para producir y distribuir pan. El apoyo a la tecnología y cierta logística puede contar con intervención de los gobiernos. Pero lo principal es derribar las barreras y los subsidios que imponen absolutamente todos los gobiernos. Nadie se cree el cuento del tratado de "libre comercio" entre Chile y EEUU. El libre comercio no puede existir cuando se firman 10 mil páginas de normas. Viet-Nam y sus restricciones a la importación han mostrado el camino equivocado. Desgraciadamente, aún nadie ilumina el camino a seguir. Los eco-nazis sacarán la voz, pero tenemos que hacer oídos sordos: la tecnología nos va a salvar, siempre y cuando los gobiernos se replieguen. Los cristianos pueden orar para multiplicar los panes. Los socialistas deben pedirles a sus gobiernos que eliminen los impuestos a los combustibles y que ahora bajen el IVA, porque encarece los alimentos. En fin, todos debemos cooperar.

Si desde el fin de las dictaduras latinoamericanas hasta hoy hemos logrado un sistema educacional que estimule la tecnología y las ciencias deberíamos hoy estar aplicando los conocimientos y ganar dinero vendiendo alimentos. Pero sospecho que, al ver los incendios en Buenos Aires y la acusación a la ministra Provoste en Chile, los latinoamericanos no defraudamos: seguimos siendo estúpidos. Tecnología, educación, eliminación de impuestos y aranceles.... nadie ha prestado atención.

La tormenta perfecta
Países como España el 1992 y Grecia el 2004 han visto cambios radicales después de organizar Juegos Olímpicos. La situación en China ya se ha vuelto insostenible, y Beijing 2008 marcará el comienzo del fin. Añadamos la crisis de alimentos y estamos frente a un fenómeno que cambiará al mundo, porque alimentar a China libre (e India) será una tarea titánica.

Fue a mediados del siglo XIX en que los grandes terratenientes ingleses lograron impedir la importación de trigo a su país para mantener altos los precios. Aquella ridícula legislación se llamó Corn Laws (leer excelente artículo) y contó con el apoyo del Partido Conservador. Para luchar contra ello se fundó un panfleto llamado The Economist, que se alió con el Partido Liberal. Finalmente se impuso la razón por sobre los intereses de unos pocos. En Chile muchos siguen defendiendo los aranceles a la importación de granos y lácteos desde Argentina. Este blog ya ha argumentado en contra. Es urgente seguir derribando estos mitos proteccionistas porque se nos viene encima una crisis mundial. Hoy The Economist nos presenta un excelente especial sobre El Tsunami silencioso.

viernes, 4 de abril de 2008

¡Hey, mujeres!

Desde tiempos inmemoriales el hombre se ha impuesto por sobre la mujer gracias a su mayor fuerza física. Los tiempos han cambiado, aunque no tanto en Chile. El acceso a la educación permitió que las mujeres se incorporasen al campo laboral. Las mujeres han obtenido el derecho a voto. Hoy, una mujer es presidenta de Chile. Pero estos logros significaron batallas arduas, y a favor de ellas siempre estuvimos los Liberales enfrentándonos a los Conservadores. A continuación les presento dos citas (ver fuente) que nos ilustran sobre la ferocidad del lobby Conservador:


Nosotros, los estudiantes abajo firmantes, consideramos que los resultados de la mezcla de sexos en la misma clase pueden ser bastante desagradables. Es muy probable que los profesores se sienta cohibidos ante la presencia de mujeres, y no puedan referirse a ciertos hechos necesarios de forma explícita y clara. La presencia de mujeres jóvenes como espectadores de la sala de operaciones es una ofensa a nuestros instintos y sentimientos naturales, y está destinada a destruir esos sentimientos de respeto y admiración que todo hombre en su sano juicio siente hacia el otro sexo. Esos sentimientos son un signo de la civilización y del refinamiento.
- Estudiantes de medicina del hospital de Middlesex (Londres) protestan en 1861 ante la posible presencia de una mujer estudiante, Elisabeth Garett Anderson

(...) afirmó estar completamente en contra de la extensión del derecho de voto a las mujeres, ya que pensaba no sólo no traería ningún bien a su sexo, sino que, por el contrario, haría mucho mal. Citando las palabras de Lady Jersey afirmó: "No pongáis sobre nosotras esta carga adicional". Las mujeres, en su opinión, no eran iguales a los hombres ni en resistencia ni en energía nerviosa, incluso, en su conjunto, tampoco en inteligencia".
- Lady Musgrave, presidente de la sección de East Grinstead de la Liga Anti-Sufragio, en un mitin en 1911


Si hoy un grupo de presión propusiese no educar a las mujeres, o no recibir estudiantes de medicina como querían los señores en el Londres de 1861, estallaría un escándalo. De hecho, a nadie se le ocurriría pensar que no se puede educar a mujeres en la profesión médica. A nadie se le ocurriría negarle el voto a las mujeres porque no tienen "resistencia nerviosa" ni "inteligencia". ¿Cómo es posible que la lucha haya sido tan feroz? Hoy miramos al pasado y los Conservadores ríen, y dicen "ho ho, eso fue antes, era otra época". Acto seguido, nos dicen que "la Píldora del Día Después debe estar prohibida, al igual que el aborto. Incluso se afirma que los anticonceptivos son malos y que generan femicidios. En un debate con una bloguista chilena ultracatólica, ella ha hecho las siguientes afirmaciones (las negritas son mías):

efectos secundarios de la píldora, para la mujer (...) En los primeros seis meses: hemorragias entre la menstruación, nauseas, dolores en las pechugas (perdonen, pero supongo que todos son adultos y muchos, con bastante "experiencia", es que las cosas, hay que decirlas como son);

aumento de peso; aumento o pérdida del apetito;

migrenas (sic) (se llaman así en castellano? => jaquecas, vómitos, etc.);

a las mayores de 35, sobre todo pero no únicamente, sin fuman, se recomienda dejar la píldora por el alto riesgo de:

trombosis, embolía pulmonar, derrame cerebral (...), ataque al corazón (...).

O sea, que, a partir de los 35, a muchas mujeres se les acabará la vida sexual, oh, supongo que hay muchos hombres que, entonces, por tal razón, la dejarán por una más joven...

la página de los médicos alemanes advierte que se discute actualmente, que no se puede asegurar, pero que se teme que la píldora puede provocar un Gebärmutterhalskrebs = cáncer del cuello del útero;

sin embargo, se piensa -algo positivo de la píldora- que tal vez pueda evitar el cáncer de trompas (...) y el cáncer de útero (...)

dice que los antibióticos y los antiepilépticos, pueden provocar una falla de la píldora;

además dice que, si la mujer ha estado enferma del estómago (diarrea o vómitos) tal vez la píldora no funcione.

Bueno, estos son los efectos somáticos de la píldora, los psicológicos (depresiones y frigidez) los dejaremos para otra ocasión.

Yo me pregunto: qué cuesta esperar unos días, aguantarse un par de días por amor, y tener relaciones en los períodos infértiles de la mujer?

Destaco todo lo anterior porque es necesario conocer a nuestro enemigo: el conservadurismo católico. Afortunadamente, las mujeres chilenas ya están despertando del letargo y comienzan las protestas.

El sometimiento de las chilenas
Un ensayo gravitante en la liberación femenina se titula El sometimiento de las mujeres, escrito por el filósofo, economista y político liberal John Stuart Mill. Lo que el célebre autor nos plantea es que mientras las mujeres no gocen de igualdad, la sociedad no puede avanzar. Nos privamos de todas sus capacidades, de su trabajo, y de su inteligencia (antes discutida por el lobby Conservador). Esto es notablemente serio en nuestro país donde, como vemos en el gráfico de la derecha (fuente: The Economist), en un continente machista como América Latina las chilenas son las más rezagadas en cuanto a participación en el mundo laboral. Como nos advirtió Mill, esto es un serio impedimento para el progreso de Chile. Y como ya se ha planteado en este blog, una economía pujante no puede florecer en una sociedad retrógrada. El desarrollo de Chile depende hoy de la igualdad que logre la mujer, y el editor de este sitio recomienda a sus lectores apoyar todas las iniciativas que permitan igualar la condición de la mujer frente al hombre, en particular todo lo que se refiere a políticas reproductivas. Es una clave del desarrollo la liberación femenina.

Esto es tan cierto que en Europa vemos como los dos países más machistas, España e Italia, sufren de una bajísima tasa de natalidad. En estos países de tradición católica romana las mujeres aún se enfrentan a la disyuntiva de elegir entre familia o carrera. Como las mujeres prefieren su carrera, el detrimento en la formación de familias con 2,1 hijos (la tasa de reposición) genera serios problemas de implosión demográfica. Una vez más nos encontramos que los países avanzados con grandes niveles de igualdad entre hombre y mujer sufren mucho menos de falta de hijos. La igualdad entre hombre y mujer es, como nos dice Mill, clave para el progreso humano.

No me digas nada a mí
Hace varios años, la banda de rock chileno Los Prisioneros advirtió sobre esta situación y con un sarcástico tema denunció el sometimiento de las mujeres. La canción, como recordarán, se llamaba "Corazones rojos". En ella, el hablante se refiere en términos machistas y groseros a su pareja, con improperios incluso. En el coro, como pueden ver en el video a continuación, es la propia sociedad la que le pide a las chilenas que se levanten y se rebelen contra el machote femicida y piropero, e incluso contra las propias mujeres que sometidas al fascismo clerical del Vaticano acaban por reprimirse y oprimen al resto difundiendo el oscurantismo que promueve la homofóbica y misógina curia católica. Hoy se han anotado un triunfo espectacular al prohibir la distribución pública de la Píldora del Día Después, iniciativa presentada por 36 diputados de la Alianza por Chile pero refrendada por Mario Fernández, afín a la Concertación. El editor de este blog también recomienda a sus lectores que no voten por ninguno de estos 36 diputados, y que se continúe esta lucha en tribunales internacionales. Lean este artículo de un bloguista chileno.

Los Prisioneros nunca quisieron insultar a nuestras mujeres. Pero sí llamar la atención sobre esta anomalía: Chile no tiene feministas.

Eres ciudadana de segunda clase,
sin privilegios y sin honor.
porque yo doy la plata
estas forzada a rendirme honores
y seguir mi humor.
Búscate un trabajo, estudia algo,
la mitad del sueldo y doble labor.
Si te quejas ahí esta la puerta
no estas autorizada para dar tu opinión.

¡Hey, mujeres!

Nosotros inventamos,
nosotros compramos,
ganamos batallas y también marchamos.


En la casa te queremos ver.
lavando ropa, pensando en el.
con las manos sarmentosas
y la entrepierna bien jugosa.

Ten cuidado con lo que piensas,
hay un Alguien sobre ti.
Seguirá esta historia,
seguirá este orden,
porque Dios así lo quiso,
¡PORQUE DIOS TAMBIÉN ES HOMBRE!








lunes, 24 de marzo de 2008

III Congreso de la RELIAL

Estimados amigos,

Con motivo del próximo Congreso Liberal que se efectuará en Rosario, Argentina, me permito difundir la presente columna de opinión de un gran amigo de este blog, el profesor peruano Eugenio D'Medina Lora, que pueden visitar en su blog Referente Libertad y en su thinktank CEPPER. Invito a conocer sus opiniones y a leer su opinión:



Conjeturas y reflexiones en torno al III Congreso de la RELIAL

Por Eugenio D'Medina Lora

Lima, 23 de marzo de 2008

http://referentelibertad.blogspot.com


Un encuentro tan estimulante como el del Rosario, Argentina, con ocasión del III Congreso de la Red Liberal de América Latina (RELIAL), no es moneda corriente que se pueda desperdiciar. Plantea desafíos muy grandes: construir institución a partir de la diversidad de visiones institucionales y de países, concretar en acción los postulados ideológicos y los idearios institucionales de los miembros y elaborar un mensaje de alta convocatoria hacia nuestras sociedades y que pueda ser el telón de fondo sobre el cual desplegar los dos desafíos anteriores.

La construcción de una institución corporativa es inherente a la acción concreta de sus miembros, lo que genera una simbiosis que compromete a “hacer” antes que “decir”. Sin acción de las instituciones individuales, será imposible sostener la institucionalidad de RELIAL, al menos si se pretende que se proyecte a una entidad cuya opinión se convierta en referente en Latinoamérica.

Dista mucho mi intención de plantear una agenda, ni siquiera un marco para la discusión de la RELIAL. El solo hecho de plantearlo, además de arrogante, sería inútil por la variedad de talentos y visiones de los integrantes de la organización. Apenas alcanza para delinear conjeturas a modo de reflexiones, por donde, en algunos casos, quizá se puedan construir algunas sinergias institucionales que nos permitan avanzar en cada uno de nuestros países, a través de pasos concretos con los que logremos trascender desde la fina teoría hacia la práctica política.

¿Es esa práctica política, inherente a la construcción de partidos liberales en América Latina? Estoy entre los que piensan que sí. El liberalismo sólo se construye con marca de clase. Insertarlo en otros programas ideológicos es útil para las políticas públicas en el corto plazo, pero resulta poco valioso para el sostenimiento de la doctrina en el largo plazo, que a su vez, da coherencia a las políticas públicas de largo plazo. Un sostenimiento que se constituya en dique de contención de las arremetidas de la marea colectivista que cada tanto golpea las playas del desarrollo sostenido en América Latina y que en la actualidad, se perfila como un ataque estructurado desde el socialismo hegemónico en el continente, en todas sus variantes y matices. Socialismo que llega incluso a la abierta y oficial apología de grupos terroristas y que las variantes presuntamente menos radicales, muchas veces consideradas “moderadas” o “responsables”, no condenan ni deslindan con claridad y energía.

Ese sustento doctrinal de largo plazo necesario para contener este avance del socialismo latinoamericano, requiere de una acción política también sostenida y debidamente posicionada en el espectro político de nuestros países, a través de los partidos políticos. El hecho de que algunos gobiernos socialistas de la región hayan cosechado ciertos éxitos debido a elementos de liberalismo económico que insertaron en sus políticas públicas – i.e. Chile, Argentina, Perú - , en algún momento pudo haber sido suficiente para avanzar hacia reformas necesarias para torcer la ruta del descalabro. Sin embargo, en presencia de la reciente sumatoria de elementos como el chavismo combinado con el terrorismo y el neo-armamentismo promovido en la región desde el autodenominado “socialismo del siglo XXI” - que en realidad es el socialismo de siempre - vuelve insuficiente la receta de un liberalismo que se derrame y se infiltre en las políticas de gobiernos de izquierdas y derechas. Se hace indispensable pasar a la acción política con membrete propio.

Ahora bien, situar la acción política en el terreno de los partidos, en un sistema democrático implica aceptar que: i) los partidos son organizaciones cuyo fin fundamental es alcanzar el poder y ejercer funciones de gobierno, para lo cual, en sistemas democráticos, implica ganar elecciones; y ii) el mensaje y la doctrina deben diseñarse para convocar la mayor cantidad posible de electores “duros” que sustenten votaciones ganadoras. Lo segundo se hace imprescindible para lo primero y lo primero se vuelve vital para la existencia de un partido político como tal. De esta manera, especial cuidado merece la pena la construcción del mensaje.

Esa construcción, para ser real y consistente, tiene que estar basada en la consolidación de principios que aglutinen un mensaje uniforme, coherente y realista, pero también en un convencimiento profundo de que la crisis política dirigente en que ha devenido América Latina, con un elemento particularmente peligroso como el “social-imperialismo de estado” que encarna nítidamente Hugo Chávez y sus allegados ideológicos, en otros gobiernos latinoamericanos, hace imprescindible actuar de manera decidida y participativa en el campo de la política activa, sin excluir la posibilidad de encontrar acuerdos programáticos con quienes sin profesar la doctrina, comparten un anhelo genuino de construir sociedades donde existan oportunidades de desarrollo individual y social y en el que los latinoamericanos no seamos extranjeros en nuestros propios países.

La práctica política, a diferencia de la ciencia política, necesariamente implica, en consecuencia, capacidad de tender puentes estratégicos a los que no se puede cerrar ningún proyecto viable de partido liberal que tenga verdadera opción de ganar una elección. Sin embargo, esos canales deben ser administrados tan pulcramente como sea posible, sin abandonar banderas fundamentales que alteren la naturaleza liberal de una propuesta. En este sentido, entregarle al socialismo latinoamericano la autocrítica por las reformas de los noventa, que en el caso de países como México y Perú, fueron tan decisivas, es una abdicación, antes que una concesión estratégica, puesto que dichas reformas cambiaron el rumbo de tales economías y permitieron que los gobiernos de esta década partieran de economías más consolidadas para poder exhibir hoy algunos éxitos que de otro modo, si se hubiera continuado gobernando como en los ochenta, hubiera sido imposible.

Más allá de los despropósitos de la corrupción de algunos funcionarios particulares, que se generó por la desnaturalización, en casos puntuales, de los procesos de privatización y concesiones, y que merecen el peso de la ley sobre la base de procesos justos y no políticos, lo cierto es que estas reformas, y otras, fueron provechosas para las economías de América Latina y son de factura liberal. Los noventa representan, para todas las versiones del socialismo latinoamericano, un golpe del que recién se vienen recuperando en la presente década, pero también un icono contra el cual enfilan sus baterías en todos los frentes – de la economía, de la política e inclusive de los derechos humanos – sencillamente porque en dicha década se marcó un quiebre en varios países que implicó también, entre otros efectos, la ruptura de las izquierdas latinoamericanas, incluidos sus hoy nítidamente aliados grupos terroristas marxistas-leninistas que azotaron países como el Perú. Por este motivo, mi posición es no hacerle el juego a las izquierdas sólo para “limpiarnos” de los activos y pasivos políticos que significaron los noventa.

Caso distinto es el de pretender aligerar la tradicional y fundamental distinción liberal, entre el manejo de los asuntos públicos y los asuntos religiosos. El afán por promover el ideario liberal no puede llevarnos, según mi opinión, a mezclar el discurso liberal con los temas de fe. Una de las conquistas fundamentales de la doctrina fue la separación del estado con las iglesias, por lo cual, el no-clericalismo – antes que el anti-clericalismo – es consecuentemente, una marca de clase de la doctrina. Es altamente peligroso tomar esta clase de atajos, pues la confusión de lo político con lo confesional es algo, sencillamente, reñido con el alma liberal. Pienso que debemos mantenernos críticos de los políticos que, aprovechando su posicionamiento en cuestiones de fe, en cualquier expresión religiosa, pretendan extrapolarlo a los asuntos públicos con evidentes intenciones de manipulación de las masas. Los liberales tenemos que ser leales y consistentes a nuestra esencia, como defensores de una doctrina que acepte todo tipo de adeptos a un ideario político que acepte por igual a todos los creyentes de cualquier credo, sin pronunciarse sobre ellos ni caer en el juego de la polémica con cualquier iglesia o agrupación religiosa.

Para avanzar en la construcción del mensaje apropiado de cualquier movimiento o partido liberal en América Latina, es conveniente empezar planteando la pregunta fundamental que, según mi parecer, debiera ser eje de la reunión de Rosario. La pregunta es: ¿por qué ha sido tan vulnerable el liberalismo en América Latina y cómo podemos fortalecerlo a corto y mediano plazo? Sería un gran avance que la respuesta a esta pregunta, y todo lo que se acuerde en torno a ella que se vincule a la acción institucional, pueda concretarse en una Declaración de Rosario que consigne una renovada visión del liberalismo latinoamericano, de acuerdo a las amenazas actuales y que involucre compromisos reales de las instituciones miembros.

Ensayando explicaciones, se me ocurren cuatro: la construcción del mensaje equivocado, la inexistente estrategia de comunicación, la incapacidad de establecer una suerte de simbiosis entre los hechos empíricos de nuestras realidades y la doctrina liberal y, finalmente, la incapacidad de trabajar en equipo entre los propios liberales y construir plataformas programáticas.

La constitución del mensaje liberal ha tendido a ser ahuyentador en vez de atrayente. Exclusivo, no inclusivo. El entusiasmo o la desesperación por acelerar cambios y establecer distinciones doctrinarias, ha llevado a trazar líneas divisorias radicales en el discurso que han terminado, unas veces, por desanimar afiliaciones y desincentivar intentos de conformación de alternativas liberales, y muchas otras veces, por minar el alma misma de la ideología liberal acercando los contenidos ideológicos hacia utópicas visiones anarquistas que no resisten contrapesos con la realidad de la práctica política.

En esta línea, se debe ser prudente y serio en la elaboración de propuestas que den contenido a este mensaje. Vemos como ejemplo de la inmadurez y la improvisación, el caso reciente de Rafael Correa, que estuvo a punto de desatar una guerra en el continente, para ganarse los parabienes de su “hermano mayor ideológico”, dejándose manipular por su icono del Orinoco. O el caso del Alan García de los ochenta que desató el descalabro peruano por sus apresuramientos extremistas inspirados en el viejo velasquismo que hoy, otro aspirante a púber político, Ollanta Humala, pretende revivir en el Perú cuarenta años después.

Para marcar la diferencia, los liberales debemos ser impetuosos y decididos, pero a la vez, serenos y creíbles. No por ir a los extremos vamos siempre a ganar presencia. Hay que tener la capacidad y el talento de elegir los frentes de batalla en que no queremos ceder, de cara no a una arrogancia intelectual sino con miras a una estrategia política. En esa línea, hay que salir del facilismo de las soluciones utópicas, que sólo nos abre nuevas vulnerabilidades y no permiten que nos tomen en serio en el debate público.

Un elemento claramente recurrente que ilustra este punto es la proclama generalizada de la reducción del estado, cuando lo que se busca en realidad es el gobierno limitado. Limitado a acciones de gobierno, desde luego. Pero entrar al terreno de propugnar drásticas reducciones impositivas, reducciones a cinco ministerios o la abolición de los sistemas de seguridad social, cuando no se analiza la situación de cada país y los grados de libertad de la política pública en cada uno de ellos, es sencillamente ir por el camino del facilismo. Y lo que es peor, de la utopía.

No es posible comparar, por ejemplo, realidades como la de Costa Rica y Perú. Mientras Costa Rica es un país con un proceso de consolidación que partió de una cultura del trabajo generalizado donde no había grandes distancias entre diversas clases sociales, Perú atravesó un proceso de mestizaje violento y jerarquizado desde el inicio de la colonización española, que produjo una sociedad culturalmente fragmentada. Asimismo, mientras Costa Rica tiene poco más de medio millón de pobres, la mayoría incluso constituida por la población inmigrante nicaragüense, Perú posee quince millones de pobres y seis de ellos en situación de extrema pobreza. Es decir, en Perú existe toda la población costarricense, y una mitad adicional, sólo de pobres extremos, diseminados en un territorio donde no llega el estado ni la ley ni los valores occidentales en general.

En escenarios como el descrito, planteo abiertamente que si un gobierno liberal “químicamente puro” – si esto existiera – llegara al poder, no reduciría drásticamente los impuestos ni el total del gasto público, simplemente porque no podría. Lo que sí es factible es que redistribuya ese gasto, financiado con la recaudación tributaria, y lo haga más eficiente. En otras palabras, no propongamos lo in-factible porque nos quita credibilidad como alternativas de gobierno. En vez de ello, enfoquémonos en el campo de las políticas públicas, antes que en el de la teoría política utópica.

En consecuencia, pienso que hay que abandonar el anquilosado lugar común de la simple reducción del estado y transformarlo en la idea de construcción de un aparato estatal liberal, que sea del tamaño apropiado a las necesidades de cada país, pero que fundamentalmente sea eficiente y eficaz, no corrupto y no entorpecedor, capaz de establecer alianzas con el capital privado para implementar grandes proyectos, facilitar condiciones de desarrollo de competitividades y construir espacios de tolerancia pacífica entre diversas expresiones culturales – dentro de las cuales incluyo a las expresiones religiosas – , étnicas – porque el racismo es un anacronismo incivilizado que debemos combatir desde la esencia liberal - y de vivencias diversas – lo cual implica la no discriminación por modos de vida particulares. Todo lo cual, enmarcado en un respeto a un sistema legal que establezca reglas de juego claras, simples, sostenidas e invulnerables a los cabildeos y tráficos de influencias.

Ante este hecho, no hay que horrorizarse ni sorprenderse. Baste la observación empírica de que no existe nación ni país sin estado. De lo que se trata es que se promueva toda la libertad económica como sea posible y de contar con un estado hasta donde sea estrictamente necesario. Debe marcarse entonces sí con claridad, la línea divisoria muy clara entre liberalismo y anarquismo, que es el caldo de cultivo de los totalitarismos de extrema izquierda y extrema derecha.

Ha fracasado, por otro lado, la estrategia de comunicación con el ciudadano – si es que hubo alguna – porque no se aprovecha en el discurso político, las conquistas ideológicas que se han logrado en el terreno económico y político. Nada de esto se ha capitalizado, porque cuando los socialistas de siempre pretenden comportarse como liberales, nosotros, en vez de ponerlos en evidencia, los aplaudimos por la “conversión” o nos auto-relegamos hacia posiciones radicales pretendiendo mantener una identidad, cayendo en la trampa de no afirmar los principios liberales y dejarnos “acomplejar” por la prédica socialista comunitarista. Se ha aceptado así, como práctica tolerable, quedarnos en las catacumbas camuflando nuestra identidad como liberales y sin capacidad de articular la respuesta política adecuada de cara a una propuesta concreta, realista y viable en el contexto de cada uno de nuestros países.


El trabajo de los socialistas en áreas como los derechos humanos y el medio ambiente, convirtiéndolos en dos de sus vetas de desarrollo más activas, ante el fracaso histórico de sus tesis en contra de la economía de mercado, ilustra muy bien este punto. Increíble si tenemos en cuenta que en los países donde mayores violaciones a los derechos humanos se han hecho – y se siguen haciendo – son precisamente aquellos de regímenes comunistas. Y por cierto, los mayores atentados contra la ecología se dan en aquellos países donde los estados totalitarios hacen posible la emergencia de monstruos capaces de mega-destrucciones medioambientales, precisamente debido a la ausencia de libertad de información.


Hemos dejado vacíos estos segmentos de desarrollo ideológico, haciéndole un harakiri a la doctrina puesto que para ninguna corriente de pensamiento, el bienestar humano ha tenido tanta preponderancia como para el liberalismo. Se ha hecho descansar al liberalismo sólo en el concepto del libre mercado y se han desprotegido otros terrenos. Se cayó en la trampa de anteponer a las utopías marxistas, las utopías de los mercados puros y perfectos y del laissez faire, o los purismos pretendidos de los que se dicen seguidores2 de los austrians, con el resultado de dividir en vez de sumar.

El gran Friedrich Hayek advirtió estos peligros. Al respecto, dijo3:

“No hay nada en los principios básicos de liberalismo que hagan de éste un credo estacionario; no hay reglas absolutas establecidas de una vez para siempre. El principio fundamental, según el cual en la ordenación de nuestros asuntos debemos hacer todo el uso posible de las fuerzas espontáneas de la sociedad y recurrir lo menos que se pueda a la coerción, permite una infinita variedad de aplicaciones. En particular, hay una diferencia completa entre crear deliberadamente un sistema dentro del cual la competencia opere de la manera más beneficiosa posible y aceptar pasivamente las instituciones tal como son. Probablemente, nada ha hecho tanto daño a la causa liberal como la rígida insistencia de algunos liberales en ciertas toscas reglas rutinarias, sobre todo en el principio del laissez-faire. Y sin embargo, en cierto sentido era necesario e inevitable.”

Y añade el propio Hayek, para que no queden dudas, lo siguiente4:

“Crear las condiciones en que la competencia actuará con toda la eficacia posible, complementarla allí donde no pueda ser eficaz, suministrar los servicios que, según las palabras de Adam Smith,´ aunque puedan ser ventajosos en el más alto grado para una gran sociedad, son, sin embargo, de tal naturaleza que el beneficio nunca podría compensar el gasto a un individuo o un pequeño número de ellos´, son tareas que ofrecen un amplio e indiscutible ámbito para la actividad del estado. En ningún sistema que pueda ser descrito racionalmente el estado carecerá de todo quehacer. Un eficaz sistema de competencia necesita, tanto como cualquier otro, una estructura legal inteligentemente trazada y ajustada continuamente. Sólo el requisito más esencial para su buen funcionamiento, la prevención del fraude y el abuso (incluida en éste la explotación de la ignorancia), proporciona un gran objetivo - nunca, sin embargo, plenamente realizado - para la actividad legisladora.”


En consecuencia, no hay razón para relegar espacios ideológicos que nos pertenecen históricamente. En vez de ello, debería retomarse los terrenos perdidos y tener la audacia de penetrar decididamente en ellos. Por ejemplo, los temas de derechos humanos y el cuidado medioambiental no pueden ser ajenos al liberalismo, pues tuvieron tanta importancia en el desarrollo de las ideas liberales del siglo XX, que la Internacional Liberal explícitamente las destacó en las Declaraciones de Ottawa de 1987 y Helsinki de 1990. Vale la pena incorporar estos principios adecuándolos al ideario de la propuesta a construir en América Latina del siglo XXI y, según mi opinión, debe inspirar la acción de la RELIAL.


Además es importante recobrar para el liberalismo muchos otros temas. Uno de ellos es el de la descentralización. Si algo está sintonizado con el liberalismo es el límite a los gobiernos y los que más poder acumulan son, precisamente, los gobiernos centralistas. La descentralización tiene que ser distribución de ese poder entre los miembros de la sociedad representados en instancias subnacionales – sean estatales o privadas - sobre bases territoriales. Un ejemplo de esto es la lucha de resistencia del pueblo cruceño ante la prepotencia del gobierno boliviano que encabeza Evo Morales.

También ha habido una incapacidad para relacionar hechos reales con la doctrina. En todos nuestros países han aparecido experiencias que pueden ilustrar el avance del liberalismo en la experiencia real del ciudadano. En Perú tenemos la experiencia de lo que ha sucedido en las áreas marginales de la ciudad de Lima, muy particularmente en lo que respecta a la zona norte, que ha experimentado un crecimiento sin precedentes fruto de la pujanza empresarial de dos generaciones de inmigrantes. Y hay otras experiencias en el resto de Latinoamérica. En vez de buscar en la lejana Europa la invocación a estas experiencias, nos está faltando ejemplificar el avance de la doctrina con las experiencias locales. El liberalismo no debe convertirse en una lista de citas bibliográficas. En vez de ello, el liberalismo como políticas públicas debe partir de un catastro de buenas prácticas para exhibirlas a nuestros ciudadanos como prueba de su capacidad para generar desarrollo.

Pero la defensa del liberalismo y la comprobación de que en el subconsciente colectivo hay un germen creciente de ese ímpetu por hacer prevalecer derechos individuales, diversidad de modos de vida y economía de mercado, no es lo mismo ni implica necesariamente, la construcción política de una verdadera opción liberal. Esta solamente puede lograrse mediante una docencia ciudadana que abarque tanto un frente académico como el frente de la política activa. Y es aquí donde la desidia, por un lado, y el facilismo de pretender consolidar un discurso “químicamente puro”, por el otro, conspiran contra esta construcción.

Nos ha distraído la actitud de fomentar las divisiones y no consolidar las coincidencias. Dividir a los liberales entre “auténticos” y “no auténticos” es un ejercicio bizantino, arrogante y torpe. Nos hemos vuelto desconfiados entre nosotros, arrogantes y soberbios. Habremos crecido en capital humano, pero no hemos construido capital social dentro de las comunidades liberales de nuestros países. Parafraseando al Presidente colombiano Alvaro Uribe, hemos dejado que se nos aplique el cinismo socialista para extremar nuestras posiciones y generar divisionismo donde debería reinar la convergencia en la diversidad. La diversidad coordinada que construye proyectos políticos, no la anarquía que explota las diferencias sólo para generar el caos y facilitar la derrota.

El rezago del posicionamiento del liberalismo en América Latina no está en el terreno de la práctica, sino en el de la teoría, que nos entretiene en las sesudas reuniones de hoteles lujosos o de charlas de café, pero que son absolutamente irrelevantes para el votante común de cualquiera de nuestros países. Así tenemos la paradoja que la gente puede pensar como nosotros pero no quiere que se les identifique con nosotros. Nos hemos convertido en marginales, mientras que la convocatoria política, imprescindible para la construcción de partidos políticos liberales potentes – i.e. que ganen elecciones – requiere que seamos convincentes, con capacidad de atractivo de amplias masas de votantes y así, salgamos del ghetto.

De hecho, algunos liberales han hecho un flaco favor a la doctrina con una defensa de utopías de libro de texto antiguo, consintiendo el avance del socialismo en los gobiernos y en las mentes de los latinoamericanos. Ensimismados en pretendidos purismos ideológicos, relegaron la construcción política para privilegiar sus proyectos de crecimiento personal en el terreno académico que les brindaba los blindajes para escribir y decir, pero nunca para actuar en el terreno del mundo real de las políticas públicas.

Revisados los factores posibles del fracaso del liberalismo latinoamericano, a nivel de configuración de alternativas electorales, es claro que existen vetas de desarrollo ideológico por trabajar y camino por recorrer. Esto implica fortalecer la doctrina y enriquecerla con la adecuación a nuestras realidades. Además, consolidar el mensaje fundamental y hacer docencia de él, no sólo en el trabajo “hormiga” de difusión del liberalismo, sino institucionalmente a través de escuelas populares de gobernabilidad liberal, que permitan formar cuadros de recambio generacional, fortalecer los actuales en formación, construir un espacio de diálogo doctrinal y generar un know how ideológico capaz de sintonizarse con la evolución de nuestros procesos socio-económicos y culturales particulares.

Cumplir este propósito es vital para una auténtica construcción política, pues careciendo de la vocación de docencia política institucional, se carece también de auténticos políticos. Esto marca la diferencia entre los políticos de trascendencia y los oportunistas que sólo se cuelgan de cualquier pista doctrinal, aunque no la conozcan a cabalidad, para tentar un lugar en la burocracia del poder sin otro propósito que el del beneficio personal, apetitos de egocentrismo o de intereses de clan. Los políticos son el elemento final del proceso de consolidación de las opciones políticas y por tanto su importancia es crucial para el éxito del posicionamiento de la doctrina, pues con políticos liberales corruptos o ineptos, la imagen del liberalismo latinoamericano será corrupta e inepta también.

Soy de la opinión que la consistencia del mensaje liberal tiene que fundamentarse en una propuesta que atraviese todo el espectro del desarrollo humano y que trascienda, por tanto, la visión economicista. A tal efecto, es importante consolidar una propuesta que contemple el desarrollo de las libertades en su más amplio sentido, dejando en claro que el individuo esté por encima de cualquier estructura de poder que limite su libertad, sea estatal o privada. Una propuesta que el individuo pueda comprender que va a comprometerse con su bienestar y el de los suyos, sin otro tipo de componendas con intereses que riñen con el bien común. Y además, una propuesta que atraviese transversalmente el tejido social nacional, para que más peruanos la hagan suya. Hay que construirnos un liberalismo al que hay que teñir de cobrizo y que debemos hacer brotar de los Andes, de las selvas y de los arenales. He ahí el reto.

Una propuesta liberal que recoja los principios originarios que animó a los fundadores del liberalismo y a sus más preclaros propulsores, debidamente calibrada y adecuada a la realidad de nuestros países, pero fundamentalmente generadora de desarrollo, es la única que tendrá posibilidad política de amalgamar voluntades y lograr que nuestros ciudadanos la acepten. Y por supuesto, convocando la mayor cantidad de esfuerzos posibles, sin excesivas líneas de separación ni “liberales de primera” ni “liberales de segunda”.

Pienso entonces que, en un esfuerzo por integrar los principios de los fundadores del siglo XVIII, pasando por los nuevos aportes de sus sucesores como los de la denominada escuela austriaca y otros, así como de los manifiestos, declaraciones y proclamas de la Internacional Liberal, sin exclusiones porque aquí no sobra nadie, la propuesta liberal tiene que aterrizar a proposiciones concretas que impacten en el desarrollo de los ciudadanos de nuestros países, de la manera más extensiva posible. Este aterrizaje es imprescindible para calibrar la doctrina a nuestras realidades y trasuntar hacia un mensaje digerible, viable, creíble y realizable en líneas concretas de acción que empiecen por ser asumidos por la RELIAL, y a partir de ella, ser asimilados por los partidos liberales que se puedan formar.

Asimismo, hago un paréntesis y me tomo la libertad de proponer, con la mayor humildad y desde la posición de un simple ciudadano, que las instituciones peruanas que asisten a este importante congreso de la RELIAL, demos una muestra concreta de capacidad de encontrar puentes de entendimiento y suscribamos una declaración de intención de re-fundar, en el más breve plazo y ya en territorio peruano, como corresponde, el proyecto que de una u otra forma, los presentes aquí y otros, impulsamos en su momento en la presente década. Vale decir, el Partido Liberal del Perú, sobre las bases de un ideario que, para no entrar en aguas turbulentas exploradas pero no cartografiadas, se inspiren en los lineamientos que se acuerden para la RELIAL en este evento. A partir de este esfuerzo, si se persiste en continuar a un nivel superior, podremos convocar a otros liberales a unirse a este proyecto en los próximos meses, esperando que figuras prominentes del liberalismo peruano se sumen a este proyecto para coadyuvarlo o para liderarlo, sobre las bases ideológicas y programáticas que se establezcan en esta declaración de intención. Teniendo en cuenta que es claro que el Perú será escenario de una lucha sin cuartel contra el avance del chavismo socialista en las elecciones regionales y municipales de 2010 y en las presidenciales de 2011, resulta particularmente importante trabajar rápidamente en la acción política desde el presente 2008.

Me permito, del mismo modo, una licencia para expresar que me gustaría que la Declaración de Rosario pudiera incluir una posición expresa acerca de los siguientes temas:

  • Apoyo al pueblo y al gobierno colombiano en su lucha contra los terroristas de las FARC y contra los gobiernos totalitarios socialistas que interfieren en la política colombiana y apoyan a estos grupos en América Latina.
  • Rechazo a la intromisión y provocación del gobierno venezolano en el Perú a través de las denominadas “Casas del ALBA” que son centros de adoctrinamiento y de descarada penetración ideológica chavista.
  • Solidaridad con la lucha del pueblo cruceño para obtener su autonomía en el manejo de sus recursos y en respuesta al autoritarismo del gobierno boliviano.
  • Rechazo a la intromisión y violación de los derechos humanos en que está incurriendo el gobierno chino con la población del Tibet.

Volviendo a la esfera latinoamericana, el desafío nos obliga a trabajar ahora, sin prisa pero sin pausa, sin exclusiones y con el convencimiento firme de que sólo esto es probable siempre que aprendamos a tender puentes de entendimiento y desterremos esa idea de que sólo unos pocos son “propietarios” de la doctrina o depositarios del “santo grial” del verdadero liberalismo. Si hay que marcar la diferencia, el estilo también es importante. Y ese estilo tendrá que ser firme pero, a la vez, conciliador e inclusivo. Después de todo, la política es arte de lo posible, lenguaje de los gestos, ciencia del equilibrio de la convivencia social.

Estamos asistiendo a una crisis política profunda en América Latina que se está expresando con fiereza en Bolivia y Venezuela, y un poco menos explosiva, pero siempre potencialmente incendiaria, en Ecuador y Colombia. El Perú no está al margen y ya vimos lo está pasando en países como Argentina, Brasil, Chile e inclusive Uruguay, en donde no existen rechazos categóricos ni deslindes notorios con el chavismo rampante e invasor. La gente pobre es empujada, en su desesperación y en su desesperanza, hacia liderazgos que reviven, insólita y peligrosamente, esperpentos políticos causantes de la actual crisis latinoamericana. No hay más tiempo para continuar con trayectorias erráticas, ni para trazar divisiones irrelevantes ni para hipotecarnos al pasado, sino que se impone comprar futuro.

Aun los enfrentamientos que hemos sostenido entre nosotros y las diferencias que podamos conservar hasta ahora, nos han servido para librar esta lucha. Con perspectiva, debemos verlos como la preparación necesaria para haber afilado las lanzas y poder confrontar al verdadero enemigo. No sobra nadie. Y nadie, por tanto, debe ser sujeto de exclusión ni ha de sentirse excluido. Estamos ante una nueva oportunidad, esta vez, de hacer la diferencia y convertir un interesante encuentro de intercambio académico en una extraordinaria línea de partida para la consolidación de redes de cooperación, puentes de entendimiento y sinergias institucionales. Nosotros podemos decidirlo. Podemos decidir estar a la altura del desafío y situarnos inclusive, por encima de nuestros propios desacuerdos y nuestros propios individualismos mal entendidos. O decidir continuar siendo conservadores de nuestra anomia y levedad en el escenario político latinoamericano de esta hora. Repito que nosotros podemos decidirlo.

Constituye entonces un deber de los liberales latinoamericanos de esta generación consolidar propuestas viables que trasunten la academia y entren a la lucha política concreta, que amalgamen a voluntades diversas y construyan puentes de entendimiento entre los mismos liberales y con aquellos que, aun sin compartir la doctrina, sí pueden trabajar en conjunto sobre bases programáticas serias. Sin soberbias y con mucha capacidad de empatía para construir plataformas que nos permitan ganar elecciones democráticas y enfilar a América Latina sobre un horizonte de quince años con una visión libre y compartida, cuando nuestros países conmemoren el bicentenario de la independencia latinoamericana, conquista liberal por cierto, y que nos marcó como lo que somos hoy.

Cumplamos el deber de mantener el ideal de los fundadores de nuestras repúblicas que nos dejaron en el siglo XIX y asumamos la responsabilidad histórica de la construcción nueva del liberalismo latinoamericano del siglo XXI, precisamente para poder conservarlas como repúblicas viables.


Siempre liberales,

Eugenio D'Medina Lora